Mostrando entradas con la etiqueta barriosdejaen. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta barriosdejaen. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de agosto de 2022

Barrios de Jaén: San Pedro

La barriada de San Pedro fue una de las zonas de la ciudad que más notoriedad obtuvo a lo largo de su historia hasta los primeros años del siglo XX, gracias a la unión de otros espacios anexos a su collación, pasando de tener diecisiete calles bajo su jurisdicción a cuarenta y siete.


El símbolo del barrio fue durante muchos años la parroquia de San Pedro, un espacio delimitado por el Convento de Santa Clara y el Arroyo de San Pedro. Su diseño, de estilo sencillo y sobrio, de piedra labrada, corrió a cargo de Francisco del Castillo El Mozo y se mantuvo en pie hasta el año 1967, época en la que se cumplieron más de medio siglo de abandono, ya que el templo fue anexionado a la Iglesia de San Juan por los daños que existían en la estructura del templo.

Su patrimonio artístico fue recogido de otros templos religiosos como el de Santa Cruz y San Miguel, o de los Conventos de La Coronada y Santo Domingo. También fue sede de numerosas cofradías, entre ellas la de San Pedro, la del Santísimo Sacramento, la de Ánimas Benditas, la del Santo Cristo de las Penas, la de la Virgen del Carmen y la de Nuestra Señora del Socorro, ésta última procedente de la extinta parroquia de San Miguel.

Junto al templo comenzaba la calle del Ataúd, actualmente como calle Bailén, porque allí se guardaba la parihuela y el ataúd utilizado para los entierros de feligreses humildes. Si se quería llegar al centro de la ciudad se atravesaba la calle de San Bartolomé, lugar donde se encontraba el Campillejo del Vinagre. Aún se mantiene allí una hornacina dedicada al Santo Cristo de la Amargura.

Por esta calle se llegaba al antiguo Barranco de la Coronada, conocido previamente como Barranco de San Pedro. Un hecho trágico manchó de sangre un solar colindante en 1957. Los fuertes vientos que azotan habitualmente a la capital del Santo Reino hicieron que saliera expulsada por el cielo la pantalla del Cine Rosales, provocando la muerte de cuatro personas que residían en la primera vivienda de la calle.

La entrada principal del barrio se realizaba por el Arco de San Agustín, también conocido como Portillo del Arroyo de San Pedro, un monumento destruido en 1860. El inmueble defensivo desembocaba en el Campillejo de San Agustín o Plaza de las Moreras, hoy en día desaparecido porque allí se edificó parte de la actual calle del Doctor Eduardo Arroyo.

La calle de los Caños, o del Caño, debe su nombre a un pilar público frente a las antiguas Carnicerías, bajo la traza de Francisco del Castillo en 1959 y reformada en 1648. En ella hubo un nicho en forma de concha donde aparecía una imagen de la Virgen, flanqueado por dos leones. De los leones se conoce que en la actualidad se encuentran en la Casería de San José, luego del Portón de los leones.

En el edificio de Las Carnicerías, del siglo XVIII, se puede leer lo  siguiente: Se acabó esta obra siendo Corregidor Don Vicente Caballero Illanes Henríquez de Guzmán del Orden de Santiago, Señor de la Isla y Coto de la Grana, Justicia Mayor e Intendente General de Guerra, Hacienda y Justicia y Policía de esta ciudad de Jaén y su partido por su Magestad Católica, siendo comisarios de la Junta de Propios y Arbitrios D. Pedro Esteban del Río, Don Agustín Marín de Viedma, Veinticuatros de esta ciudad a 3 de abril de 1763”.

En este espacio, aparte de la función que cumplía primitivamente, posteriormente se habilitó también para abrir allí un Grupo Escolar y, en la actualidad, se encuentra abandonado a su suerte. Se dice que bajo el inmueble se encuentran los restos de unos baños árabes conocidos como Baños del Naranjo. Cercano a este también existió un edificio porticado donde se abrió una pescadería y un horno, del que se dice se hizo famoso el mítico Hornero de los Caños.

También es cierto que la calle de Los Caños la podríamos dividir claramente en dos partes. En la primera se concentraba grandes casas solariegas de la época, mientras que la segunda estaría formada por una especie de plaza que sirvió para instalar un pequeño mercado de frutas y verduras a principios del siglo XX. En su tramo final existió una mezquita, de cuyo alminar han quedado algún que otro resto arqueológico.

El Real Monasterio de Santa Clara, en la calle dedicada a la santa, es una fundación religiosa creada por Fernando III en el siglo XIII que estuvo primitivamente en la zona sur de la ciudad. Buscando mayor seguridad, con el apoyo de Juan de Narváez, las franciscanas se trasladaron a su sede actual en 1495. En el interior se expone en veneración la imagen del Cristo de las Misericordias, Cristo del Bambú o Cristo de los Estudiantes, una talla anónima de comienzos del siglo XVI.


La calle de las Higueras siempre ha sido una calle solitaria protegida por tapias de huertos y corralones en los que siempre existieron las higueras, de donde vino su nombre. Como el barrio siempre estuvo repleto de tahonas, varias de sus calles están dedicadas a estas. La calle del Horno de la Santa Cruz servía de conexión entre los barrios de San Pedro y Santa Cruz. La calle del Horno de los Caños, renombrado como Horno de la Bovedilla, es también conocida como Caño de San Agustín y de Gracia.

La calle de Ludeña, posteriormente de Josefa Sevillano, y la calle de las Palmas, eran las calles limítrofes con el barrio de San Bartolomé. La calle del Remojadero del Pescado, sin embargo, demuestra la existencia de una lonja municipal donde se traficaba con pescado, bien fuera fresco o en salazón.

viernes, 22 de julio de 2022

Barrios de Jaén: San Lorenzo

La barriada de San Lorenzo fue, antaño, una de las zonas de la ciudad cuya identidad ha desaparecido con el transcurso de los años. Su centro neurálgico fue, es y será la desaparecida parroquia de San Lorenzo, del siglo XIII, de la que aún se mantiene en pie el famoso monumento conocido como Arco de San Lorenzo.


Este espacio religioso fue edificado sobre cantones, debido a la geografía de la calle. Su plazuela, llamada de San Lorenzo, conectaba con otras vías anexas, como la calle de San Lorenzo, la calle Parrilla, la calle Madre de Dios y la calle Maestra Alta, hoy renombrada como Almendros Aguilar. Sobre el actual arco se levantó el presbiterio del templo y su sacristía, conservadas también actualmente.

De la iglesia se conoce que sólo disponía de un priorazgo y un beneficio y que estaba formada por una sola nave cubierta de artesonado que llegaba a la actual casa número cuatro de la calle que lleva su nombre. También contaba con una lonja dirección la calle Parrilla donde, en su planta baja y con acceso independiente, se abrió una capilla dedicada al santo titular.

Esta parroquia se cerró al público sobre el año 1820, al quedar sus cimientos muy dañados durante la Guerra de la Independencia. De este modo, la parroquia pasó a integrarse en el Convento de la Merced, arrastrando con ella la parroquia de Santiago, anexionada a ésta años atrás. Finalmente, sobre los años veinte del siglo diecinueve, pasó finalmente a formar parte de la iglesia de San Bartolomé, desapareciendo su fábrica en 1827 pero manteniendo en pie su torreón con sus dependencias interiores intactas.

En 1832, el obispado vendió el solar de la iglesia a don José Carrillo Serrano, con obligación de que se levantara en ese punto una casa sin que éste señor se adueñara de la capilla del arco. Doce años más tarde, debido al desprendimiento de unas piedras del torreón, dicha casa fue dañada y, como compensación, se le indemnizó al señor Carrillo con la dependencia alta de dicha torre.

A finales del siglo XIX el Ayuntamiento de Jaén acordó demoler el Arco de San Lorenzo, pero un grupo de académicos solicitaron a la Real Academia de San Fernando que lo salvara de un trágico final, como así sucedió, ya que fue declarado el arco Monumento Nacional. No fue hasta la dictadura franquista, en 1968, cuando se consiguió la recuperación de la estancia superior tras una restauración llevada a cabo por el prestigioso arquitecto Luis Berges, cediéndose el espacio a la Asociación Amigos de San Antón en 1981.

La calzada del arco, en el siglo XX, se rebajó para que las procesiones pudieran pasar bajo el mismo, en especial la de Nuestro Padre Jesús Nazareno. La calle Parrilla, por otro lado, a la altura de la parroquia, tuvo una imagen labrada en piedra dedicada a San Lorenzo mostrando su parrilla. En ella también existió un pilar de agua que en la actualidad ha desaparecido.

En la actual calle Maestra se construyó un notable palacio que sirviera de residencia de la familia De Iranzo-De Torres. Este edificio se encontraba rodeado de la calle Maestra, de la Plaza de la Audiencia, de la calle Colón, de la calle Cerón y de la calle Bernardo López. Posteriormente, esta casa-palacio estuvo vinculada durante muchos años a los Condes de Villadompardo.

Tras distintas remodelaciones, sobre el lugar han existido baños y lavaderos públicos, el Teatro de la Audiencia, el Casino Español, el Casino Primitivo y, actualmente, el Teatro Darymelia y bloques de pisos y las sedes de los transformados palacios de Cultura y de Asuntos Sociales, de propiedad municipal.

Respecto a la Plaza de la Audiencia se puede comentar que todavía sigue un observatorio básico para ver y comprender el viejo Jaén, y justo en ella se inicia el callejón del Baño de la Audiencia, un rincón que servía de entrada hacia unos oscuros callejones hasta que estos se destruyeron y se edificó la actual calle Colón a finales del siglo XIX. Allí se encontraba el Baño de la Audiencia, propiedad de los Marqueses de Bélgida.

Campillejo de las Cruces fue un espacio urbano nacido en la antemuralla de la ciudad que iba hasta la calle Tiradores, actual Ruiz Romero. Este lugar fue modificado por completo para trazar la calle Doctor Eduardo Arroyo. En la popular calle Compañía se instauró en 1614 la casa, colegio y residencia de la compañía de Jesús, con una iglesia típicamente jesuítica, dedicada a San Eufrasio y donde se veneró a la Virgen del Alba.

A finales del siglo XVIII, tras la expulsión de los jesuitas, se instalaron en el edificio los Reales Estudios de la Concordia y el Monte de Piedad de Nuestra Señora de los Dolores. A mediados del siglo XIX pasó a ser Instituto Provincial de Segunda Enseñanza y Escuela Normal de Magisterio hasta que en 1947 el edificio se rehabilitó para instaurar allí el Conservatorio Oficial de Música, hasta la actualidad.

Junto a la calle de San Lorenzo se encuentra la calle del Jesús, una vía donde existió una hornacina con la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Ya para concluir, en el espacio comprendido entre la calle Cambil y la calle Almagro existió, a mediados del siglo XX, un cine de verano conocido como Cine San Lorenzo, hoy también desaparecido.

viernes, 17 de junio de 2022

Barrios de Jaén: San Juan

La barriada de San Juan es una de las zonas de Jaén más olvidada de nuestra ciudad, siendo las casas deshabitadas, la infravivienda y sus enormes carencias las notas predominantes. Su geografía, rodeada de calles empinadas, buscaba en época medieval la seguridad que ofrecía el Castillo de Santa Catalina.


El corazón del barrio ha sido, es y será la Plaza de San Juan, un trazado irregular con importantes desniveles que obligaron a suavizarla y a implantarle muros y cantones. En uno de sus rincones se encontraba La Pescadería, una lonja comercial donde el municipio controlaba la venta de pescado fresco y en salazón. La zona central, sin embargo, se utilizaba como mercado de frutas y verduras y, durante el gobierno del condestable Miguel Lucas de Iranzo, se celebraron corridas de toros y los concejos abiertos.

La iglesia parroquial de San Juan y San Pedro, símbolo del barrio, es una de las parroquias más antiguas de la capital levantada sobre los restos de unas viviendas musulmanas. En el siglo XVIII sufrió grandes desperfectos que afectaron a su fachada, dejando la fábrica en ruinas en los primeros años del siglo XX. Tras la guerra civil española se demolió erróneamente el interior de la misma, dejando en pie tan sólo los muros perimetrales.

Su actual denominación es la de Parroquia de San Juan y San Pedro tras la destrucción de una iglesia dedicada a este último santo metros más abajo. En la iglesia tuvo lugar la implantación de la Venerable Universidad de Curas Párrocos entre los siglos XIII y XX. Junto a la fábrica se encontraba la Torre del Concejo, sede del reloj oficial de la ciudad porque en la plaza se celebraban los cabildos municipales. La torre es rematada con una balconada de medio punto abierta en sus cuatro frentes donde cuelga la campana del reloj donada por la propia iglesia.

En la parte alta de la torre se encuentran unas inscripciones que dicen “AÑA: ECCE CRVCEM DOMINI FVGITE PARTE ADVERSE VICIT DE TRIBV IVDA RADIX DAVID”, (He aquí la cruz del Señor. Huid enemigos. Venció el León de la Tribu de Judá y de la raíz de David) y “EN EL AÑO DEL SEÑOR MDLIII: SIENDO PRIOR D. FERNANDO D GORMAZ Y MAYORDOMO D. FERNANDO CAMUDIO DE GORMAZ”.

La callejuela de San Benito debe su nombre al desaparecido Priorato de San Benito, una institución que se mantuvo en pie hasta los tiempos de la desamortización de Mendizábal. En ella se celebraba la ceremonia de investidura de los caballeros de la Orden. El conjunto pasó a formar parte de casas de vecindad. En la parte trasera se encontraba El Corralaz, un corral de comedias que acabó calcinado por causas desconocidas, provocando la muerte de varias personas a comienzos del siglo XVII. Hoy su entorno fue renombrado como calle de Juanito El Practicante en recuerdo de don Juan Torres Olivera, sanitario que trabajó mucho por los vecinos de San Juan y La Magdalena.

La calle de la Iglesia, hoy en día de San Juan, es la vía donde se encuentra la fachada y la puerta lateral del templo, y donde en su cabecera se instaló la Sala del Concejo. Por otro lado, si se puede determinar qué calle ha servido de nexo de unión entre San Juan y La Magdalena, esa es la calle Llana de San Juan, continuación de la actualmente renombrada de Almendros Aguilar.

La otra vía que sirve de límite perimetral es la actual Muñoz Garnica, entre el barranco de la Coronada y la callejuela de San Benito. Al inicio de este tramo existió el convento de Nuestra Señora de la Coronada, de los P.P. Carmelitas Calzados, levantado hacia 1620. En ella sigue existiendo una fuente de piedra en la que se puede leer la siguiente inscripción “DIA DES MATHIA/CEUNUMADAT GASPAR/FELIX MANRIQUE/AÑO 1642”.

La calle de las Moscas era una vía bautizada así por las casquerías o puestos de venta de despojos que provocó numerosos enjambres de insectos. La calle de las Peñuelas de San Juan estuvo habitada por lecheros y cabreros y, por otro lado, la calle del Reventón era el lugar perfecto desde donde contemplar las inmejorables vistas de la vega, del río y de la campiña mediante un mirador.

La Ropa Vieja, cantón por excelencia de la ciudad junto con el de Jesús, siempre ha servido de punto de encuentro entre sus vecinos. Allí se instalaban los tenderetes de los ropavejeros o mercaderes de ropas usadas, vía que acababa en un callejón sin salida renombrada como calle de Elvín, donde actualmente se encuentran unos jardines privados similares a los Carmenes granadinos.

En el lado extremo se encuentra la calle de la Santísima Trinidad, en honor al convento religioso de la Santísima Trinidad y Redención de Cultivos, primer recinto religioso abierto tras la reconquista cristiana. El espacio estaba formado por dos patios porticados y una iglesia, de cuya capilla mayor tenía el patronato los miembros de la familia Contreras. Tras la desamortización de Mendizábal el convento fue destruido para construir en ella viviendas familiares y sus dependencias fueron repartidas por diferentes parroquias de la ciudad.

La calle de los Sorias, o Soria de San Juan, debe su nombre a una casa ocupada por la familia de los Soria. Junto a ella se encuentra la calle del Vicario por la residencia del vicario o coadjutor de la parroquia del barrio. Otro de los trazados ilustres es la calle de la Concepción Vieja por un convento de dominicas existente en esta bajo la advocación de la Concepción de Nuestra Señora.

viernes, 3 de junio de 2022

Barrios de Jaén: San Bartolomé

La barriada de San Bartolomé siempre ha sido un lugar donde más cambios se han experimentado, tanto en su demarcación urbana como en su configuración viaria pasando por su trama socio-profesional y su ambientación. Su centro neurálgico es la Plaza de San Bartolomé, y alrededor a esta se encuentran la calle Accesoria de San Agustín, de los Coches, de Isabel Méndez, una parte de Martínez Molina, la de doña Magdalena del Prado, de las Palmas y la calle y callejones de San Vicente. 

Gracias a la supresión de Santiago y San Lorenzo, el callejero del barrio se vio ampliado notablemente. Su punto de inflexión fue en 1875, con la apertura de la calle Colón y la ruptura de la vieja muralla, marcando así el inicio de su nueva configuración geográfica.

Se podría decir que la Plaza de San Bartolomé es la única de la ciudad que se encuentra, a su vez, dividida en tres partes. La zona mayor fue delimitada por cantones y por muros de contención. El segundo enclave pertenece a la lonja de la iglesia, mientras que una tercera terraza, conocida como Plazuela del Marqués del Camino, siempre fue considerada como un espacio independiente. A mediados del siglo XX se trazaron jardines, se plantaron naranjos y se colocaron dos fuentes, además de una estatua de un niño acompañado de su perro.

La iglesia parroquial de San Bartolomé, corazón del barrio, data de época medieval. Frente a ella existió una fuente diseñada por el entallador Cristóbal Téllez. Tras ser trasladada al centro de la plaza en el siglo XIX, fue sustituida la centuria pasada por una fuente-candelabro de hierro fundido.

La Casa del Miedo tuvo su origen en 1862, cuyo primer residente fue Felipe Mingo. Más tarde pasó a ser propiedad del Conde del Águila. Cerca de esta se encontraba la casa del Marqués del Cadimo. A finales del siglo XIX fue arrendada por Isaac Mateos para establecer allí el Colegio de San José, posterior Colegio de San Agustín, regentado por la familia Nogales.

La calle Accesoria de San Agustín fue un trazado partido en dos por un campillejo que, a su vez, comunicaba la zona alta del barrio con la desaparecida Plazuela de San Antonio. Su nombre se debe a que, en su parte baja, lindaba con el antiguo Convento de San Agustín. La calle de los Coches debe su nombre a que en ese punto abrían las cocheras de algunas casas nobiliarias de la calle Martínez Molina. En 1916 fue bautizada como calle de Virgilio Anguita. Desde 1975 goza de más amplitud.

En el callejón de los Ángeles se edificaron las viviendas de los Condes del Águila, de los Salido y de los Coello de Portugal. En esta última hubo una hornacina donde se veneraba un Ecce-homo pintado en una tabla y que recibía el nombre del Señor de Coello. Debido a su estrechez, esta vía tuvo que ser transformada en la calle que es hoy en día tras una reforma urbanística del año 1960.

La calle de doña Magdalena del Prado siempre fue una de las trazadas más utilizadas para acceder al barrio. En ella estuvo la Casa de los Tijnajones por las vasijas enormes que rodeaban su planta baja y que también estuvo dedicada al molino aceitero de la Viga. En su entrada se encontraba el Torreón de San Agustín, derribado a finales del siglo XIX. Era una torre ochavada con dos grandes salas que se utilizaron como calabozo de la jurisdicción militar.

En la calle de las Palmas tuvo lugar la creación de varias escuelas públicas y casas de prostitución en el siglo XIX, mientras que la calle de San Vicente siempre será recordada con el nombre de la Cuesta del Pregonero, porque esta vía lindaba con la Real Cárcel y la casa de este. Por esa zona aún existe una hornacina dedicada al Santo Cristo de la Luz del siglo XVIII cuya función era la de iluminar ese tenebroso rincón de la ciudad.

viernes, 20 de mayo de 2022

Barrios de Jaén: Ejidos de Belén y San Roque

El ejido de Belén fue durante siglos lugar de desconexión para los vecinos de la ciudad. Su terreno  casi siempre fue utilizado para ganado, vertedero o, ya en el siglo XX, para juegos de niños o improvisado taller de actividades insalubres y molestas, ya que las aguas, debido a su altitud, no fertilizaban sobre la zona. Su situación estratégica hacía que desde sus eras se pudiera dominar la ciudad.


En el espacio conocido actualmente como Plaza de Belén se realizaron durante siglos alardes medievales y ejecuciones públicas. Allí existió un rollo donde se colgaban los cuerpos descuartizados de los ejecutados para que sirviera de escarmiento al pueblo de Jaén, una práctica que se estuvo realizando hasta 1897, cuya última ejecución fue a garrote vil.

Esa parte de la ciudad era ideal para celebrar ferias de ganados. De este modo se creó la fiesta principal de la ciudad, la de la Virgen de la Asunción allá por 1453. En principio se celebró del 1 al 15 de agosto, más tarde se amplio hasta el día 20, y finalmente, desde mediados del siglo XX, desapareció pasando la feria de San Lucas de octubre a ser la feria principal de la capital del Santo Reino.

Al Ejido de Belén siempre se le vinculó una leyenda relacionada con la Cruz del Jaspe, un elemento religioso que al parecer pudo caer del cielo, pasando ésta a formar parte desde entonces de la Santa Iglesia Catedral. Por desgracia, durante la Guerra Civil, dicha cruz fue destruida por el bando republicano. Sin embargo, siempre quedará esa coplilla que decía lo siguiente:

Tres cosas tiene Jaén

que no las tiene Sevilla

Santo Rostro, Cruz de Jaspe

y Virgen de la Capilla.

La configuración urbanística existente de lo que hoy se conoce como barrio de Belén y San Roque se inició a mediados del siglo XIX. Tan solo existía por aquella época un abrevadero y varias casas modestas. El cementerio de San Eufrasio ponía límite al barrio, aunque no fue el único camposanto que existió sobre la zona, ya que sólo durante la Guerra de la Independencia hubo otro en la también desaparecida huerta de capuchinos.

Poco a poco empezaron a sumarse pequeñas casas ocupadas por familias de trabajadores, la mayoría diseñadas por ellos mismos. La vía principal era la calle General Castaños, una calle a la que se accedía a través de la carretera de Granada por una escalera zigzagueante. Pasada la guerra civil, en el barrio se construyeron cerca de doscientas casas, y en 1947 la nueva barriada fue bendecida con motivo de la conmemoración del Alzamiento Militar y de la Fiesta de Exaltación del Trabajo. No faltó una gran verbena popular con la banda de música municipal como reina de la misma.

Poco a poco al barrio se le fue dotando de servicios básicos tales como el ambulatorio de la Seguridad Social de San Roque o el grupo escolar Alcalá Venceslada. Además, anexo a la Avenida de Madrid, se construyó una nueva iglesia en el mismo solar donde estuvo la desaparecida ermita de San Roque. Este nuevo espacio religioso, bautizada como Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Belén y San Roque, comenzó su construcción en 1955, terminando la misma siete años más tarde.


La fábrica está estructurada en tres naves, cuya parte central es más alta que las laterales. El presbiterio está presidida con una cruz abierta en el muro y rellena con vidrieras. En el lado derecho de la cabecera se encuentra la Capilla del Bautismo y el Sagrario, y su torre tiene un cuerpo de campanas octogonal, de las que estas fueron bautizadas bajo la advocación del Santo Ángel, San Roque, Santa Balbina y Santa Adriana.

En el interior se puede disfrutar de un grupo escultórico basado en la Entrada de Jesús en Jerusalén que procesiona por las calles de la ciudad en las mañanas del Domingo de Ramos, una cerámica vidriada en la que se representa el Bautismo de Cristo y la Virgen de Lourdes, y ya en el Sagrario se puede ver un mural en mosaico que representa la Transfiguración de Cristo.

Junto a este ejido existió otro campillo conocido como Ejido de San Roque, por la ermita construida en época medieval dedicada a este santo. Un pequeño templo que estaba íntimamente relacionado con las epidemias que asolaban la ciudad.

viernes, 6 de mayo de 2022

Barrios de Jaén: Santiago

Aunque en el siglo XVI era una zona muy popular, la barriada de Santiago cayó poco a poco en declive al despoblarse progresivamente su parte alta. Su expansión no era demasiado grande, tan sólo contaba con una docena de calles además de la plaza que lleva su nombre. En esta última se encontraba la Iglesia de Santiago, uno de los primeros templos católicos de la Jaén cristiana. De ella salía en procesión la proclamación de la Santa Bula de Cruzada, a la que asistían todas las cofradías y hermandades de la capital del Santo Reino.


Aunque no han llegado hasta nuestros días apenas datos de su fábrica, se piensa que la iglesia pudo ser modesta porque tan sólo contaba con un prior y dos beneficiados, algunas capellanías y varios patronatos.

Ante la dejadez del templo por falta de inversión, a finales del siglo XVIII se hundió la antigua sacristía y se arruinó la nave mayor y la escalera que conducía a la tribuna del órgano. Ante tal situación, la parroquia cerró y sus ocupantes se mudaron temporalmente a la también desaparecida Iglesia de San Lorenzo mientras encontraban una solución con la que mantenerla abierta.

En 1810 se decidió demoler por completo el conjunto para hacer una gran plaza. Sólo en esta se construyó un refugio antiaéreo durante la guerra civil aprovechando las criptas intactas de la parroquia. En esta plaza también existió un caserón cuyos propietarios fueron la familia Benavides, más tarde convertida en una casa de citas, conocida como Casa de la Fidela.

La calle de la Cruz Verde, también renombrada como calle de Doña Francisca Antonia de Vera, fue una calle donde también se encontraban diferentes casas de citas. En 1961 se le cambió el nombre por el de calle de las Cumbres y se demolieron estas casas de mal vivir para construir en sus solares viviendas sociales.

De la calle del Horno de Santiago se puede comentar que es una vía estrecha y pendiente, siempre en penumbra, mientras que la calle de los Mecías debe su nombre a la residencia que en su día existió de la familia Macías. Al otro lado de la calle existieron los jardines del Casino Primitivo, espacio donde en verano se disfrutaba de la música de la época. Anteriormente fue convento de las Damas Nobles de Nuestra Señora de los Ángeles y en la actualidad es sede de la prestigiosa Escuela de Artes y Oficios.

De la plaza arranca calles tan señeras de la zona como la calle de Santiago, la calle Cambil, en honor a un Alcaide de Cambil, y la calle Campanas de Santiago, porque ésta daba frente al campanario de la iglesia, donde hubo tres campanas. Junto a esta existió un corral de comedias en la primera mitad del siglo XVII. Luego, por el barrio, desde finales del siglo XIX hasta la dictadura franquista, existió un teatro de verano y un cine, éste último conocido como Cine San Lorenzo. En la calle Macías se construyó, en 1843, la primera Escuela Normal de Maestros, espacio que se convirtió en 1926 en templo de la cultura y la ciencia.


El barrio de Santiago se comunicaba con el de San Bartolomé mediante la calle de los Ángeles. Su nombre se debe a que allí existió el Convento de las Damas Nobles de Santa María de los Ángeles, vía por donde se ingresaba al recinto claustral. Se mantuvo en pie hasta 1868, año en que fue desamortizada. También se conoció por calle de las Platerías, porque allí, en el siglo XVII, tenían sus talleres los miembros del gremio de los plateros.

viernes, 11 de marzo de 2022

Barrios de Jaén: Santa María o El Sagrario

En pleno centro de la ciudad se encuentra la barriada de Santa María o El Sagrario, en honor a la catedral renacentista diseñada por Andrés de Vandelvira. Este espacio se encuentra dividido en tres partes. El primero de ellos se encuentra en su núcleo originario, el segundo en el arrabal de las monjas, hoy de Carrera de Jesús, y el tercero comprende el entorno del Convento de la Merced y las viviendas situadas a los pies del cerro de Santa Catalina. Un barrio distinguido por asentarse en él los principales órganos de gobierno de la ciudad.


La Plaza de Santa María es el punto más importante del Jaén actual. Cuando Fernando III conquista la ciudad en 1246 se encuentra en ella una mezquita que rápidamente la cristianiza, siendo este hecho del germen de la catedral que disfrutamos hoy en día. En su explanada, el Condestable don Miguel Lucas de Iranzo impulsa su primera reforma urbana junto con la celebración de la primera feria de agosto de la ciudad.

Esta plaza ha vivido los principales hechos históricos del Jaén del siglo XV, como la batalla emprendida entre el Condestable Iranzo y el obispo Vázquez de Acuña, el motín antijudío de 1473 que acabó con la muerte del Condestable o la visita, meses más tarde, del monarca Enrique IV, para ajusticiar a los culpables del asesinato de su supuesto amante. En ella también se instauraron los primeros autos de fe que la iglesia realizaba a herejes y judaizantes.

Gracias a los Austrias, la plaza consigue cierta importancia presidencial con la construcción de la Catedral actual, del Palacio Episcopal y de las Casas Capitulares. Justo en la entrada de la calle Maestra existieron unas casas que servían de oficinas de las obras catedralicias, unos viviendas que se destruyeron a finales del siglo XVII para ganarle más amplitud a la plaza.

La Guerra de la Independencia hizo que en el lugar se instalara la Junta Provincial de Defensa para celebrar al aire libre reuniones permanentes de políticos y de la Comandancia Militar. Su primera gran reforma no vino hasta el siglo XIX, en el que se busca diseñar la plaza más imponente de la capital del Santo Reino, poniendo de moda los paseos y tertulias de los vecinos y la instalación del primer alumbrado público de Jaén. Tan pronto como llegaba el Corpus se declaraba la temporada de verano.

En 1901 comenzó la última modificación geográfica de la plaza, con la destrucción del Palacio de Montemar y la posterior construcción de la última casa consistorial en ese solar. La anterior casa consistorial se encontraba anexa al palacio, por lo que también fue derribada para aumentar las dimensiones de la plaza. Hubo tanto desagrado en el diseño del nuevo edificio del Ayuntamiento que incluso se la calificó de estación francesa de ferrocarril en vez de edificio municipal.


La calle de los Abades debe su nombre a una vivienda situada en esta vía conocida como Casa de los Abades, residencia donde vivió el abad de la Venerable Universidad de Curas Párrocos. A finales del siglo XIX, a la altura de la casa número 4, abrieron las HH. Carmelitas de la Caridad sus escuelas, que precedieron al Colegio Hispano Francés. Otra vivienda ilustre fue, anexa a esta última, la Casa de los Salazares, en cuyo patio interior se encuentra una fuente timbrada con los escudos de las familias nobiliarias.

El callejón del Alcaide era una vía donde se encontraba la vivienda del alcaide que controlaba la Torre Sarnosa y la Puerta de Granada, hoy desaparecidas tras la urbanización de la zona. La calle Alta de Santa Ana debe su nombre a un convento cercano dedicado a la madre de la Virgen María. Un recinto religioso que comenzó a construirse en 1585 pero que tuvo que cerrarse en la segunda mitad del siglo XIX por las riadas que soportaban los cimientos del convento provenientes de la Cañada del Castillo.

Justo al lado del Convento de la Merced se encuentra la calle del Bazo, una vía que servía de punto de venta de despojos de reses que se sacrificaban en el matadero. La parte derecha de la calle del Camarín se encuentra ocupada por los restos de lo que fue el Convento de San José, de los P.P. Carmelitas Descalzos. De ella sólo se mantiene en pie su iglesia con un camarín en cuyo interior se encuentra la imagen más querida de Jaén, Nuestro Padre Jesús Nazareno.

La calle Campanas, pese a su corto trazado, siempre ha sido un gran eje de comunicación al conectar prácticamente la Plaza de Santa María con la extinta Plaza del Mercado. En ella se encontraba la desaparecida Puerta de Santa María, de la que se dijo que era de las más bellas de Andalucía. Su destrucción vino motivada por la necesidad de construir un Sagrario que sujetara los cimientos de la Catedral a finales del siglo XVIII.

Desde finales del siglo XVI se la conoce con su actual nombre por las campanas de la Catedral, aunque en algunas ocasiones se la ha confundido con el nombre de calle del Reloj, porque allí se encontraba uno de los relojes públicos de la ciudad. Al ampliarse la calzada de la vía, se levantaron en ella edificios sobre clásicos soportales, recuperando así los rasgos primitivos que en su trazado existieron durante sus primeros años de vida.

En principio, el Palacio Episcopal se encontraba en la calle Campanas unido a un pasaje dispuesto sobre un arco que cruzaba la vía para que la Reina Isabel La Católica pudiera acceder a la catedral gótica durante los seis meses que estuvieron los Reyes Católicos en la capital del Santo Reino. Se dice que en dicho palacio pudo celebrarse la primera reunión entre la Reina Isabel y Cristóbal Colón para discutir ese viaje a las indias que, posteriormente, propició el descubrimiento de Las Américas.

La calle del Cristo debe su nombre a una hornacina con un cristo en su interior junto a los muros de la desaparecida Puerta de Santa María. Por otro lado, cercana a la Puerta de Granada se edificaron muros de contención que posibilitaron la construcción de esas casillas que buscaban ganarle terreno al cerro a través de sus empinadas calles. A punto de iniciarse la Guerra de la Independencia, frente al Camarín de Jesús, el gobierno municipal decidió construir en este cantón una serie de baterías artilleras con las que pudieran defenderse de los franceses.

Entre los cantones y el peñascal, sobre los restos del antiguo Convento de Santa Ana, se edificaron las Escuelas Cervantes en 1908. Frente al Torreón del Conde de Torralba se encuentra la calle del Cañuelo de Jesús, aunque también ha sido bautizada como Cañuelo de los Descalzos o Callejón de Jesús Nazareno. En ella existió una fuente con un cañuelo por el que brotaba las aguas del Raudal de Santa María. En uno de sus rincones se sabe que vivió la prestigiosa Lola Torres.


La calle de la Compañía, también llamada del Castillo o de Ruiz Jiménez, vio como en su trazado nacía la Compañía de Jesús. En esta se levantó una residencia y anexa al mismo se edificó una iglesia dedicada a San Eufrasio. En el siglo XVIII los edificios fueron ocupados por escuelas de gramática y retórica y por la sede del Monte de Piedad creado por la Congregación del Santo Sepulcro. Más tarde fue convento de los P.P. Agustinos, después colegio de Humanidades de Nuestra Señora de la Capilla, Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, Museo Provincial, Biblioteca Pública y Escuela Normal del Magisterio. Actualmente es sede del Conservatorio Oficial de Música.

La iglesia mantiene en su fachada las armas reales de Carlos III. Su interior, de planta rectangular, responde al tradicional esquema jesuítico. Se cubre con bóveda de cañón muy recargada de yeserías y ofrece dos órdenes de tribunas superpuestas. La antigua residencia de los jesuitas fue muy modificada en el siglo XIX para adaptarla a sus nuevas necesidades.

El Campillejo del Conde, desde 1930 Plaza de Cruz Rueda, ha sido una de las plazuelas más placenteras del barrio. Su nombre popular se debe a la existencia en su rinconada de una casa-palacio del Conde de Torralba, ilustre personaje que lo habitó entre los siglos XVI y XIX. Durante el siglo XIX albergó distintas dependencias municipales, convirtiendo la zona en el centro oficial de Jaén. En 1888 pasó a albergar el primitivo Colegio de Santo Tomás, sin embargo la guerra civil acabó con él y el solar se aprovechó para ampliar la plaza y para edificar un nuevo colegio público.

En el callejón del Consuelo se encuentra una hornacina dedicada a la Virgen del Consuelo. Por culpa del monumento existe un breve pasadizo en arco escarzano. En la parte derecha se puede ver un relieve con unos angelitos que figuran sostener un nicho coronado con un medallón donde se realza una alegoría del Espíritu Santo. Sin embargo, en el lado derecho se abría una pequeña capilla donde se guardaban los faroles y el estandarte de la cofradía del Rosario de Nuestra Señora del Consuelo.

La calle de las Escuelas, también llamada del Doctor Soria, era la vía elegida para abrir su centro educativo los P.P. de la Compañía de Jesús, obra del arquitecto jesuita Andrés Cortés. Justo enfrente se edificaron en el siglo XIX las casas-pensión de jóvenes estudiantes. En el número 1 vivió el catedrático José Moreno Castelló, uno de los personajes más queridos de la Jaén cultural del siglo XIX.

Calle Fajardo fue nombrada así por las casas en las que residieron los marqueses de los Vélez. En ellas aún existe una hornacina de azulejería dedicada al Santísimo Sacramento. La Plaza de la Fuente Nueva, posteriormente de la Merced, es el centro neurálgico de este entorno de la ciudad. En ella se levantó una fuente pública que se abastecía de las aguas procedentes del Raudal del Alamillo. También se existió el Real Convento de Nuestra Señora de la Merced, levantada en 1580 junto con su iglesia, del año 1712 y que aún se mantiene en pie, un patio claustral y un huerto jardín.


La iglesia mantiene aún sus dos portadas. La principal, abierta a la plaza, es de estilo barroco, mientras que la lateral, en la actual calle Merced Alta, es de estilo toscano. Su torre, recuperada en el siglo XIX, se asemeja al campanario ochavado de la Parroquia de San Ildefonso. Con la desamortización sólo se salvó la iglesia y su patio, mientras que el resto del recinto pasó a ser una fábrica de sedas. En la misma plaza se encuentra también lo que en su día fue residencia familiar del capitán Fernando Quesada y Ulloa, del siglo XVI, y que en la actualidad es sede de la concejalía de urbanismo del Ayuntamiento de Jaén.

Justo detrás de la parroquia se encuentra un callejón, en la actualidad sin nombre, pero que en época medieval era conocido como callejón de los Mártires, por la hornacina donde se representaba una escena de martirio. Junto a esta se encuentra la calle de la Paz, quizá la vía más representativa de lo que en su día fue el arrabal de Santa Ana.

La calle Cerón, en honor a dicha familia, formaba parte del camino de ronda del recinto primitivo amurallado de la ciudad. Tal poder tuvo dicha familia que en 1576 el Ayuntamiento tuvo que comprarle unas casas a don Juan Cerón para ampliar la calle. Esta era clave para el libre transcurrir desde la ciudad alta hasta el casco antiguo. A mediados del siglo XVIII se convierte en una calle gremial para, un siglo más tarde, transformarse en una vía comercial con la construcción de la Caja de Socorros, Ilustración y Recreos conocida también como Casino de Artesanos.

La calle Pilar de la Imprenta debe su nombre a un pilar-abrevadero situado en una pequeña plazuela al final de la misma. En uno de sus rincones se encontraba la casa del Doctor Freylas para luego convertirse en cuartel de las Milicias Provinciales, más conocido como El Cuartelillo. Entre 1867 y 1899 sirvió como residencia de las Hermanitas de los Pobres y en 1924, el Ayuntamiento lo compró para instalar en él un cuartel de la Guardia Civil. Con la demolición de estos edificios en los años 60 se diseñó una plazoleta en la que actualmente se encuentra la iglesia de la Inmaculada Concepción y la Casa-Hermandad de la cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Piedad y María Santísima de la Estrella.

La calle de las Jaboneras tomó su nombre de los pequeños negocios de venta y fabricación artesanal de jabón, mientras que la calle del Juego de la Pelota estuvo alternando su nombre con el de Carrera de Jesús hasta hace pocos años. En la parte izquierda de la calle Juan Montilla existió la Casa de los Contreras, o de los Condes de Corbull. Actualmente es residencia de ancianos.

En la calle de las Recogidas estuvo la Casa de los Fernández de Moya, luego transformada en las escuelas de Nuestro Padre Jesús, sede de Tabacalera y colegio público de Santa Teresa. Junto a esta se encuentra el Convento de Santa Teresa, recinto fundado en 1615 por Francisco Palomino Ulloa y su mujer Juana de Quesada. Anexa a ella se encuentra la hospedería y la casa de la demandadera, muy visitada por los dulces que elaboran las religiosas.

Frente al convento se encuentra el antiguo Portillo de San Sebastián y el Arco de los Dolores, lugar donde se diseñaron unas embovedadas cocheras municipales, anexo al Torreón del Conde de Torralba. El callejón de Luque, por don Juan de Luque, era un trazado que se utilizaba para acceder a los Reales Alcázares. En su prolongación se encuentra la calle de Buenavista, por un mirador desde donde se puede apreciar las grandes vistas que puedan existir de la Catedral.

La calle Llana es la vía principal del antiguo Arrabal de las Monjas. En ella existió un convento de religiosas franciscanas clarisas en 1368 y también innumerables viviendas nobles que allí se construyeron por existir justo a sus espaldas la Senda de los Huertos. A su inicio se puede visitar una hornacina dedicada al Cristo de la Buena Voluntad.

La calle Maestra Alta, desde 1903 dedicada a Almendros Aguilar, en su tramo inicial estuvo ocupada por viviendas de familias burguesas. En la zona se construyó también la Escuela Normal de Maestros y la Escuela de Comercial.

Sin embargo, la calle más popular de nuestra ciudad siempre ha sido la calle Maestra, una vía peatonal que siempre fue referente de la vida social y comercial de la capital del Santo Reino. Esquina con la Plaza de Santa María se encuentra la hornacina del Santo Cristo del Amparo, una escultura que ha sufrido las innumerables transformaciones de la vía, como las nivelaciones y ampliaciones realizadas en el siglo XVI.

En la calle de los Molinos de la Alcantarilla existieron unos molinos de viga donde se molturaba cosechas de familias particulares. La calle de los Muertos se utilizaba para rezar por los fallecidos que se enterraban en un cementerio cercano a la catedral. La calle de las Novias debe su nombre a seis supuestas chicas prometidas que al atardecer hablaban con sus novios a través de una reja, o lo que es lo mismo, pelaban la pava.

La calle del Obispo también fue conocida como calle del Toro, por los toros que allí se encerraban para soltarlos más tarde en la Plaza de Santa María, También se comenta que su nombre viene de una epigrafía con la efigie de un toro colocada en la esquina de las casas episcopales. Desde 1915 está dedicada a don Manuel María González y Sánchez, obispo de la ciudad entre 1877 y 1896. También se crearon en esta vía los juzgados, la Comandancia Militar y Caja de Recluta.

La calle de la Parra, anteriormente del Almendro y de la Buñolería, era la zona por donde se encontraba el Mesón de la Parra, del siglo XV y cerrada en 1965. Propiedad del Cabildo Catedral, junto a esta se alzaron las primitivas Casas Episcopales, comentado a lo largo de esta publicación. En pleno Cantón de las Descalzas se encuentra la calle de los Peñas, en honor a la familia del mismo nombre. Al principio de la misma se edificó durante muchos años El Correccional.

Sobre el muro de las Descalzas aún se puede disfrutar de una hornacina dedicada a la Virgen del Carmen. En la parte trasera de las Casas Capitulares se encontraba la calle de la Palma o de los Pilarillos, este último por las pequeñas fuentes públicas que recibían el agua del Raudal del Alamillo. Actualmente la vía es bautizada como calle de Julio Ángel.

La calle del Portillo debe su nombre a un portillo abierto junto al Arco de Noguera. Una vía cercana, la del Pozo, era un espacio donde se encontraba el pozo que paliaba la sed del barrio. Sobre ella se construyó una vivienda, y en su planta baja, se conservó el brocal de su fábrica. Este brocal actualmente fue trasladado a la calle de la Senda de los Huertos.

La calle de Mortero Moya, en homenaje a don Manuel María Montero Moya, estuvo ocupado en su primera parte por diferentes dependencias del Palacio Episcopal. Frente a ella se levanta la Casa de los Calancho, una vivienda que también fue sede del periódico El Liberal de Jaén, el más moderno y de mayor tirada del Jaén de inicios del siglo XX.

En esta vía se encontraba la Casa de la Corona, donde se centralizaba las dependencias de la Real Hacienda, y la torre-mirador del Obispado. En la Plazoleta de los Naranjos existió un pilar de agua que recibía el agua del Raudal del Alamillo. Cercana a este espacio se encontró una hornacina con una llave de hierro en el interior de estilo mudéjar que pudo ser propiedad de alguna familia morisca que fue expulsada de la Jaén en época medieval.


Junto a la actual Plaza de Cervantes existió, entre los siglos XV y XIX, la Cárcel Real. Cerrado el mismo, en 1873, el Ayuntamiento decidió sanear esos terrenos diseñando la actual calle Colón. En la parte central de esta nueva vía aún existe el antiguo Campillejo de la Cárcel, del que aún se conserva un soportal que facilita la comunicación, a través de la calle Muralla, con el barrio de San Bartolomé. En su parte final se encontraba la Casa de Socorro, dispensario municipal que atendía las primeras urgencias.

Volviendo a la calle de las Recogidas, actualmente dedicada al periodista Ricardo García Requena, existió un pequeño hospital, bajo la advocación de Santa Ana, abierto por la Congregación de la Vera-Cruz para atender a sus hermanos. En 1613 el obispado adquirió el complejo para dar vida al Recogimiento de Mujeres Descarriadas, donde se recluían a las mujeres que, según el Tribunal Eclesiástico, llevaban mala vida. A principios del siglo XVIII se le anexionó una iglesia que cerró en el año 1850. Su portada fue trasladada a un inmueble de la calle Arco de los Dolores. Después, este rincón fue una escuela municipal y también una escuela de canto. En su tramo final existió una hornacina dedicada al Santísimo Cristo de Burgos. Esta aún se encuentra en el barrio tras una temporada que fue trasladada a otro punto del mismo.

viernes, 31 de diciembre de 2021

Barrios de Jaén: Ejidos de Santa Isabel

La capital del Santo Reino siempre ha estado rodeada de ejidos que tanto han dado de comer a los vecinos de nuestra ciudad. Uno de ellos era el de Santa Isabel, bautizado así por la desaparecida ermita fundada en el siglo XV, justo a la derecha del camino que llevaba a Martos y a Córdoba, cercano a lo que luego fue la Granja-Escuela.

La zona fue ocupada por familias humildes que vivían en condiciones infrahumanas en las cuevas creadas por ellos mismos con mucho trabajo. Para tomar altura se abría una zanja a cielo abierto en cuyo extremo se excavaba la puerta y la propia cueva con una superficie que oscilaba entre los 16 y los 75 metros de longitud. La única luz que entraba en el interior de las mismas era la de la propia puerta, por lo que no era de extrañar que la vida cotidiana de sus residentes las realizaran al aire libre.

Tras la guerra civil, Ayuntamiento, Diputación Provincial y Delegación Sindical se hicieron cargo de la construcción de viviendas de bajo coste para entregarlas por sorteo a obreros que participaran en los trabajos de las mismas, solventando de este modo las enormes carencias que soportaban estas familias. Eran casas unifamiliares muy sencillas con trazado semicircular adaptadas a la pendiente del terreno.

A medida que se iban edificando nuevas viviendas unifamiliares, a mediados del siglo XX, se construyó una iglesia bajo la advocación de Santa Isabel sobre la plaza que lleva su nombre gracias al arquitecto Ramón Pajares Pardo, además de unos locales destinados a unas escuelas.

En los años 70, en el terreno existente entre la Avenida del Ejército Español, barrio de Santa Isabel y Avenida de Andalucía, fue elegido para construir bloques de pisos para familias de clase alta con una altura aproximada de siete plantas y grandes espacios interiores, uniendo de este modo la barriada con el centro de la ciudad. Por este tipo de construcciones desapareció un barranco procedente de La Magdalena, popular barriada de Jaén.

Con la expansión del barrio nacieron complejos emblemáticos que hoy en día se mantienen en pie a pesar de los innumerables proyectos que han existido para su cambio de sede. La Residencia Sanitaria Capitán Cortés se edificó por encima del destruido paraje de Marroquíes Bajos en los años cuarenta. Por culpa de estas operaciones urbanísticas desaparecieron yacimientos arqueológicos de la Edad de Bronce, restos arqueológicos romanos, un ciervo de bronce, un gran mosaico semicircular dedicado a la diosa Thetis y demás fragmentos de otros mosaicos de gran valor arqueológico.

El complejo hospitalario vio como en los años setenta, sobre su terreno, nacieron el Centro de Diagnóstico, Centro Materno-Infantil y la Escuela de Enfermeras. Junto a este recinto se diseñó también en los años cuarenta la casa-cuartel de la Guardia Civil, activa en pleno siglo XXI.

viernes, 8 de octubre de 2021

Barrios de Jaén: El Camino de Martos

Junto al barrio de La Magdalena existió un portillo, conocido como Puerta de Martos, que era punto de partida de un trazado de tierra que conectaba a la capital del Santo Reino con el municipio jiennense de Martos y la vecina provincia de Córdoba. Esta vía de comunicación es conocida como Camino de Martos y alrededor a esta han existido innumerables espacios que no tenían cabida dentro de la ciudad amurallada.


Ya Alfonso X El Sabio, en el siglo XIII, mandó construir sobre la zona una ermita dedicada a Nuestra Señora de la Coronada. Junto a esta también se levantó una torre con la que proteger a los huérfanos de las invasiones musulmanas. Los vecinos de la ciudad se acercaban hasta este punto para pedirle a la virgen protección para sus familiares cautivos. En un principio, la ermita era gestionada por la cofradía de los Ballesteros de la Coronada, hasta que en 1511 pasó a ser propiedad de los Carmelitas Calzados, levantando allí el primer Convento de la Coronada de la ciudad. De la ermita y del propio convento se comenta que tan sólo ha sobrevivido su portada, vendida y colocada en la Iglesia de Santa María de Linares.

También en este camino se levantó el primitivo Convento de la Merced sobre la desaparecida ermita de San Sebastián en el siglo XIV. Doscientos años más tarde, el complejo religioso se trasladó a su actual ubicación, pasando el edificio abandonado a ser de nuevo de San Sebastián hasta los primeros años del siglo XX.

El Peñón de San Lázaro debe su nombre a una ermita-hospital bautizada con el nombre del santo. Este era una institución benéfica donde se acogían a enfermos contagiados por la lepra y por otras enfermedades similares en el siglo XVI. De su ermita siempre se ha comentado que era el punto idóneo para guardar tesoros, algo que nunca se pudo demostrar pese a los innumerables intentos de muchas personas. Hoy en día es sede del colegio privado Alto Castillo.

Otro edificio emblemático fue la Estación de Olivicultura y Elayotecnia, un complejo creado en el siglo XX cuyos terrenos fueron cedidos por parte de la Diputación Provincial al Ministerio de Agricultura para que se hicieran cargo de la construcción del mismo. En ella se edificó también una ermita dedicada a Nuestra Señora del Pilar.


Durante muchos años fue atendida por el clero de La Magdalena. En sus inmediaciones, a lo largo del año, se concentraban los romeros del cerro de la Cabeza, de la Virgen Blanca, paseantes, lavanderas y un largo etcétera. También se construyó una fuente, el Pilar Nuevo, abastecida por las aguas procedentes de los peñascos cercanos a la Casería de Valcrespo, propiedad de los dominicos. De todo estos terrenos han perdurado algunos pabellones de lo que en su día fue un enclave esencial para el futuro del campo jiennense.

Cerro de los Lirios era el siguiente enclave rústico tras los ejidos de la zona, como el de Santa Isabel. Su posición estratégica jugó un papel determinante durante la Guerra de la Independencia, ya que en 1808 combatieron por la zona las tropas españolas y francesas. Desde este punto se puede divisar lo que queda de las ya urbanizadas vegas de las Fuentezuelas, Santa Isabel, La Imora y la campiña.

A mediados del siglo XX, junto con la Casería de la Escalona, el terreno fue utilizado como vertedero, provocando su destrucción como zona virgen. Frente al cerro se encontraba la ermita de San Antón, germen de las tradiciones populares de nuestras famosas lumbres y que, en un principio, fue gestionada por la cofradía laical de los Ballesteros de San Antón. Ellos, como miembros de la Orden, fueron los primeros en realizar los fuegos de invierno de origen pagano que condujo a su cristianización y a su rápida difusión.

La Imora es un paraje situado a las afueras de la ciudad, actualmente anexa a la Autovía del Olivar. Su nombre original fue el de Daymora, en pleno siglo XV, aunque existen escritos que demuestran que ya en época musulmana estos terrenos eran conocidos como Fuente Mora y que en ellos existieron jardines y huertas. Un espacio privado ya que la iglesia era dueña de esta parte de la ciudad. Con la desamortización de Mendizábal pasó a formar parte del pueblo.

En 1958, El Alcázar comenzó a construir una fábrica que duró cuatro años en ponerse en pie, construyendo un espacio que aún se mantiene activo. Cerca de esta se edificó un colegio privado en 1980, conocido como Guadalimar. Entre la ciudad y La Imora existía un paraje conocido como Cementerio Viejo, por los enterramientos que se realizaron por la zona y cuyos cadáveres fueron encontrados en recientes excavaciones arqueológicas.

En la Imora se encuentra una ermita que ya desde el siglo XV atendía las necesidades espirituales de los lugareños. En su interior se encuentra la imagen de la Virgen Blanca. Esta tuvo que abandonar la ermita por su estado ruinoso para trasladarse a una hornacina cercana a los muros de la Casería de la Imora y después a la parroquia de La Magdalena durante la Guerra de la Independencia.

A mediados del siglo XIX la ermita se reparó y la imagen fue trasladada a su primitiva residencia. La guerra civil provocó la destrucción de la virgen y después del conflicto bélico se compró una nueva imagen y una copia de cedro que se custodiaría en la parroquia de Santa Isabel, hasta que regresara de nuevo a casa. La nueva ermita data del año 1976 con una portada cuya entrada es de arco de medio punto coronada por espadaña y un atrio porticado.

Valdeastillas, sin embargo, es un barrio situado al otro lado de la Autovía del Olivar. Las construcciones tipo chalé se realizaron en los años sesenta aprovechando el agua de sondeos y su inmejorable posición.

En las faldas del cerro de Santa Catalina comenzó a edificarse tras la guerra civil el barrio de San Vicente de Paúl, más conocido como Antonio Diaz, aunque primeramente fuera bautizado como las Casillas del Obispo por la promoción que le hizo el obispo Félix Romero Mengíbar a la zona. Muy cerca de este punto, en 1950, el periodista Tomás Romero Bravo descubrió una cueva con una profundidad de más de treinta metros y bellas formaciones kársticas que daban a un pozo de más de veinticinco metros de profundidad y a otras grutas aun por explorar.

viernes, 6 de agosto de 2021

Barrios de Jaén: San Miguel

La desaparecida barriada de San Miguel siempre ha estado ligada al histórico entorno de La Magdalena. Con tan sólo una veintena de calles, allí se concentró un amplio número de vecinos de la ciudad. Su declive vino de la mano de la extinta parroquia de San Miguel. Este fue un edificio del siglo XV muy parecido a la iglesia de San Bartolomé y San Andrés. Su fábrica estaba formada por una planta basilical con tres naves separadas por triple arco formero semicircular en la cabecera. Sus puertas fueron cerradas en 1843 y su terreno fue vendido a particulares en 1874. Aún se mantienen en pie algunos restos de la iglesia por culpa de las viviendas particulares que la mantienen escondida.

Cercano al barrio se encuentra la actual calle de Millán de Priego, anterior ronda exterior de la muralla. Por esta vía se accedía a la Huerta del Poyo, Huerta del Pariente y Huerta de la Calatrava. En mitad de este tramo se encontraba la Puerta del Sol, primer punto del municipio por donde entraban los rayos solares a la ciudad. Junto a ésta se levantó una fuente-abrevadero, hoy Pilar del Arrabalejo, y una hornacina dedicado al Santo Cristo de la Salud.

También sobre la zona se levantó en el siglo XX la Escuela Elemental de Trabajo, luego Escuela de Maestra Industrial, Instituto de Enseñanza Secundaria y el edificio de las Religiosas del Divino Maestro, del que también fue centro educativo entre 1946 y 1985.

La calle Borja fue una callejuela que ocupaba una parte de la muralla desaparecida y que ha quedado como un espacio sin tránsito por la ampliación del Hospital Provincial. La calle de Cambil llevaba a una primitiva puerta de muralla y la calle de Contreras, conocida también calle de la Portería de Santo Domingo, debe su nombre a la existencia en el lugar de un convento dominico.

En la calle de los Hornos Francos existieron unas tahonas en las que se cocía pan para consumo propio mientras que en la calle del Hospital de San Miguel se encontraba el hospitalico de la parroquia, cuya función era atender a ancianos inválidos y desfavorecidos. Sobre la Plaza de San Juan de Dios reina el edificio del antiguo Hospital del mismo nombre, institución benéfica administrada primitivamente por el Concejo bajo el título de Hospital de la Santa Misericordia.

El centro sanitario fue cedido a la Diputación Provincial tras la desamortización de Mendizábal, que lo convirtió en Hospital General de la Beneficencia Provincial auxiliado por una comunidad de Religiosas Hijas de la Caridad. En la actualidad sigue siendo sede del Instituto de Estudios Giennenses.

La calle de las Lavanderas recibe su nombre por las mujeres que trabajaban como lavanderas en las casas señoriales del barrio, mientras que en la calle de San Miguel se encontraba la iglesia del mismo nombre. Un entorno, ya en la calle del Altozano de San Miguel, donde se encontraba, junto con la calle de los Uribes, la Casa de la Piedra.

En la calle de Santo Domingo abrió sus puertas una escuela de niñas en 1885 fundado por las Religiosas Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, conocido como La Miga. Presidiendo la zona existe una pequeña hornacina dedicada al Señor de la Clemencia. La calle de Noguera sirvió de ronda de muralla por el interior de la misma. Una vía a la que ya se le cambió el nombre en el siglo XIX por el de Fernando IV. Gracias a esta se podía ir desde la ciudad vieja a las huertas de la zona y viceversa.

La calle del Vicio fue popularmente llamada así porque en esas casas se ejercía la prostitución. La calle de la Oliva, sin embargo, fue una vía que se dirigía hacia la calle Puerta del Sol buscando la desaparecida Fuente del Piojo. Al inicio de esta se abrió, en el siglo XX, el Cinema Jaén. Delimitando el barrio se abrió la calle de Santa Úrsula dirección el Campillejo del Poyato.

La calle de las Viejas, por último, era una vía fronteriza entre los barrios de San Andrés y San Miguel, anexo al jardín del Palacio de Villadompardo. En ella se levantó en 1931 la primera Casa de Maternidad que hubo en la capital del Santo Reino.

viernes, 23 de julio de 2021

Barrios de Jaén: La Magdalena

La Magdalena ha sido el germen de la ciudad que tenemos hoy en día. Se dice que su raudal fue edificado en época romana porque era el único punto del cerro de Santa Catalina por donde se expulsaba agua. Hoy en día el enclave urbano es una zona con grandes carencias y demasiadas descompensaciones. En el siglo XIX amplió fronteras con la anexión de la parroquia de San Miguel, quedando el barrio a su extensión actual.


La Plaza de la Magdalena es el verdadero corazón del barrio con la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena presidiendo el lugar. Anteriormente, esta fábrica religiosa fue una mezquita musulmana distribuida en cuatro naves, patio porticado con estanque y una torre morisca. En el siglo XVI quedó su estructura como templo de arquitectura gótica rectangular con naves separadas con pilastras que soportan arcos apuntados y sus bóvedas.

El antiguo alminar de la desaparecida mezquita fue convertido en torre con planta octogonal rematado con cerámica vidriada allá por el año 1555. En esta intervino el prestigioso arquitecto Andrés de Vandelvira. Su última remodelación fue entre 1966 y 1983, manteniendo su aspecto actual.

Frente al templo se encuentra la Fuente de la Magdalena, espacio famoso por una leyenda simbólica de la ciudad de Jaén, la del Lagarto de la Magdalena, de la Malena o de Jaén, como se prefiera nombrar. A mediados del siglo XX el entorno sufrió una fuerte mejora que provocó la destrucción de diversas casas solariegas, como la famosa Casa de los Rincones, de época medieval.

La calle Alta y Baja de la Magdalena cumplía la función de calles maestras del barrio, porque para ir a cualquier punto del mismo había que atravesar alguna de estas dos calles. Ambas vías concluían en las murallas de la ciudad, más concretamente en la desaparecida Puerta de Martos. De éstas, la calle Alta de la Magdalena vio como, en su margen izquierdo, se encontraba la ermita de San Sebastián, posteriormente Humilladero de Nuestra Señora de Consolación.

La calle de la Almona, hoy conocida como de Santa Úrsula, debía su nombre a una almona u obrador donde se elaboraba jabón. Esta vía conectaba la Plaza de la Magdalena con el campillejo del Poyato y la Puerta del Aceituno. Desgraciadamente, en el siglo XX, con las ampliaciones del antiguo Hospital de San Juan de Dios, la dejaron totalmente desfigurada. Al principio de la calle, junto a la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena, se edificó un edificio para que en él se le pudiera dar cobijo a las mujeres de mala vida que residían en la capital. Posteriormente, en el siglo XVI, la casa se transformó en el Convento de Santa Úrsula, un complejo, hoy en día cerrado, cuya imagen más venerada es la de Santa Rita de Cassia.

En la desaparecida calle de Atienza, hoy en día un tramo de la actual calle del Molino de la Condesa Teresa de Torres, se instalaron unos molinos harineros que se servían del Raudal de la Magdalena. En el siglo XV, Teresa de Torres, esposa del Condestable Iranzo y Condesa de Villadompardo, los compró, de ahí el nombre de la calle.

El diseño de la actual vía se debe a una reordenación de mediados del siglo XX en el que se sanearon callejones, se demolieron casas y se reordenó urbanísticamente la zona con el único fin de crear una calle con la suficiente amplitud como para dar salida al tráfico rodado del barrio hacia las nuevas zonas de expansión de la ciudad.

La calle Vacas de la Magdalena puede ser la via que reine la parte alta del barrio. Junto a ella existen multitud de calles empinadas denominadas de Bovadilla. Empedrada de la Magdalena fue la primera calle que pavimentó su suelo con un empedrado original. Al principio de la misma se encuentra un monumento dedicado al famoso lagarto de Jaén, del que se dice que pudo existir una cueva donde se refugiaba el animal.


En la calle Horno de los Mírez se edificó la denominada la Casa de los Priores, residencia de los priores y párrocos de la parroquia de la Magdalena. Muy cerca de ella se encuentra la calle del Hospital de Santa María Magdalena, más conocida como del Hospitalico, por el edificio sanitario que atendía a enfermos y desvalidos del barrio. Con la desamortización de Mendizábal la casa pasó a formar parte de las administraciones públicas, y con este hecho el espacio se transformó en hospitalico o casa de acogida para ancianas sin familia o, posteriormente, en unas escuelas públicas hasta que el mismo fue destruido.