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viernes, 12 de agosto de 2022

En el olvido: Antiguas Casas Consitoriales de Jaén

A lo largo de su extensa historia la capital del Santo Reino ha disfrutado de diversas casas consistoriales desde donde se controlaba la vida política y social de la ciudad. Una de ellas, anterior a la actual, se situaba en el costado sur de la Plaza de Santa María, ocupando parte de lo que hoy es calzada, entre la calle Príncipe Alfonso, junto a la Torre de Alcotón, que solía utilizarse como prisión para los caballeros veinticuatro, y el desaparecido Palacio de Montemar.


El edificio se levantó en tiempos del emperador Carlos V, pero las necesidades constructivas de la Catedral fueron recortando el edificio, que perdió en 1555 y 1590 buena parte de su fachada. Dos siglos más tarde, allá por 1758, fue preciso hacerle una reforma a fondo, aprovechando la supresión del Postigo de las Cadenas para ampliarlo por esa zona.

LA fachada fue respetada pero se aumentó su función de fachada-mirador. La planta baja se abría con un acceso que daba al zaguán. A su izquierda había dos puertas que daban paso a las oficinas de los escribanos. Bajo unos ventanales que daban luz al interior se crearon otras dos puertas simuladas. La planta principal estaba compuesta por una galería que daba acceso a un balcón a través de dos puertas de media hoja en los extremos de la misma. En el sótano se diseñó un ropero y un espacio conocido como La Nevera.

Aun en el interior se siguieron creando otras dependencias como los oficios de escribanía, la sala capitular para celebrar sesiones de verano, la dependencia de Contaduría y una vivienda para el portero o el conserje del edificio. La planta noble contaba con una gran sala capitular para las reuniones del Ayuntamiento y su oratorio, y en la segunda planta se contaba con dos habitaciones destinadas a almacenar armería.

En 1837 se empezó a modificar las viejas Casas Consistoriales y en 1862 se volvió a remodelar su fachada con motivo de la visita de Isabel II a la ciudad. Años más tarde, el Ayuntamiento pasó al Palacio de Montemar, procediéndose al derribo total del edificio, ganando la plaza espacio y un alineamiento más regular.

viernes, 15 de julio de 2022

En el olvido: Puerta de Martos

Caminando por la actual calle Baja de la Magdalena actualmente podríamos seguir disfrutando de la Puerta de Martos si esta se hubiera mantenido en pie. Era la primera puerta con la que se topaba la muralla cuando esta bajaba del Castillo de Santa Catalina. La defendía unos torreones que fueron rebajados en 1705 cuando ya no cumplía ese papel defensivo que la caracterizaba.

Desde allí el camino buscaba los ejidos de Santa Isabel y la Coronada Vieja, desde donde partían los senderos hacia Andújar y Martos. La muralla entonces hacía un quiebro y se dirigía a la también desaparecida Puerta del Aceituno.

Su aspecto descubría su origen musulmán aunque las piedras de su basamento fueran romanas. Como anécdota histórica se puede decir que por ella entró un día de mayo de 1525 Carlos V para visitar Jaén.

La elevación de sus muros, su visión sobre la vega y la campiña y una serie de arcos estrechos y muy altos formaban un punto defensivo que la hacía inexpugnable. Jugó un papel fundamental en la Guerra de la Independencia y más tarde en el conflicto bélico entre los carlistas y las tropas del General Riego, en 1823. Esta última guerra la volvió a poner en servicio, rehabilitándose su fortificación.

A mediados del siglo XIX algunos vecinos la tomaron con la puerta, alegando que era muy estrecha y que impedía el tránsito de los carruajes, y el Ayuntamiento, en 1865, acordó su demolición. Esta se hizo a medias, ya que durante muchos años se han mantenido en ese lugar las piedras de sus muros. De la puerta solo queda el espacio angosto del terreno provocada por esa entrada.

viernes, 24 de junio de 2022

En el olvido: Las Carnicerías

En la Plaza de San Francisco, esquina con la calle Campanas, se encontraba el edificio de Las Carnicerías. Esta fábrica pública estaba ligada desde época medieval al municipio por el tráfico y comercialización de productos que en el interior se realizaban. Las administraciones públicas se encargaban de su control higiénico sanitario e intervención fiscal y regulaba las ordenanzas sobre la venta y distribución de carnes.

Para facilitar la intervención municipal se hizo necesario dotar a la ciudad de un edificio público destinado a esos fines. Ya en el siglo XV don Miguel Lucas de Iranzo ordenó la construcción de unas carnicerías a la salida de la Puerta de Santa María sobre otro edificio más antiguo que allí existió. Más tarde este mismo enclave fue a parar a manos del Cabildo Catedral, que lo vendió al Ayuntamiento en junio de 1545. Fue entonces cuando el Cabildo Municipal decidió mejorarlas encargando a Francisco del Castillo la construcción de un nuevo inmueble.

El edificio gozaba de cierta monumentalidad que evidenciaba el poder municipal y cumplía con la funcionalidad de venta pública de carnes. Este estaba organizado en torno a un patio cuadrangular que daba origen a cuatro naves cubiertas en sus costados, donde se situaban los tajones de la carne. Cada una se abría al patio a través de tres arcos apoyados en columnas alzadas sobre basamentos prismáticos, columnas que decoraban sus capiteles con relieves de las cabezas de animales cuyas carnes se comerciaban en el edificio.

Las naves y el patio estaban empedradas y disponían de canadillos y sumideros que facilitaban la diaria limpieza. La entrada se hacía por una portada monumental. Años más tarde, en el extremo cercano a la calle de los Álamos, se le adosó al edificio otro local dedicado al tráfico de granos. En la segunda mitad del siglo XVIII, se hicieron algunas mejoras a las Carnicerías. En ella se levantó ante su fachada un sobrio soportal con halconcillos flanqueados por escudos de la ciudad y del Rey.

En el siglo XIX se arrendó la galería superior para abrir allí el Café de Navarro. Bajo los soportales, las habitaciones anexas fueron casa de socorro, cuartelillo para el retén de bomberos, gabinete de desinfección… hasta que en 1928 las Carnicerías se demolieron. Parte del solar sirvió para ampliar la plaza, y sobre el resto se levantó el antiguo edificio de Correos y Telégrafos.

viernes, 27 de mayo de 2022

En el olvido: Ermita de San Felix el Cantalicio

En el espacio comprendido entre las huertas del Recinto y la Alcantarilla y la Fuente de Don Diego se alzaba la ermita de San Félix de Cantalicio. Este espacio abierto al culto era una fundación benéfica abierta el 25 de mayo de 1718 que disponía de un templo y más tarde de una de las primeras escuelas de niñas de la ciudad.


En el siglo XIX el colegio pasó a depender del Ayuntamiento, que destinó el espacio a hospital de coléricos y contagiosos en épocas de epidemias. El pequeño templo quedó afecto a la parroquia del Sagrario, que lo utilizó como iglesia auxiliar, cayendo de este modo en decadencia.

Durante muchos años, la vieja ermita fue el referente obligado de una plazuela llena de encanto y personalidad. Allí nacieron la fiesta y procesión de San Félix, a quienes los hortelanos de la Huerta Baja adornaban con las primeras cerezas del año, o la romería del Cristo del Arroz, cuya cofradía se fundó en la sacristía de esta ermita.

En 1963 se creó en ella las primeras casas giennenses de las Hermanas Nazarenas, y el 8 de septiembre de 1970 el obispo Félix Romero Mengíbar erigió entre sus muros la parroquia de San Eufrasio. Esta dedicación pastoral obligó en 1974 a demoler la vieja ermita para levantar sobre su solar la nueva parroquia de San Eufrasio, una nueva fábrica con la que se heredaría muchos de sus elementos arquitectónicos y artísticos.

viernes, 15 de abril de 2022

En el olvido: Cuartel de San Rafael

Allá por el siglo XVIII el ejército español organizó nuevos criterios logísticos y estratégicos de cara a consolidar las fuerzas armadas de nuestro país. Es por ello que los cuarteles quedaron como meras fuerzas de guarnición y como creación de unidades de defensa operativa del territorio.

La ciudad de Jaén no fue nunca un lugar con pretensiones de plaza fuerte a pesar del lugar estratégico en el que se encuentra la capital del Santo Reino. La mayor parte de las unidades llegaban a Jaén de forma provisional y efímera. Cuando a la capital llegaba un Regimiento siempre se echaba mano de algún edificio amplio para instalar en él la planta mayor y la tropa se distribuía entre las casas de los vecinos.

A mediados del siglo XVIII tomó cuerpo la idea de construir un cuartel. Es por ello que en 1744 se comenzó a edificar el Cuartel de San Rafael, un edificio destinado en principio a la Brigada de Carabineros Reales. Se deseaba un solo inmueble de tres plantas en torno a un patio central y con cuadras para doscientos caballos.

De las obras se encargó Alonso de Lamas y Palma, ilustre arquitecto de la época, y para su emplazamiento se escogió la Plaza del Mercado, en concreto un solar lindero con la Casa de Comedias. La construcción no fue un camino de rosas precisamente, y es por eso que hubo que modificar el diseño original, rebajando una planta el edificio y suprimiendo algunas dependencias. En 1753 se concluyeron las obras con su zaguán, su amplio cuerpo de guardia, sus buenas caballerizas, sus pajares… y un patio cuartelero alegrado con una fuente de piedra.

El Cuartel de San Rafael cumplió su misión hasta el siglo XIX. En 1844, el Ayuntamiento le quiso sacar partido suprimiéndole una cuadra y un picadero, construyendo allí una nueva alhóndiga. Aún siguió utilizándose hasta que en 1894 los últimos soldados lo abandonaron. Ya en pleno siglo XX, el cuartel y los edificios aledaños fueron comprados por una sociedad particular, levantándose allí el perdido Teatro Cervantes.

viernes, 25 de febrero de 2022

En el olvido: Convento de la Concepción

En 1576, en la acera izquierda de la calle Muñoz Garnica, se abría el Convento de la Concepción de las M. M. Dominicas. Previamente, a influjos del obispo Diego de los Cobos, en 1562 se había fundado en nuestra ciudad un convento de religiosas dominicas bajo advocación de la Concepción de Nuestra Señora frente al convento dominico de Santa Catalina Mártir. Debido a la fuerte competencia con este último, las monjas se vieron obligadas a mudarse a unas casas principales que don Pedro Berrio tenía en la calle Ancha del Arrabal, en prolongación con la parte trasera a la calle de Hurtado, donde se estableció definitivamente.


Su iglesia, de una sola nave, era sencilla y cubierta con artesonado de madera que se prolongaba sobre el coro alto. En el siglo XVIII, gracias a la Condesa de Humanes, se le hicieron una serie de reformas al templo dotándolo de una portada de piedra con arco de medio punto coronado por una hornacina con la imagen de la Inmaculada.

La clausura era amplia y disponía de un bello patio porticado, en cuyo centro había una fuente de piedra centrada por un pedestal decorado por cuatro mascarones y un león de bronce que arrojaba el agua por la boca. Las hermanas dominicas tenían una entrada independiente hacia la iglesia y por su construcción recordaba ser la noble morada de la familia Berrio.

A finales del siglo XIX y a impulsos de los Marqueses de Villalta se abrió en el costado de la iglesia una capilla a imitación de la gruta de Lourdes, donde en torno a 1914 se fundó una devota congregación.

En 1965 el convento no se encontraba en una situación económica óptima y se planeó venderlo para abrir una nueva casa más tranquila y recatada. Rápidamente se demolió y se dispensaron sus restos. En parte del solar se decidió levantar una nueva iglesia para acoger la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, El Abuelo, pero todo quedó en proyecto y pasó a ser un garaje más.

viernes, 7 de enero de 2022

En el olvido: Casa de las Cuatro Torres

Frente a la Plaza del Mercado, anexo al barrio de San Ildefonso, se levantó la Casa de las Cuatro Torres, un palacio nobiliario que remataba sus esquinas con cuatro torres-mirador. El inmueble formó parte de un extenso complejo inmobiliario, del que era dueño y señor el Conde de Torralba, compuesto por otras ocho casas accesorias que llegaban al arroyo de aguas sucias de la calle Bernabé Soriano.


La casa se componía de zaguán, tres caballerizas, tres patios, una fuente principal, una cantina, jardín, tres salas principales, ocho cuartos dormitorios, dos cocinas, una galería y cuatro cámaras con sus torres. La casa siempre estuvo arrendada y en mano de administradores, por lo que el Conde de Torralba y su familia jamás residió allí.

En 1808 la vivienda fue incautada y sirvió de cuartel a la Milicia Cívica española. En otras ocasiones se utilizaron como lazareto para enfermos coléricos y luego se transformó en posada de la que salían algunos coches de los pueblos y en la que entraban y salían los corsarios, los tratantes y los labradores con posibles. Así era el llamado Parador Nuevo.

En 1961 se demolió junto a las casas accesorias para conseguir una nueva alineación de la plaza y en su excavación apareció una cabeza romana y un ara con roída epigráfica.


viernes, 1 de octubre de 2021

En el olvido: Casa de Comedias

En la Plaza del Mercado, frente al Palacio de los Vilches, a mediados del siglo XVII, se construyó por orden del Ayuntamiento de Jaén la Casa de Comedias. Para su fachada se reutilizaron elementos arquitectónicos procedentes de la vieja Alhóndiga Zaida, establecida en la Plaza de las Herrerías. En esa fachada se grabó una inscripción que decía lo siguiente: REINANDO EN ESPAÑA/ JAEN MANDO/ SIENDO SU CORREGIDOR/ LOBATON, CABALLERO. Año-1674.

Su entrada estaba flanqueada por dos grandes rejas y, en el segundo piso, se diseñaron cinco blasones, el central coronado con el escudo de armas reales de España. En la parte más alta se construyó una galería de doce arquitos de medio punto.

Tras su gran puerta se accedía al corral de comedias. En el piso bajo había catorce aposentos, mientras que en la segunda planta se contaba con varios aposentos separados por columnas de madera acompañados de un barandal de madera. Centrando este espacio se encontraba el Palco de la Señoría, y ya en la última planta, el espacio era delimitado igual que en el segundo piso.

Tras unos años de intensa utilización empezaron a surgir problemas. La autoridad eclesiástica lo veía como un antro de perversión e inmoralidad y con frecuencia conseguía su cierre. Por eso el Ayuntamiento empezó a utilizarla también como alhóndiga. Es por ello que en 1780 la Casa de Comedias se vio obligada a cerrar definitivamente. El Ayuntamiento, temiendo los castigos divinos, hizo el voto solemne de no permitir jamás que en Jaén volvieran a representarse comedias.

En 1786, el edificio se cedió a la Real Sociedad Económica de Amigos del País, que estableció unos talleres para recoger mendigos y gentes pobres de solemnidad. Durante la Guerra de la Independencia, sirvió de cuartel a la compañía de Infantería de Cazadores de Jaén y algunos destacamentos de Dragones y de Guías de la Prefectura. Luego volvió al poder de la Sociedad Económica que abrió allí sus escuelas.

El Ayuntamiento quiso recuperar el inmueble para que volviera a cumplir su cometido inicial. Sin embargo la Sociedad Económica continuó utilizando los locales para sus viviendas culturales y docentes. En 1918, el edificio fue destruido para levantar sobre el mismo el nuevo edificio de la Económica.

viernes, 13 de agosto de 2021

En el olvido: Teatro de la Audiencia

La capital del Santo Reino ha podido presumir, a lo largo de los años, del enorme apoyo que siempre le ha dado a la cultura y, en especial, al teatro, con la construcción de casas de comedias o algún que otro teatro a lo largo de su historia. Siempre existirá en la memoria el desaparecido Teatro Cervantes, pero también hubo otros que también dejaron huella en la vida diaria de muchos jiennenses.


Ocupando casi el mismo lugar donde actualmente se levanta el Teatro Darymelia existió, durante el siglo XIX, el teatro denominado de la Audiencia. Nació en las primeras décadas de ese siglo por la necesidad de contar en la capital con un local adecuado para las representaciones de comedias. El promotor de la idea fue don Pedro José Moreno, que compró el llamado Corral Yermo y un solar colindante.

El 11 de abril de 1830, en plena Pascua de Resurrección, la Compañía de Verso, Música y Baile de Antonio Ferrer y Vicente Hernández, inauguraba el Nuevo Teatro, un nombre que fue obligado a ser cambiado por el de la Audiencia por aclamación popular. No era un gran espacio, más bien era pobre, angosto e incómodo. Al ser un edificio construido con madera y ornamentación de escayola pintada, a finales de siglo el terreno se convirtió en un peligro social.

La gota que colmó el vaso para su cierre fue el asesinato de su conserje en una noche tenebrosa de las que aún existen en la capital del Santo Reino.

En aquella época se pensó en rehabilitarlo, cambiando el nombre por el de Teatro Moratín, pero se optó por construir un nuevo teatro de nueva planta, más amplio y lujoso en la confluencia entre la actual Plaza de la Constitución y la calle Bernabé Soriano, el posteriormente conocido como Teatro Cervantes.

En 1927, el arquitecto Justino Flores Llamas decidió aprovechar el local para levantar un nuevo teatro-cine llamado Darymelia, en honor a sus hijas Daría y Amelia. Del antiguo Teatro de la Audiencia no queda nada. Hoy en día, tras una remodelación en los años 90 del siglo pasado gracias a la Junta de Andalucía, aun se puede disfrutar de un coqueto teatro municipal, quedando este en segundo plano tras la construcción del Nuevo Teatro Infanta Leonor.

viernes, 16 de julio de 2021

En el olvido: Palacio Montemar

La Casa de Montemar fue un edificio construido en plena Plaza de Santa María, propiedad de los Ponce de León, en el terreno donde actualmente se encuentra edificado el palacio municipal. Algunos historiadores sitúan la fecha de su fábrica entre 1528 y 1538 a impulsos de doña Isabel de Mendoza, esposa de don Pedro Ponce de León.


Por alianzas matrimoniales la Casa de Montemar pasó a manos de don Antonio María Ponce de León Dávila y Corellá. Durante la Guerra de la Independencia este edificio fue ocupado por la presidencia de la Junta Provincial de Defensa del Reino de Jaén, donde se instaló unas oficinas y unas secretarías. De ahí vino la denominación de Palacio de Montemar, por su ocupación militar.

El de Montemar fue un ducado creado en 1735 y su hogar lindaba con las antiguas Casas Capitulares y con la calle conocida actualmente como la del Obispo.

A la casa se accedía por una escalinata amplia. En su portada se diseñaron cuatro grandes rejas que daban luz a los salones de su planta baja. En la parte media existieron varios balcones y una tribuna que el pueblo bautizó como El Balcón de Pilatos porque allí se iniciaba la I Estación de los Vía-Crucis populares que instituyó Fray Diego José de Cádiz cuando misionó Jaén en 1780. Bajo esta tribuna había una fuente en forma de concha que refrescaba el lugar. En la parte alta construyeron huecos para dos pajares y una torrecilla-mirador que se continuaba a través de una galería.

Las dependencias interiores se centraban en un patio porticado engalanado con otra fuente. Disponía de cuatro salones principales, catorce alcobas-dormitorios, un corredor en cuadro sobre el patio, dos cocinas, cinco dormitorios de verano, tres caballerizas, dos huertos, dos bodegas y un corral. Además, se construyó una casa accesoria para el servicio.

Todos los detalles decorativos estaban labrados en piedra. La mayor parte de ellos estaban dotados de un gran artesonado. Más de una vez el edificio fue arrendado. Cuando los franceses invadieron Jaén, el Duque de Montemar se marchó, y con la huida de estos, apenas quiso regresar a la ciudad. En sus bajos hubo oficinas y negocios desde entonces. Luego se alquiló a la administración local cuando las Casas Capitulares empezaron a ser viejas y pequeñas.

Ya en la época de la Restauración, los Duques de Sessa la vendieron en una subasta en Madrid en 1878. El Ayuntamiento acudió a la puja y consiguió comprar los terrenos. Desde entonces, el Palacio de Montemar fue sede oficial del Ayuntamiento de Jaén. Este fue demolido y sus elementos artísticos se desmontaron y se guardaron en el Pósito a la espera de poder incluirse en el nuevo proyecto, pero en 1916 estas piezas desaparecieron.

viernes, 9 de julio de 2021

El Casino de Artesanos de Jaén

En la segunda mitad del siglo XIX la población de nuestra ciudad se encontraba bien definida en diferentes estamentos. Por un lado estaban los señoritos, aquellos que poseían los escasos títulos nobiliarios que residían en la capital. Por otro lado estaban los rentistas o propietarios, es decir, el conjunto de la burguesía jiennense. También se encontraban los artesanos, formado por miembros de la clase media y, por último, los pobres, el grupo más mayoritario que vivían con miserables sueldos aun trabajando incesantes horas.

En 1841 se funda, en la calle Hurtado, en la famosa Casa de los Domedeles, el primer casino abierto de la capital del Santo Reino. Sin embargo, son un grupo de artesanos finos con inquietudes sociales y políticas, que acostumbran a reunirse en sus talleres y trastiendas en animadas tertulias, los que entienden que hay que crear entidades o asociaciones similares a los casinos, pero en las que el ocio sea tan sólo una motivación para aglutinar otros proyectos socio-educativos.

De este modo se funda la Sociedad Caja de Socorros, Ilustración y Recreo, más conocida como Casino de Artesanos, un espacio de entretenimiento y de asistencia social. En la calle Obispo Arquellada número 2 es donde se abre este lugar de ocio en el año 1857 con cincuenta socios bajo la denominación Círculo Industrial y Caja de Ahorros.

Un año después, esta sociedad se reorganizó bajo el nombre de Sociedad de Socorros Mutuos y Círculo de Recreo de Jaén. Fue en ese año cuando se redacta un reglamento en el que se fijan los fines de la institución, que eran recreativos y asistenciales. Finalmente, la fundación acabó cerrando tiempo después por discrepancias políticas y también por la dificultad de muchos de sus socios a responder al pago de la cuota obligatoria.

En los años setenta del siglo XIX, de la mano de don Marino Ximénez de la Linde, se refunda de nuevo la asociación con la ayuda inestimable de un grupo de artesanos, bautizando a esta como Sociedad Caja de Socorros, Ilustración y Recreo, Casino de Artesanos. Al quedarse pequeño la sede anteriormente citada por el aumento de socios, la junta directiva decidió buscar una nueva ubicación donde realizar sus actividades.

En 1877, autorizada por el Gobierno Civil, se reformaron los reglamentos para definir los nuevos fines que buscaba cumplir la institución, como era socorrer a los socios en caso de enfermedad, promover en los asociados un mayor grado de ilustración y cultura creando una biblioteca, cátedras de extensión culturales, etc… y mantener un local que sirviera de punto de encuentro y reunión de sus socios. Hasta quince años más tarde, en 1892, bajo la dirección de don José del Prado y Palacio, no se realizaron modificaciones sustanciales en sus estatutos, reiterando en el mismo su libre independencia ideológica de la que disfrutaba.

El Casino de Artesanos buscó cumplir con una de sus aspiraciones históricas, conseguir una sede definitiva. Desde su fundación ha ocupado innumerables salas tales como las que existieron en la desaparecida Plaza del Mercado, tanto en la esquina de la calle de San Clemente como en el antiguo edificio de la Pescadería, en la calle Cerón, en la desaparecida Casa de los Corregidores en la calle Martínez Molina y de nuevo en la calle Cerón, en el actual Palacio de Asuntos Sociales, convirtiéndose esta en su sede definitiva.

Con la llegada de los años treinta, la prestigiosa asociación entró en una complicada situación por las personas de diferentes ideales que la confluían. Durante la guerra civil, el casino estuvo incautado e intervenido y, a su finalización, la autoridad militar lo destinó a casino de suboficiales de la guarnición. Ésta intentó limpiar su imagen cediendo algunas de sus dependencias a asociaciones tales como el Club de Ajedrez o la sociedad deportiva Olímpica Giennense.

En los años setenta del siglo pasado la decadencia de la fundación era inevitable. Poco a poco el número de socios fueron disminuyendo. Los nuevos tiempos provocaron que el casino perdiera atractivo. Se intentó salvar al mismo con la instalación de una sala de bingo, pero esta decisión acabó arruinando a la institución. Ante la impotencia de su junta directiva, en 1982 se crea una comisión gestora que solvente a la asociación, como así sucedió, aunque este último movimiento no consiguió parar su cese de actividad cuatros años más tarde.

En 1996, el gobierno municipal derechista del Partido Popular adquiere el edificio, acomete una serie de reformas y, con estos movimientos, consigue instalar en el inmueble la sede del Patronato Municipal de Asuntos Sociales, vigente en la actualidad.

viernes, 25 de junio de 2021

En el olvido: La Alhóndiga

La Alhóndiga fue un local público destinado al almacenamiento y compra-venta de trigo, granos y mercancías similares. En Jaén existió la Alhóndiga Zaida, en las proximidades de las casas del Cabildo. Esta estuvo abierta en los primeros años del siglo XVI. Dos siglos más tarde hubo otra junto a las Carnicerías de la Plaza de San Francisco e incluso se usó el edificio de la Casa de Comedias para esta misma función.


En el siglo XIX el Ayuntamiento quiso potenciar la institución dotándola de un edificio digno y adecuado a sus fines específicos. Este se levantó en la Plaza del Mercado, formando esquina con la subida a La Carrera. Para ello se demolió la cuadra y un picadero del vecino Cuartel de San Rafael. Las dependencias se distribuían en dos plantas, en la planta baja se permitía el tránsito de carros y caballerías y sobre ella se alzaba la planta de oficinas.

La entrada principal quedaba enmarcada con airosas columnas que soportaban un dintel. Los huecos se coronaban en la planta baja con rejones semicirculares, mientras las dependencias altas recibían luz desde amplios ventanales. En una de las esquinas de la zona baja la fachada conservaba la antigua cantería del cuartel.

En 1845 empezó a prestar sus servicios. Por aquel entonces el tráfico de granos se había devaluado y los labradores y ganaderos habían evolucionado a mejor sus usos comerciales. El edificio cayó en desuso a finales del siglo XIX. Con frecuencia el Ayuntamiento aprovechó el local para alojamiento de tropas, almacén de enseres y utillaje, sede de bomberos, músicos, guardias municipales…

En 1894 la Hacienda Pública sacó el edificio a subasta después de un embargo. A comienzos del siglo XX la Alhóndiga se demolió y sobre su solar se alzó el desaparecido también Teatro Cervantes.

viernes, 28 de mayo de 2021

En el olvido: Edificio El Pósito

Al frente de la actual Plaza del Pósito, entre las calles Pescadería y Cronista Cazabán, se mantuvo en pie durante muchos años un antiguo edificio conocido como El Pósito. La construcción del mismo se debió a una donación que realizó el Conde de Ureña en 1474 para limpiar sus pecados. Gracias a esto las casas consistoriales se hicieron cargo de un hermoso espacio que daba a la antigua Plaza del Mercado.


No fue hasta 1547 cuando se inició su edificación. El interior se distribuía en tres plantas más desván. Las plantas se comunicaban por rampas, para facilitar el acceso a las caballerizas. El sótano disponía de almacenaje de aceite y el piso bajo era un zaguán. El inmueble era sólido y de trabajada cantería y su portada se abría en arco de medio punto.

En el siglo XIX corrieron nuevos tiempos y el edificio El Pósito decayó en su función principal. El Ayuntamiento lo empleó de cuartel, de prisión, de almacén, de casa de socorro, parque de bomberos, cuartelillo de la Guardia Civil, academia de la Banda Municipal…

En 1916 se pensó en rehabilitar el edificio y en convertirlo en Casa de Correos pero un año después se optó por venderlo a un particular. En 1919 se decidió desmontar su portada y utilizarla como acceso principal del nuevo Museo Provincial, condenando el espacio a su desaparición, cuya destrucción sirvió para hacer viviendas.

viernes, 16 de abril de 2021

En el olvido: Convento de San Agustín

En la Plaza de los Jardinillos, en el espacio actual comprendido por el edificio de Correos y telégrafos y buena parte de la calle Doctor Eduardo Arroyo, se mantuvo en pie durante siglos el desaparecido Convento de San Agustín. Esta casa religiosa fue fundada el 9 de agosto de 1585 los P. P. Agustinos de un modo muy poco legal, apoyándose en el deseo de la ciudad por contar con una universidad. Su fundación se gestó en silencio en connivencia con el Ayuntamiento, al que los agustinos prometían abrir clases de Gramática, Artes y Teología Escolástica y Positiva.


Su iglesia poseía dos monumentales portadas. Una de ellas, la principal, se encontraba abierta a la plaza del mismo nombre y se coronaba con una airosa espadaña de tres huecos. Junto a esta fábrica se erigió el gran edificio del convento, cuyas dependencias se distribuían en torno a un patio porticado con columnas de orden dórico y galerías claustrales, en cuyo centro se dispuso una fuente para refrescar el ambiente.

En julio de 1808 los franceses aprovecharon los muros del convento para atrincherarse. Este hecho provocó que se originaran serios desperfectos en el edificio por lo que los P. P, Agustinos tuvieron que abandonarlo. Hubo un acuerdo entre el Ayuntamiento y la orden religiosa por lo que se les cedió el viejo inmueble de los jesuitas, en la calle Compañía, y a cambio el convento de San Agustín pasó al Ministerio de la Guerra que lo convirtió en cuartel.

Años más tarde, como la guarnición era escasa e intermitente, el local se fue arruinando por zonas, y a principios del siglo XX era inhabitable, por lo que se decidió demolerlo y construir en su solar un cuartel para la Guardia Civil. En 1923 se comenzó a derribar los restos que aún se mantenían en pie del antiguo convento y no se hizo el nuevo cuartel.

En 1939, con la intención de dar trabajo a los menesteros, se construyó la Piscina Municipal. En 1970 la apertura de la calle Doctor Eduardo Arroyo y la construcción de la sede de Correos borró todo resto de lo que en su día fue hogar de los discípulos del señor.

viernes, 9 de abril de 2021

El antiguo Hospital de San Antonio de Padua

El antiguo hospital de San Antonio de Padua se encontraba situado en el edificio anexo a la parroquia del mismo nombre, en la calle Madre Soledad Torres Acosta. Si bien siempre se ha comentado que Alonso del Santo fundó dicho refugio en 1528, lo cierto fue que el capitán Hernández Pérez Oturiel y su esposa, doña Aldonza de Funes se encargaron de impulsar aquella beneficencia setenta años antes.

La intención de este matrimonio era la de escuchar misa en la iglesia que construirían anexa al hospital tanto para ellos como para los vecinos del barrio. Un 18 de enero de 1458, por parte del obispo don Alonso Sánchez de Acuña, se funda oficialmente el hospital y su parroquia. Salvo el edificio religioso, el resto del recinto fue reconstruido para albergar en su interior a la Orden de las Siervas de María.

De la parroquia, existe documentación que testifica que la fábrica actual no data del siglo XV. La anterior a la actual pudo ser modesta. La presente, sin embargo, data de principios del siglo XVIII, mandada a construir por Fray Rodrigo Marín y Rubio y por su sucesor, don Manuel Isidro de Orozco. Los encargados, sin embargo, de su construcción, fueron los arquitectos Francisco Martínez y Francisco López de Rojas.

La ermita, labrada en piedra, ofrece una fachada norte, situada en la calle Federico Mendizábal, hoy en día cegada. Su diseño, basado en un orden apilastrado toscano y almohadillado con bolsores en su dintel con la clave decorada por hoja de acanto y un alquitrabe con triglifos y metoda de diverso repertorio ornamental, presenta muchas similitudes a la de cualquier fachada de palacio que han existido en la capital del Santo Reino. Por encima del entablamento, flanqueada por las volutas de un frontón partido, se encuentra una hornacina dedicada al santo titular.

La otra portada, un poco más austera, se encuentra situada en la Plaza de los Jardinillos. Se comenta que dicha fachada es muy parecida a la que en su día fue la portada de la también desaparecida Ermita de San Félix el Cantalicio.

El interior, de una sola nave rectángular, se cubre con bóveda de cañón con lunetos de yeserías y con adornos barrocos de guirnaldas que festonean los lunetos y los pinjantes que cuelgan en los muros bajo la cornisa.

Su cabecera miraba al este, pero al abrirse una nueva puerta en la calle Madre Soledad Torres Acosta, este fue cambiado de orientación, provocando reformas en el testero que abría el camarín del santo enmarcado por el retablo. También provocó que desapareciera una importante caja de piedra apoyada en una moldura doble de talón y toro en 1970.

Por último, en el interior de la parroquia existieron pinturas y esculturas que hoy en día han desaparecido. Entre ellas, destacaron pinturas realizadas por los artistas Francisco de Pancorbo, José Caraza, Manuel Delgado o Juan de Medina, o esculturas diseñadas por Mateo Medina o Josef Espantaleón, entre otros.

viernes, 26 de febrero de 2021

En el olvido: Casa de los Corregidores

En las ciudades españolas, entre los siglos XVI y XX, dentro del sistema político de la época, el Corregidor era la figura que presidía el Ayuntamiento y encarnaba en su persona los poderes y atribuciones de la ciudad. Los corregidores estaban obligados a vivir en un nivel de vida superior a la de cualquier vecino que gobernara.

En el siglo XVI se pensó en levantar en Jaén una casa para este personaje. El lugar elegido fue la Plaza de la Audiencia donde se edificó la denominada Casa de los Corregidores. En sus inmediaciones se encontraba la Audiencia, la Cárcel Baja y la Casa del Pregonero, haciendo del lugar el espacio perfecto donde las funciones judiciales y de gobierno pudieran atenderse cómodamente.

La Casa de los Corregidores era inmensa y por su trasera lindaba con la calle de Cambil. En la fachada lucía un escudo imperial. Se componía de un portal, dos caballerizas, dos patios, uno con agua principal de la Magdalena, dos salas, dos cuartos, graneros y una cochera. Como hecho anecdótico, en mayo de 1808, ocupándola el corregidor María de Lomas, este moría asesinado. La invasión de los franceses era próxima y la Guerra de la Independencia estuvo a punto de estallar.

Desde entonces la casa quedó en desuso. Años más tarde, el edificio pasó a conocerse como Casa de la Justicia, y un buen día, el Ayuntamiento decidió venderla en subasta pública. Desde 1835 estuvo en manos de particulares. Fue casa de vecinos, sede del Casino de Artesanos y bodegón. En 1960 se demolió y en su lugar se levantaron otras viviendas a la que se incorporaron parte de sus elementos constructivos. Por desgracia, el edificio sustituto también fue demolido en 1995.

viernes, 8 de enero de 2021

En el olvido: Casa de la Munición

En la parte final de la calle de Santa Clara se encontraba la Casa de la Munición. Su nombre pudo ser debido a que en ese lugar se pudo almacenar pertrechos militares, munición de boca y armamento bélico durante la invasión napoleónica, entre 1810 y 1812, o que entre 1600 y 1634 se encontró en ese punto de la ciudad el Concejo Municipal.

La portada se cubría con un trabajado y bello friso y sobre ella existía una hermosa reja de forja. A la derecha se encontraban las armas episcopales de don Bartolomé de San Martín y Uribe y, en el lado opuesto, los blasones de los Salazar-Coello.

En 1752 la casa perteneció a don Bartolomé de San Marín y Uribe. Esta se componía de cuatro cuerpos y en ella existió un zaguán, varias cuadras y un corral pequeño, además de tres salas bajas y dos dormitorios.

En el exterior existió un huerto con naranjos y algunos limoneros con espaldares. En el centro del patio se construyó una fuente y, entre otras dependencias, también se construyeron un corredor, varias cocinas, tres dormitorios, un pajar, dos graneros y dos cuartos fruteros.

Anexo al edificio construyeron una casa accesoria a la que se entraba por la calle del Ataúd. Tal familia se pudo permitir el lujo de contratar entre su servicio a tres criadas, un mayordomo, un lacayo y dieciséis mozos.

En el siglo XIX el hogar cayó en decadencia y sus dueños la convirtieron en un corral de vecinos. En los ochenta del siglo pasado el edificio fue destruido, aprovechando su solar para construir pisos de renta limitada. Sólo se mantuvo en pie su humilde portada.

viernes, 2 de octubre de 2020

En el olvido: Acueducto del Carmen


En la actual calle Senda de los Huertos, en su parte alta y a mano derecha, nació sobre una abundante pedriza un incontable raudal de aguas cristalinas y frescas. Sus aguas venían del conocido como Raudal de Santa María, y durante siglos regaba de agua a un importante sector de la población, entre ellas más de ochenta fuentes privadas de los barrios del Sagrario y San Idelfonso, además de las fuentes públicas que se encontraban en Cañuelo de Jesús, Pilar de la Imprenta, los Pajarillos de Santa María, el Pilarejo del Borrego, las fuentes de San Francisco y San Ildefonso y el Pilar de la Alameda.

La calidad de sus aguas era excelente, sobre todo cuando estas reposaban unas horas, pero provocaba cal en tuberías y repartidores, lo que provocaba limpiezas frecuentes. En época medieval, incluso, se reglamentó su uso y distribución, naciendo unas comunidades de usuarios que se mantuvieron hasta el siglo pasado.

En el manantial se realizó una gran balsa provista de un rebosadero, haciendo que el agua cayera en cascada hacia el barranco de Santa Ana, uniéndose al arroyo dependiente desde Almodóvar y El Almendral. Gracias a este accidente natural se construyeron unos lavaderos públicos conocidos como La Poceta. Desde este lugar se construyó un cauce abovedado para que el agua pasara junto a los conventos de Santa Ana y Carmelitas Descalzos, llegando este a un gran repartidor junto a la fuente del Cañuelo de Jesús.

El Barranco de los Escuderos presentaba importantes desniveles de terreno, por lo que se tuvieron que realizar obras para nivelar el discurrir de las aguas y favorecer su rápido tránsito. Este acueducto, de época romana y rehabilitado en época medieval, se le renombró como Acueducto del Carmen, porque lindaba con el huerto y jardín del Convento de San José, de la Orden de los Carmelitas Descalzos.

Cuando la orden religiosa se vio obligada a cerrar por culpa de la Desamortización de Mendizabal en 1836, Rodrigo de Aranda, Conde de Humanes, lo utilizó como barandilla del jardín de su palacio. En 1862, Isabel II estuvo disfrutando desde ese punto de unos fuegos artificiales que el ayuntamiento le ofreció a la monarca con motivo de su visita.

Ya en pleno siglo XX, el acueducto quedó cubierto con la vegetación de la zona permitiendo que sus vecinos lo utilizara de lindero de un cine de verano, conocido como Cinema Jardín, entre 1965-1970. Ya con la llegada de la democracia, el preciado monumento desaparece para construir bloques de pisos, dejando tan solo unas fotos que demuestran la fuerza que tiene el ser humano para destrozar parte de nuestra historia.

viernes, 26 de junio de 2020

En el olvido: Convento de la Coronada


La capital del Santo Reino siempre se ha caracterizado por mantener un alto número de espacios religiosos por toda su extensión geográfica, pero también han ido desapareciendo muchos de ellos ante la falta de voluntad de mantenimiento de nuestros antepasados.

El convento de la Coronada fue una comunidad religiosa que se ubicó primitivamente a la altura de la Puerta de Martos, a extramuros de la ciudad, cercano al antiguo ejido de Santa Isabel. El origen de este convento se debe a una imagen hallada por unos labradores en pleno siglo XIII. Cuenta la leyenda que en ese espacio se realizó un hoyo para plantar un árbol y, al descubrir ese hueco, se encontraron una campana y una imagen de una virgen, que nombraron “la Coronada” porque llevaba una corona postiza.

Se decidió inmediatamente construir una pequeña ermita para rendirle culto a la santa, y no fue hasta el siglo XV cuando el Obispo de la ciudad, Don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, decidió construir un convento en esas inmediaciones bajo la advocación de la orden carmelitana.

En estudios recientes se ha comprobado que Don Ambrosio Suárez, sobrino del obispo Don Alonso, ordenó su enterramiento en la capilla mayor y mandó construir un retablo y una hermosa reja del siglo XVI tallado por el Maestro Bartolomé de Salamanca. Además, el rey Felipe II, que se hospedó temporalmente en el interior del convento, donó una cruz que fue a parar en el convento sevillano de la orden. Por último, la imagen de piedra de la Virgen Coronada y los escudos que la decoraban acabaron siendo vendidas a un anticuario de Granada. Tan solo la fachada ha sobrevivido a lo largo de los siglos, siendo rescatada para ser portada principal de la Basílica Menor de Santa María la Mayor de Linares.

La orden se vio obligada a mudarse al centro de la ciudad, en concreto a la Plaza de los Rosales, con el fin de buscar una comodidad que no poseía en su primera ubicación. Para la construcción de este nuevo espacio se utilizaron materiales reciclados de su anterior emplazamiento. En 1836, debido a la famosa desamortización de Mendizábal, el convento se utilizó para diferentes usos benéficos y militares. En 1860, el espacio se reconstruyó para que albergara la nueva prisión de la ciudad y, en 1933, la cárcel cerró y el edificio fue demolido por completo. Ya durante la época franquista fue cine de verano “Jalisco”, después cine de verano “Rosales”, y finalmente su terreno se empleó para diseñar una plaza pública, la actual Plaza de los Rosales.

viernes, 24 de abril de 2020

En el olvido: Castillo de Fuentetéjar


Este castillo rural construido entre los siglos XII y XIII, transformado posteriormente en época cristiana, se encuentra en mal estado de conservación a causa del abandono y destrucción que ha soportado a lo largo de los años. Se encuentra dentro del término municipal de Jaén, a unos 17 kilómetros de la capital, a unos 5 kilómetros de Las Infantas y a unos 12 kilómetros de Mengíbar, en la cumbre de un elevado cerro desde el cual se puede controlar gran parte de las tierras colindantes.

Debido a que este espacio está habilitado como cortijo, han desaparecido elementos tan importantes como su torre del homenaje, hecha en mampostería. Algunas de sus estancias han sido transformadas en cuadras de ganado caprino. Aun así, siguen existiendo en la antigua fortaleza numerosos materiales cerámicos de diferentes épocas.        

La actual aldea de Fuentetéjar fue un espacio que pudo ser ocupado desde el siglo I d.C., no siendo descartable que su ocupación siguiera durante época islámica.

Quizá en época cristiana, concretamente a inicios del siglo XIV, esta pedanía aun no reuniera un buen número de habitantes, lo que provocaría que su iglesia perteneciera a una parroquia del vecino municipio de Mengíbar, perteneciente a su vez del Arciprestazgo de Jaén. A finales de dicho siglo, unos nobles de la ciudad decidieron donar el castillo a la Catedral primitiva de Jaén.
A finales del siglo XV, por culpa de unas luchas provocadas por Don Pedro de Girón y el Condestable Iranzo, esta aldea no pudo construir un núcleo habitado fuera de la fortaleza. No fue hasta la llegada de los Reyes Católicos cuando aparecen las primeras casas de labor en la pedanía, perdiendo el castillo su función de fortaleza y renombrado el inmueble como cortijo.

El castillo fue construido en mampostería. Estaba formado por cuatro torres, tres de ellas circulares y una cuadrada, por un patio de armas y por un lienzo que protegía la fortaleza. De todos estos elementos tan solo se conserva los perfiles de las torres, que fueron abandonadas o desmanteladas al no entrar dentro del perímetro del actual cortijo. La gran plaza de armas se encuentra muy deteriorada respecto a la idea original del mismo. 

La puerta de acceso, de lienzo occidental, se encuentra muy transformada al haber sido adaptada al paso de maquinaria agrícola. En los lienzos de la fortaleza se han abierto nuevas puertas para facilitar la convivencia dentro del cortijo y se ha añadido en el interior del castillo nuevas edificaciones y techumbres que dificulta el reconocimiento de este conjunto histórico.

Este espacio fue declarado Bien de Interés cultural gracias al amparo del Decreto de 22 de abril de 1949, así como de la ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.