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viernes, 3 de diciembre de 2021

Crimen de la Catedral

El pasado 3 de julio de 2006, sobre las 3:30 de la madrugada, se escucha en la Plaza Santa María el siguiente grito: Ven aquí Satanás, que soy tu hermano.

Poco después fue encontrado en dicho espacio el cuerpo sin vida de Francisco de la H. M., natural de Jaén, de 59 años, desnudo, con la cabeza sobre un montón de excrementos y plumas de paloma, y una bolsa de plástico transparente con los mismos deshechos sobre la espalda. La víctima murió de una insuficiencia cardiaca que le provocó la caída accidental que acabara con su vida.

Se dice que sobre esa hora, en la plaza, se encontraba un joven alto que llevaba una camisa de cuadros y que aparece fugazmente en las cámaras de seguridad que se encuentran colocadas en el edificio municipal del Ayuntamiento de Jaén. A esta persona se la ve doblando la esquina hacia la calle Bernabé Soriano. Nunca se supo de la identidad de esta persona.

La noticia llegó a tener repercusión nacional, asegurándose que todo formaba parte de algún rito satánico.

La policía cerró el caso con la hipótesis de que Francisco H. M. había muerto por una caída accidental, y que probablemente un compañero de juerga quiso gastarle una broma desnudándolo y rociándolo con excrementos para ver qué pasaba cuando despertase. Sólo que no despertó.


viernes, 29 de octubre de 2021

Crimen de la Cabaña

En la madrugada del 16 de marzo de 1985, Rafael Cortés Fernández fue asesinado tras ser acuchillado a las puertas de la sala de fiestas La Cabaña, en plena Fuente de la Peña. Aunque fue trasladado en taxi a la antigua residencia Capitán Cortés, nada pudieron hacer por su vida.


Cuatro días más tarde, Luis M. R. y Matías R. M., de etnia gitana, fueron detenidos porque los cuerpos de seguridad del estado determinaron que tanto estos como el fallecido estuvieron juntos aquella noche en el local e incluso estuvieron cantando flamenco. Uno de los primos, bien por una discusión o por un robo frustrado, le asestó un navajazo en la femoral a la víctima, lo que provocó que se desangrara en cuestión de minutos.

En febrero de 1987 se celebró el juicio pertinente, donde los detenidos se acusaron mutuamente. Por desgracia, el forense no pudo determinar si alguna de las navajas intervenidas a los procesados fue la utilizada en el crimen, por lo que, ante la falta de pruebas, los magistrados se vieron en la obligación de absolver a los acusados. La sentencia dejó sin castigo a un asesino para impedir el encarcelamiento de un inocente.


viernes, 4 de diciembre de 2020

Crimen del Pub Princesa

Manuel José Castro, tosiriano de 37 años y camarero del Pub Princesa, fue encontrado muerto en dicho local el 23 de marzo de 1995. El cuerpo presentaba un fuerte golpe producido por un extintor y varias heridas de arma blanca en el pecho. Este fue hallado envuelto en espuma, según la policía, en un intento del asesino por borrar cualquier indicio que lo involucrara.

Durante semanas la policía interrogó a los clientes que esa noche estuvieron en el establecimiento, a amigos de la víctima y a delincuentes habituales. Los investigadores no encontraron nada. Cuando la investigación parecía estar en punto muerto, meses después, un vecino de la capital con graves problemas psiquiátrico amenazó a una pareja con un cuchillo.

Fue la madre quien denunció a su hijo porque este le había confesado que había cometido un crimen. Cuando la policía registró su casa, encontró el arma y un pijama del hospital manchado de sangre. Francisco José C. A. fue ingresado en prisión por orden del juez, pero debido a sus trastornos mentales fue trasladado a la planta de psiquiatría del Hospital Princesa.

Las pruebas forenses que se efectuaron dieron como resultado que la sangre hallada en dicho pijama pertenecía al camarero asesinado. Por desgracia, cuando estos resultados se hicieron públicos, el asesino se suicidó. El caso fue archivado de forma provisional en 1997 aún sin esclarecer si Francisco José pudo o no contar con la ayuda de una presunta mujer de la que nunca existieron pruebas sólidas que la incriminara en los hechos.

viernes, 30 de octubre de 2020

Crimen del estudiante de COU

El 22 de diciembre de 1983 Jaén vio cómo se encontraba el cuerpo sin vida de Gonzalo Muñoz Ramos, un estudiante de COU del Instituto Virgen del Carmen, en una zona de difícil acceso en el Arroyo de Valparaíso. El cadáver presentaba un fuerte golpe en la cabeza, cinco heridas cortantes de 20 centímetros de profundidad, del que uno de ellos le atravesó el corazón, y pequeñas mordeduras.


Las fuerzas de seguridad del estado pensó en un primer momento que la víctima pudo participar en una pelea al encontrarse ribera arriba pisadas de al menos tres personas, resbalones en el barro, colillas, un abrigo y sangre de la víctima.

Un confidente de la policía alertó a esta de que el joven había cambiado de amigos y que frecuentaba un bar en compañía de una mujer morena, menuda y de cara redonda. También se supo que la víctima le regaló a esta chica un machete comprado en una desaparecida armería en la calle Bernabé Soriano.

La hipótesis que sostuvo los investigadores decía que el estudiante mantenía una relación sentimental con una mujer que pudo costarle la vida. Debido a la falta de pruebas, el crimen prescribió en diciembre de 2003 sin conocerse quién era la pareja de la víctima y por qué desapareció esta sin dejar rastro.


viernes, 5 de octubre de 2018

El crimen de los novios

http://extraconfidencial.com/wp-content/uploads/2015/09/pq_929_crimen-novios-de-Jaen-portada.jpg
Un olivar anejo al camino de cuevas, próximo a la carretera de Fuente del Rey, fue testigo del último encuentro entre Oscar y Ana, jóvenes jiennenses de 21 y 19 años respectivamente. Cuando la noche cubría su encuentro, dentro del Renault Clio de las víctimas, tres siniestras figuras los rodearon. Estos deslumbraron a los jóvenes con una linterna y les encañonaron con una escopeta recortada a través de los cristales empañados. Oscar, en un acto instintivo, saltó al asiento delantero y se puso al volante. Lamentablemente no le dio tiempo a poner el coche en marcha. Un gran estampido hizo estallar en mil pedazos el cristal de su puerta y los perdigones se incrustaron en el hombro del joven. Acto seguido, el asaltante introdujo el arma y, apoyándola en la sien de Oscar, realizó un segundo disparo a bocajarro que le destrozó la cabeza. El chico se desplomó sobre el asiento del acompañante ante los gritos histéricos de Ana María que la obligaron a bajar del coche y caminar por el olivar con rumbo desconocido. La joven fue llevada a otro lugar donde fue violada por los asaltantes y de nuevo fue llevada junto al coche para ser asesinada de rodillas. Eran las once de la noche del domingo 7 de junio de 1992.


La policía siempre apuntó al movil sexual ya que los asaltantes no se llevaron ningún objeto de valor. Lamentablemente, la investigación policial fue la protagonista de este caso, ya que no se recuerda tantos errores policiales en un procedimiento de semejante importancia.

La policía realizó un reportaje fotográfico en el lugar de los hechos sin carrete en la cámara. Además, el día en que fue encontrado el cuerpo de Oscar, al caer la noche, se suspende la búsqueda de Ana María, aún sospechando que la joven podría estar secuestrada, porque tenían que hacer el relevo con el turno de noche. Finalmente, el cuerpo de Ana María se encontraba a 200 metros del lugar donde se encontró a Oscar, en olivar llano, y la policía no supo buscarla. El forense extrajo muestras de sangre que se enviaron a Sevilla, y muestras de ADN y semen que se enviaron a Granada. Las pruebas, totalmente contaminadas por no seguir el protocolo correspondiente, tardaron doce días en llegar a la capital andaluza, y quince en llegar a la ciudad de la Alhambra.

Un año después de lo sucedido, un policía de paisano en sus horas fuera de servicio, encuentra en el lugar del crimen un pendiente de Ana María. Además, el coche donde murió Oscar, que estuvo aparcado varios meses en el Parking de la comisaría de Jaén, fue devuelto a la familia del joven. Cuando dicha familia lleva el coche a un taller para reparar los daños, un empleado del taller encuentra la esclava de oro que Ana María llevaba encima, demostrando la inspección ocular realizada por parte de los miembros de seguridad del estado. Ante todos estos hechos, el caso fue sobreseído en un primer momento en 1994.


Cerrado el caso, años más tarde, otra pareja sufrió un ataque similar en el entorno del barrio de las Fuentezuelas, con la diferencia de que estos últimos sí pudieron escapar de los asaltantes. Dos semanas después, una joven universitaria fue secuestrada y violada en el cortijo de La Casemira, cerca de la estación de Renfe. Estos hechos provocaron que la policía centrara su atención en esa zona de Jaén.


http://andaluciainformacion.es/media/94036/460/345/los-crmenes-que-nadie-resolvi.jpgEn dicho cortijo, la policía encuentra a un vagabundo que describe, dos años después, cómo un tío y un sobrino lo invitan a él a un lugar para raptar a una chica y violarla. El vagabundo se niega y tío y sobrino raptan a Ana María para llevarla al punto de encuentro con el testigo. Años después, el vagabundo supo describir a la perfección la ropa de la joven, identifica a tio y sobrino y, además, describió como escuchó los disparos que recibió Ana María.


La policía no apoyó la idea de que el vagabundo recordara a la perfección la ropa de la joven tanto tiempo después y el juez ordenó que se revisara los recortes de prensa para ver si en ella se hizo mención alguna sobre la vestimenta, pero no fue así.

Por otro lado, aún estando deformadas las pruebas de semen, sí se pudo demostrar  que existió restos de una tercera persona en las partes íntimas de la joven, y que éstas correspondía a las del sobrino. Ante estos resultados, el juez ordena realizar escuchas en la celda de la prisión provincial, donde tio y sobrino estaban encerrados, por si alguno de estos revelaban algún dato que les perjudicara, pero una defensa hábil alegaba que esta orden atentaba contra la intimidad de los acusados y las escuchas que se realizaron fueron desestimadas.

Se celebró un primer juicio, cuyo resultado fue la libertad de los acusados por falta de pruebas. La familia recurrió ante el Tribunal Supremo pidiendo que finalmente las escuchas se admitieran como prueba. Dicho tribunal falló a su favor y se celebró un nuevo juicio en Jaén con un tribunal distinto, pero las escuchas estaban tan mal hechas que finalmente no se llegó a nada claro, repitiéndose el éxito del primer juicio.


Finalmente, el Tribunal Supremo archivó el caso definitivamente en el año 2001 sin que los asesinos hayan pagado por sus actos.