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viernes, 15 de octubre de 2021

De leyenda: Las Tres Morillas

En los últimos años de reinado árabe sobre la capital del Santo Reino hubo un monarca, llamado Rey Alhamar, que tuvo que sufrir la pérdida de su esposa tras el parto de tres hermosas niñas; Aixa, Fátima y Marien.

Aquellas niñas se convirtieron en tres bellas damas, y su popularidad era tal que las habladurías de la época habían traspasado las fronteras de Jaén. Es por ello que su padre las mantuvo encerradas dentro del Alcázar Viejo del Castillo de Santa Catalina, para protegerlas de las miradas de los hombres.

Un buen día llegó a Jaén un emisario del monarca cristiano Fernando III para entregar al rey Alhamar una carta. Alhamar ordenó que el soldado se alojara en la fortaleza los días que permaneciera en la ciudad mientras meditaba la respuesta de esa propuesta.

En una cena, mientras estaban sirviendo los postres, las tres hermanas entraron jugando a la estancia y al observar al soldado estas se quedaron tan impresionadas que salieron corriendo del comedor con la misma velocidad con la que entraron. Tras este hecho, tanto las tres hermanas como el emisario fueron presentados formalmente. Desde ese momento, el soldado cristiano buscó sin cesar a las bellas damas por toda la fortaleza sin éxito.

Alhamar dio respuesta formal al monarca cristiano, por lo que el emisario tuvo que abandonar la fortaleza árabe. Varios meses después, el caballero cristiano regresó en secreto a Jaén para conquistar a una de las hermanas. Ya en el interior del recinto fortificado, se escondió en un huerto, y es allí donde pudo escuchar una canción entonada por las tres hermanas.

“¿Do estarás ahora hermoso galán, que solo pude verte un día? ¿Qué triste se tornó mi vida, desde que te perdiste en la lejanía!”

El soldado se acercó a ellas sigilosamente y les preguntó si ese caballero era él, porque desde que las vio se enamoró de cada una de ellas. Aixa, con lágrimas en los ojos, le dijo que su amor era imposible porque su padre la había cortejado con un señor de Granada muy poderoso aunque ella también sufriera de amor por él.

Las hermanas, entonces, decidieron entrar al interior del castillo, y el caballero cristiano las siguió. En ese intento, el joven soldado fue capturado por las tropas del rey Alhamar. A los pocos días el monarca nazarí se entrevistó con el soldado, que le contó lo que le había ocurrido. Alhamar, finalmente, con todo el dolor de su corazón, decidió permitir que Aixa pudiera casarse con el caballero cristiano, aun sabiendo que no volvería a ver a su hija nunca más.

El caballero cristiano permitió que Aixa pudiera ver a su padre al menos una vez al año y, resuelto ese escollo, Alhamar permitió que sus otras dos hijas, Fátima y Marien, eligieran marido. Alhamar puso al tanto a Fernando III de lo sucedido y, este último, que se encontraba en Úbeda, le comunicó que deseaba apadrinar la boda. Todos se trasladaron a Úbeda, donde se celebró el bautizo de la bella mora y, a continuación, la boda.

Se puede decir que de esta hermosa leyenda nació un bello cancionero en pleno siglo XV que dice lo siguiente:

Tres morillas me enamoran en Jaén,

Axa, Fátima y Marién.

Tres morillas tan garridas iban a coger olivas,

y hallábanlas cogida en Jaén, Axa, Fátima y Marién.

 

Y hallábanlas cogidas y tornaban desmaídas

y las colores perdidas en Jaén. Axa, Fátima y Marién.

 

Tres moriscas tan lozanas, tres moriscas tan lozanas

iban a coger manzanas a Jaen, Axa, Fátima, y Marién.

Díjeles: ¿Quién sois, señoras, de mi vida robadoras?

Cristianas que éramos moras en Jaén.

Axa, Fátima y Marién.

 

Tres morillas me enamoran en Jaén.

Axa, Fátima y Marién.

También en 1931, el propio Federico García Lorca popularizó esta leyenda dentro de los cinco discos gramofónicos que contenía un total de diez canciones, entre ellas las Morillas de Jaén, que grabó con la voz de Encarnación López La Argentinita.


viernes, 19 de marzo de 2021

De leyenda: Jasmina

Cuenta la leyenda que Jasmina era una joven bellísima, mora, de ojos rasgados y verdes, que vivía en el Alcázar Nuevo del Castillo de Santa Catalina al ser amante de don Miguel Lucas de Iranzo, Condestable de la ciudad. Dentro de la corte, existieron muchos nobles envidiosos, quizá por esta aventura amorosa, o porque estaban celosos del trato a favor que el Condestable daba a moros, gitanos y judíos.


Aprovechando uno de los viajes que don Miguel Lucas realizaba por causas de guerra, un grupo de nobles entró en la habitación de Jasmina. Estos la violaron, estando embarazada, y la quemaron viva. Desde entonces, se comenta que por los atardeceres se escucha por la zona el llanto de la bella princesa mora por las almenas de la fortaleza, esperando a su amado.

En 1960, mientras se construía el Parador Nacional de Turismo, un guarda de seguridad aseguró ver a la joven mora por la antigua entrada al Centro de Interpretación, es decir, por las actuales escaleras de la cafetería del parador. En alguna ocasión, al tomar una fotografía al cuadro del Condestable que actualmente se expone en el salón de armas del Parador de Turismo, esta ha salido velada.

Muchos aseguran que esas visiones y sollozos pueden ser también de la mora del antiguo palacio de los Reyes, en el Convento de Santa Catalina, o por la mora fallecida en Caño Quebrado.


viernes, 16 de octubre de 2020

De leyenda: La Cruz del Castillo

En 1246, Fernando III El Santo, monarca cristiano, conquista definitivamente la ciudad tras un pacto alcanzado con el rey árabe Alhamar, por medio del cual el monarca cristiano se queda con la Cora de Yayyan a cambio de que Alhamar conquistara la ciudad de Granada con las tropas de Fernando III.


Cuando Fernando III sube a la cumbre del cerro de Santa Catalina para entrar al interior del Alcázar Viejo árabe, ordena a sus seguidores que lo sigan en su caminar. Sin embargo, uno de sus capitanes desobedeció esa orden y se dirigió al pico de la colina para clavar una espada en señal de victoria.

Fernando III se entera de la noticia y cuando ve el resultado, ordena a las hermanas clarisas de la capital del Santo Reino, orden religiosa fundada por el propio monarca, que se encargaran de colocar todas las cruces de manera que fueran necesarias a lo largo de la historia para que, de este modo, el mundo entero se percatara de que Jaén era ciudad cristiana. Las hermanas clarisas cumplieron con la labor hasta mediados del siglo XIX, cuando la familia de don Juan José Balguería se ofreció para costear una nueva cruz y al mantenimiento de la misma.

En 1951 se construyó la cruz actual, y al pie de la misma se puede leer una inscripción que dice: Esta Cruz, siguiendo piadosa tradición, ha sido costeada y donada al pueblo de Jaén, por los hermanos de doña Dolores y don Eduardo Balguerías Quesada. Jaén, Octubre de 1951.

Existe también una leyenda reciente relacionada con una cruz anterior a la actual. Los más antiguos sostienen que, en una tarde de viento y lluvia habitual en la capital del Santo Reino, la cruz de hierro que coronaba el cerro fue arrancada de cuajo del lugar, y los más exagerados comentan que dicha cruz bajó a tal velocidad que pudo abrir la puerta central de la Catedral de Jaén, una historia que, en verdad, es muy difícil de creer.

viernes, 25 de septiembre de 2020

La desaparecida Alcazaba Emiral y Califal de Jaén

En plena conquista musulmana, Jaén recobró la importancia de antaño gracias al impulso urbanizador que llevó a cabo el emir Abd al-Rahman II culminando con el traspaso de la capital de la Cora a la Madina de Yayyan, hasta ahora ocupado por Madina Mantisa.

En la ciudad se crea un nuevo sistema defensivo con la construcción de una alcazaba en la vertiente norte del cerro de Santa Catalina, en concreto en el llanete donde actualmente se encuentra los restos de muralla. Se dice que el terreno ocupado por la alcazaba pudo tener la misma extensión que el del núcleo romano republicano que allí existió.


Las murallas descendían desde la cumbre para girar en dirección este a la altura del Postigo de la Llana buscando la zona sureste de la ciudad. Quizá la alcazaba pudo jugar un importante papel defensivo-residencial, sin embargo, a excepción del espacio residencial, no se han encontrado restos de otras estructuras, por lo que pudo tratarse de un amplio recinto prácticamente vacío.

Hay quienes relacionan este punto geográfico con una alcazaba descrita por Ibn Hayyan que a su vez estaba relacionada con una rebelión producida en el año 902 por el bereber Umar b. Mudimm al Hatruli, miembro de la milicia que servía al gobernador de la Kura. Este se sublevó contra el emir Abd Allah, asesinando al gobernador y encerrándose en la Alcazaba gracias a la guarnición que llevaba, un sector de la población jiennense y al rebelde Ibn Hudayl. Este último lo abandonó a su suerte por las presiones de Abu-l- Abbas b. Muhammad b. Abi Abda, siendo reducido por las tropas del emir cordobés y conducido a la capital.

Durante trescientos años, en concreto entre los siglos XI, XII y XIII, se produce un proceso de transformación de la alcazaba importante debido a los numerosos problemas políticos en al-Andalus y el acercamiento de las tropas cristianas inmersos en su plan de reconquista. Por culpa de este último hecho, aumenta el número de pobladores, lo que provoca una intensa reforma de murallas, forrando los lienzos con material de argamasa, y se construyen nuevas viviendas en el interior de la alcazaba, transformando el espacio en una zona residencial.


En unas investigaciones realizadas en los años noventa del siglo pasado, se ha podido demostrar la existencia de cimentaciones de un gran edificio tapial de planta rectangular. Cerca de esta se localizaron diferentes estructuras de fortificación, casi cuadrangulares, utilizado presumiblemente por musulmanes entre los siglos VIII, IX y X. El edificio principal se encontraba anexa a la muralla, a la altura de la puerta nueva.

Al interior se accedía a través de una puerta que conectaba directamente con un patio. Aun se puede observar los restos de un posible pórtico de pilares de ladrillo que pudo ser utilizada como acceso al salón principal o a la sala de recepción. La estructura estaba formada por cuatro naves laterales que servía para proteger la pendiente del cerro.

Se puede decir que la estructura de dicho edificio responde a un modelo de vivienda islámica, o lo que es lo mismo, una residencia cerrada al exterior, sin apenas vanos, rodeando el patio central de dependencias privadas, donde se desarrollaría la vida familiar de sus habitantes. También se piensa que el edificio pudo tener espacios administrativos, lo que supondría que la residencia era la del gobernador de la ciudad.

Sobre esos terrenos también se han encontrado restos de un edificio de época Emiral construidas en tapial de tierra sobre basamento de mampostería, que pudieron formar parte de un edificio eliminado en época califal para construir otro de mayor tamaño y envergadura. Quizá esta última residencia pudo ser la del gobernador en época de Abd al-Rhaman II.

Entre los siglos XII y XIII se transforma el entorno definitivamente, pasando de ser un espacio palatino-militar a reorganizarse en su interior como vivienda comunitaria, construyéndose varias viviendas en sus zonas colindantes.

Ya con la reconquista cristiana, la zona cayó en desuso, lo que provocó su lenta desaparición en los siguientes años.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Castillo Abrehuy en la cumbre de Santa Catalina

En la actualidad muchos pueden pensar que las dimensiones de la fortaleza cristiana que reina nuestra ciudad corresponde al espacio comprendido entre el Centro de Interpretación del Castillo de Santa Catalina y el Parador de Turismo. Nada más lejos de la realidad. Hubo una tercera fortaleza, anexa al parador, que data del siglo XII y que pudo estar en funcionamiento hasta la huida de los franceses, allá por 1812.


El espacio ocupado iba desde la actual piscina del parador hasta la finalización de los merenderos del cerro si lo miramos desde Caño Quebrado. Sus lienzos y torres fueron construidos en tapial de tierra revestido en argamasa. El lienzo sur tuvo que ser adaptada a la roca que reina esta parte del cerro, provocando que las seis torres que pudo tener este castillo se tuvieran que construir entre el lienzo norte (cinco de ellas) y el lienzo oeste, todas ellas de planta cuadrada. Algunos historiadores comentan que el Castillo Abrehuy protegía el flanco que daba al Cerro Neveral y que tenía un aljibe que se abastecía por un sistema de acequias.


En la actualidad, aún se puede apreciar la planta irregular del castillo conformado por lienzos de muralla adaptados a los escarpes rocosos por su lado sur, y paños de muralla reforzados por cinco cubos rectangulares al norte, donde se albergaba una azotea en la parte superior. También se sigue alternando hiladas de ladrillo macizo con mampostería regular, un sistema típico de construcción almohade.

Lastima que esta riqueza arquitectónica sea aun una de las asignaturas pendientes de investigación y restauración en nuestra ciudad, presentando el lugar un lamentable estado de degradación y abandono.

viernes, 11 de septiembre de 2020

El Alcázar Viejo del Castillo de Santa Catalina

La invasión musulmana trajo consigo la construcción de un recinto amurallado en la cumbre del cerro de Santa Catalina que, a su vez, estaba dividido en dos partes. Por un lado se encontraba la fortaleza Abrehuy, que lindaba entre los actuales merenderos del cerro y la piscina del Parador Nacional de Turismo. El resto, ocupaba el espacio comprendido entre dicha piscina y la Torre de la Vela del recinto. Este espacio se le conocería con el nombre de Alcázar Viejo. En época cristiana, con la construcción del Alcázar Nuevo, el Alcázar Viejo quedó delimitado en lo que hoy se conoce como Parador Nacional de Turismo.

Salvo por un aljibe, a lo largo de ocho siglos, el espacio carecía de comparticiones y dependencias, lo que hace pensar que su uso pudo ser de refugio y de última defensa. En algunos de sus tramos, las murallas utilizaron como basamento restos de una posible estructura iberorromana construida con anterioridad. Estas eran amplias y gruesas y contaba con torres de flanqueo, la mayoría de ellas hacia el norte. La mayoría de estas torres eran cubos macizos huecos, lo que hace pensar que el interior de las mismas pudieron ser utilizadas como almacén.


Existían varias puertas de acceso en todo el recinto. La primera se situaba en el lienzo sur, la segunda comunicaba el Alcázar Viejo con el Castillo Abrehuy, facilitando la construcción de espacios residenciales con varias plantas, aljibes y almacenes gracias a la dificultad del terreno. Este modelo de construcción se debe a otras fortificaciones realizadas en Al-Ándalus entre los siglos XI y XII, haciendo distinción entre un primer recinto, edificado a un nivel inferior, y el resto de la fortaleza, con el objetivo de crear un espacio defensivo que sirviera de obstáculo para no poder alcanzar el centro del recinto.

Durante esa época se edificaron espacios áulicos, dentro del recinto, aprovechando los espacios existentes entre la muralla defensiva y los afloramientos rocosos del cerro. Las murallas del extremo este se convirtieron en los límites externos de la fortificación. Por desgracia, se conservan muy pocos elementos del mismo, estando configuradas por lienzos de tapial de argamasa sobre basamento de mampostería ajustado al relieve, haciendo imposible la construcción, en esa parte, de torres de flanqueo.


El aislamiento se realizó a través de un espolón rocoso, quedando entre éste y la muralla un espacio conocido como zona de tránsito, y que conducía a la puerta de acceso al interior del palacio islámico y al pasillo de acceso a las dependencias del servicio.

En la segunda mitad del siglo XIII, con la conquista cristiana, se edificaron en el interior dependencias tales como la capilla del Salvador y algunas cisternas, manteniéndose durante siglos estructuras defensivas islámicas, muchas de ellas revestidas con forros de mampostería. La primera fortificación islámica se mantuvo en pie, sin que apenas se realizaran transformaciones, hasta el siglo XIX, donde los franceses realizan cambios significativos en su estructura. Por desgracia, allá por 1965, la mayor parte de las dependencias fueron destruidas por las obras del Parador Nacional de Turismo.

viernes, 4 de septiembre de 2020

El desaparecido palacio islámico del Castillo de Santa Catalina

En la parte central de lo que actualmente se conoce como Centro de Interpretación del Castillo de Santa Catalina, o lo que se conocía durante época cristiana como Alcázar Nuevo, se realizaron una serie de intervenciones arqueológicas en el año 2000 cuyo resultado fue la localización de restos arqueológicos de un antiguo palacio árabe que pudo estar en funcionamiento desde el siglo XII hasta la llegada de don Miguel Lucas de Iranzo allá por el siglo XV.

El motivo de la construcción de este edificio pudo ser la cercanía de las tropas cristianas a la ciudad de Jaén en plena reconquista, lo que provocó que la realeza árabe de la época abandonara la alcazaba situada donde hoy se encuentra los restos de muralla para subir a la cumbre del cerro, por medidas de seguridad.


Dicho palacio fue organizado en tres zonas diferenciadas estructural y altimétricamente. La zona más importante fue la conocida como Área Residencial. Esta ocuparía el espacio central y fue construido con sólidos muros de base de mampostería y alzado en tapial de argamasa, siendo esta de planta rectangular. En esta zona, lo primero que se encontraba era un espacio de tránsito a la que se accedería a través de una puerta de codo. Esta puerta comunicaba con un patio de planta cuadrada en cuyo interior se encontraba un pequeño aljibe rectangular con bóveda de cañón.

Tras el patio se accedía a otro espacio que pudo ser utilizado como un área abierta o como una extensa habitación cubierta. Subiendo unas escaleras se accedía a una habitación que pudo ser eliminada para convertirla en zona de paso de otras dependencias o utilizarla como una de las alcobas más cercanas al salón principal.


A continuación se encontraba un pasillo que conectaba con la zona más importante del palacio, un patio rectangular rodeado con diferentes dependencias, entre ellas el salón principal, mediante una puerta de doble arcada decorada con atauriques. La calidad del terreno provocó la construcción de espacios subterráneos que pudieron ser utilizados como bodegas de palacio ya que los profundos escarpes existentes entre la muralla del Alcázar y los afloramientos rocosos así lo posibilitaron.

La zona Sur estaba ocupada por un amplio espacio, sin apenas edificaciones, tan sólo un pequeño aljibe, al que se accedía a través de una puerta situada en la zona de tránsito del palacio. Este era el único punto desde donde se podía acceder a las dependencias del servicio, que se situaban anexas al palacio. Esta área estaba formada, por un lado, por tres habitaciones rectangulares, con dimensiones parecidas a las bodegas subterráneas, y por otro, por dependencias con plantas irregulares y de grandes dimensiones construidas con muros de tapial de tierra sobre basamento de mampostería identificadas con los espacios donde el personal de servicio desarrollarían las labores domésticas.


viernes, 21 de agosto de 2020

Castillo de Santa Catalina: Nuestra Gran Fortaleza


“Castillo de Santa Catalina, elemento de identidad de la Capital del Santo Reino.” Esta es una de las formas con la que se puede definir uno de los enclaves históricos más importantes de la urbe jiennense. Esta fortaleza, que data del siglo XIII, tiene sus primeros antecedentes en el siglo X, cuando se decide construir un alcázar en la parte alta del monte de Santa Catalina llegando a su máxima extensión entre los siglos XI y XII.

En 1246, Fernando III El Santo, después de llegar a un pacto con Muhámmad ibn Yúsuf ibn Nasr, se apodera la ciudad y decide construir la fortaleza que, en parte, perdura hasta nuestros días. Fernando III se encuentra con un alcázar que ocupaba de extensión desde la Torre de la Vela hasta los actuales merenderos del cerro de Santa Catalina. De ahí decide dividir la fortaleza en tres partes; Alcázar Nuevo, diseñado en el actual Centro de Interpretación Turística, Alcázar Viejo, en el actual Parador de Turismo, y la Fortaleza Abrehuí, en el espacio comprendido entre la zona de la piscina del Parador de Turismo y los merenderos del Cerro.

De la fortaleza cristiana se comenta que su construcción pudo perdurar en el tiempo hasta el reinado de Fernando IV, aunque sí es cierto que no es hasta mediados del siglo XV, con las últimas exigencias del Condestable de Castilla Don Miguel Lucas de Iranzo, cuando se concluyen las construcciones necesarias para la subsistencia en la fortaleza.

Desde 1492 hasta 1810, en el Castillo de Santa Catalina se vive una época de calma y paz que provoca su decadencia durante este periodo. No fue hasta la invasión francesa del siglo XIX cuando el Castillo recupera el esplendor perdido de época medieval. Durante dos años, los franceses refuerzan los adarves y construyen nuevas dependencias tales como las residencias de los capitanes y los soldados, un cuartel general, una prisión, cocinas, polvorines…

En 1812, cuando los españoles invitamos a los franceses a abandonar nuestra ciudad, estos últimos deciden incendiar y explotar todas las dependencias que ellos mismos construyeron, dejando a la fortaleza prácticamente en ruinas. Desde entonces y hasta el mediados del siglo XX el castillo estuvo prácticamente abandonado. Tan solo durante la Guerra Civil española, cuando los republicanos colocan en la parte alta del cerro las tuberías del órgano de la Catedral para hacer creer a los franquistas que tenían artillería militar, y durante los primeros años de la dictadura franquista, cuando ocuparon la cárcel francesa hasta 1942, la fortaleza volvió a recobrar vida hasta que en la segunda mitad del siglo XX se decide construir el Parador de Turismo y el Centro de Interpretación que aún perdura en la actualidad.

Hoy por hoy los únicos restos existentes se encuentran en el Centro de Interpretación Turística, del que sobreviven seis torres medievales y una antigua prisión del siglo XIX.

Se conoce como Torre del Homenaje aquel torreón que se utilizaba para celebrar ceremonias protocolarias tales como la entrega de las llaves del castillo al alcaide, representante real en la fortaleza, o el juramento de lealtad de los siervos a sus superiores. En este espacio no sólo vivía el alcaide y su familia sino también parte de la guarnición de la fortaleza. La torre se divide en tres partes. La planta baja se comenta que pudo ser un aljibe de agua, aunque existe otra teoría que explica que este espacio pudo ser un almacén para guardar víveres. En el techo de esta planta baja existe una trampilla que hace suponer que en época medieval se accedía a esta posible despensa a través de una cuerda.

La Torre de las Damas, segundo y último torreón residencial del castillo, debe su nombre a que los arquitectos diseñaron este espacio imaginándose a unas mujeres en peligro. En ella, entre otras personalidades de nuestra historia, se comenta que pudo residir temporalmente Teresa de Torres, esposa de Don Miguel Lucas de Iranzo, cuando tenía problemas matrimoniales con su pareja.

El castillo cuenta con dos torres albarranas prácticamente gemelas en la actualidad. Este hecho se debe a un gravísimo error producido en la segunda mitad del siglo XX durante la reconstrucción de la fortaleza, ya que se pensó en esa época que la torre albarrana cercana a la torre de la vela estaba techada al igual que la torre albarrana donde se diseñó la capilla de la patrona de Jaén, Santa Catalina. Originariamente, en el siglo XIII, las torres albarranas se construyen al descubierto hasta que en el siglo XV Don Miguel Lucas de Iranzo decide tapiar una de las dos torres para convertir ese espacio en capilla y que su hermana pudiera casarse en la fortaleza. Desde entonces, es Capilla de Santa Catalina y tan solo los 25 de noviembre de cada año, este oratorio abre sus puertas. Estas dos torres cumplían la función de torres defensivas, y recibe este nombre porque estos torreones fueron construidos en el exterior de la fortaleza, unidos entre sí por un pequeño pasillo, para poder defenderse desde el exterior ante cualquier intruso que intentara trepar por las paredes para acceder al recinto.

La Torre de la Vela recibe este nombre porque durante la noche, los vigilantes que se quedaban al cuidado de la fortaleza pasaban la noche en vela para cumplir con su trabajo. Su nombre original es Torre de la Vigía o de la Vela, y en época islámica su terraza estaba a la altura de la actual entrada a la torre. Desde ese punto contactaban con el resto de fortalezas o atalayas para enviar mensajes a Granada sobre la situación que se vivía en la capital y en los pueblos limítrofes en plena guerra con los cristianos. Para ello utilizaban cristales o pasto seco en función a la parte del día en el que tenían que ejercer de emisores.

Es ya con el reinado de Fernando III el Santo cuando se construyen dos plantas superiores para alzar dicha torre, sobretodo para mejorar la óptica, ya que desde este punto se puede ver prácticamente toda la provincia y un 90% de lo que es actualmente la capital del Santo Reino. El otro 10% restante no puede ser visto por culpa de una cruz de piedra colocada en ese punto a mediados del siglo pasado. Cuenta la leyenda que en pleno siglo XIII, cuando recién había sido conquistada Jaén, un capitán militar de Fernando III el Santo decide clavar sobre el pico de la colina una espada en señal de victoria. Dicho objeto hizo parecer a lo lejos que era una cruz cristiana, lo que originó que el monarca ordenara a la orden clarisa de la ciudad que colocara y se encargara del mantenimiento de una cruz de madera para que se simbolizara que la ciudad era cristiana.

La última torre de la fortaleza, la Torre de las Troneras, fue la primitiva torre del castillo. Fue el espacio idóneo para construir los aseos públicos de la fortaleza, y recibe este nombre porque en ese espacio es donde más movimiento de aire se genera en la parte alta del cerro, y se comenta que, en época medieval, los cristianos pensaban que el ruido que hacía el viento era idéntico al que realizaba los truenos en época de tormenta.

De todos estos elementos también hay que mencionar otros restos históricos con los que aún cuenta el centro de interpretación. Uno de ellos es la prisión francesa del siglo XIX. Era una cárcel de unas tres celdas diminutas en la que los franceses llegaron a encerrar hasta 80 personas al mismo tiempo. Estos presos, que se clasificaban en dos categorías, por un lado, los terratenientes españoles que eran encarcelados para que los franceses se aseguraran el pago de impuestos que ellos mismos habían establecido y por otro los guerrilleros españoles que luchaban entre ellos, fueron utilizados como esclavos para que estos construyeran las dependencias francesas que los invasores creyeron oportunos. Cuando los franceses comprobaron que no quedaba espacio en la cárcel para encerrar a más personas, empezaron a condenar a muerte a todo aquel que estorbaba en ese espacio, asesinando a personajes de renombre en la Iglesia de San Lorenzo y en la Catedral de Jaén y a los que no eran conocidos los ejecutaban en pleno Castillo de Santa Catalina.

En plena fortaleza se pueden observar restos arqueológicos de las tres etapas principales que ha vivido el castillo a lo largo de su historia. De época islámica se ha hallado recientemente piezas de lo que pudo ser un palacio islámico del siglo XII, del que se puede deducir que no tuvo ni una centuria de vida y que pudo ser destruido cuando Fernando III conquista la ciudad. De época cristiana aún existen restos de un antiguo molino de sangre que pudo ser creado junto a unos antiguos almacenes de grano en lo que hoy sería la antigua prisión francesa construida hace dos siglos. También existen restos de unas famosas troneras, o reformulación de unos antiguos almenares, que los franceses modificaron para poner en la parte alta de las almenas la artillería pesada con la que contaba militarmente, y por último, aún se puede ver restos arqueológicos de unos antiguos aljibes y su sistema de canalización que se construyeron en época islámica y, hasta época francesa, y tras continuas modificaciones, perduraron durante siglos porque no existía otro modo que esperar a las lluvias naturales para poder abastecerse de agua en el recinto.

No hay que olvidar que todos estos puntos museísticos están conectados a través de un antiguo camino de una sola dirección, o camino de ronda, por el que los cristianos realizaban sus rondas de vigilancia durante los 250 años en la que los cristianos jiennenses estuvieron en guerra con los árabes. Durante la noche, las torres se cerraban por dentro y no se abría hasta la mañana siguiente por seguridad y, entre la Torre de las Damas y la Torre del Homenaje, se colocaban unas tablas de madera para que los guardias continuaran con su ronda de vigilancia.

viernes, 7 de agosto de 2020

De leyenda: Habitación maldita en el Parador de Jaén


Por todos es conocido que en el Parador de Turismo de la capital del Santo Reino se han ido experimentando diferentes acontecimientos que son difíciles de explicar. Muchos empleados han escuchado pronunciar su nombre cuando estaban completamente solos en el complejo. Se ha tenido constancia de objetos cambiados de lugar, de desapariciones de los mismos, de ruidos extraños y golpes de madrugada, y de habitaciones que no estaban ocupadas y por el que se veía salir de esas mismas a supuestos clientes.

El epicentro de tantos misterios se encuentra en la habitación nº 22. En ella se ha sentido la presencia de alguien invisible que anda por la misma, que llora, que provoca anomalías eléctricas y descensos de temperaturas, movimientos de muebles y cajones, etc. Hay clientes que comentan que, en plena madrugada, alguien llama a la puerta y, al abrir la puerta, no hay nadie visible. Vuelven a acostarse y de nuevo llaman a la puerta.

Otros testigos comentan también que han notado como, en plena noche, alguien les tiraba de la manta y caminaba alrededor de ellos. Estos hechos han provocado que muchos clientes hayan salido despavoridos del hotel por los hechos inexplicables que vivían. En la habitación contigua, la nº 23, una noche un hombre llamó a la policía porque comentaba que su habitáculo se encontraba lleno de gente.

Todos estos sucesos son achacables a una supuesta leyenda del siglo XV. Se comenta que el noble condestable Don Miguel Lucas de Iranzo mantenía una relación extramatrimonial con una joven musulmana. El profundo amor que se profesaban los enamorados despertaron las envidias y los celos de sus súbditos, ya que pensaban que la muchacha hacía que el gobernador desatendiera sus funciones públicas. Un día, aprovechando la ausencia del Conde de Castilla, un grupo de hombres asaltó el castillo y prendió fuego a la mujer que se encontraba embarazada. Hay quien piensa que fue en esta parte del Parador donde la mora encontró la terrible muerte y que son sus lamentos los que algunos dicen oír mientras arrastra y golpea los muebles.

viernes, 15 de mayo de 2020

Personajes ilustres de nuestra tierra: Teresa de Torres


Para muchos Teresa de Torres puede ser una gran desconocida, pero este personaje femenino fue una de las grandes heroínas de nuestra historia. Nació en la capital del Santo Reino a mediados del siglo XV dentro de una de las familias más notorias de la Jaén medieval. En su juventud se le buscó un candidato perfecto para contraer matrimonio. La persona elegida fue el famoso Don Miguel Lucas de Iranzo, Condestable de Castilla y amigo muy íntimo del rey de Castilla Enrique IV.

Poco antes a la celebración de su boda, nuestra protagonista adoptaría el título de Condesa de Castilla gracias a la legitimación que hubo con la adopción del apellido de Torres, que daba nombre al mayorazgo que heredaba, tomando posesión de la mayor fortuna de la ciudad al ser hija legítima del mismo. Gracias a esta acción entre sus vecinos era conocida como La Condesa.

Al contraer matrimonio con el Condestable, Teresa de Torres se mudó a un palacio que construyeron en el espacio ocupado entre la calle Maestra, Plaza de la Audiencia y calle Colón, calle Cerón y calle Bernardo López. Cuando la vida del condestable corría peligro, se mudaban temporalmente al alcázar nuevo del Castillo de Santa Catalina, y no regresaban de nuevo al centro de la ciudad hasta que dichas amenazas se disipaban.

Se comenta que, residiendo temporalmente en el castillo, don Miguel Lucas de Iranzo realizaba su vida en la Torre del Homenaje y su esposa vivía en la Torre de las Damas por culpa de diferencias matrimoniales difíciles de solucionar, quizás estas derivadas por la presunta ambigüedad sexual del esposo.

En 1473 tuvo que soportar el asesinato de su marido en la capilla mayor de la Catedral primitiva de Jaén. Teresa de Torres subió al castillo definitivamente para empoderarse. Desde allí gestionó la ciudad durante más de 25 años, gracias al mantenimiento de toda una red familiar y clientelar que arrastraba desde su niñez. Mantuvo una política de corte, de cámara, privada… Fue una mujer indispensable en el gobierno de Jaén y su autorización y conformidad eran necesarias para cualquier asunto que llegara al consejo municipal.

A nuestra protagonista le debemos la estancia temporal en nuestra ciudad de Isabel de Castilla, junto con Fernando de Aragón, durante la lucha con los árabes para conquistar Granada. En esos seis meses, su estancia tuvo lugar en un antiguo palacio, ya desaparecido, de la calle Cerón esquina con la calle Campanas.

Al final de sus días decidió dejar la gobernación municipal para trasladarse a Granada y convertirse en Abadesa del Real Monasterio de Santa Isabel.

viernes, 28 de febrero de 2020

De leyenda: Enfrente del toro está el tesoro


Cuenta la leyenda que, en uno de los muros de la fortaleza del Castillo de Santa Catalina, existía una cabeza de toro esculpida en piedra acompañado de un letrero que decía: Enfrente del toro está el tesoro. Desde entonces, muchas personas han subido al cerro con picos y palas para escavar alrededor de la imagen, buscando sin éxito un tesoro que nadie daba con él.
Una mañana llegó un cazatesoros un tanto testarudo que se puso a cavar por el terreno como loco. Primero por la parte de enfrente del toro, como decía la inscripción, y después por la derecha y por la izquierda. No encontró nada. La frustración de este personaje provocó que utilizara su pico para proyectarlo contra la frente de la imagen del animal.
De repente, escuchó un intenso tintineo metálico. Al volver la mirada hacia la escultura, el joven vio con asombro como salía de la imagen un gran chorro de monedas de oro que surgía del agujero de la frente del toro. El tesoro no estaba en frente de la imagen, sino en la misma frente del animal.
Las leyendas siempre eran utilizadas con alguna finalidad. Quizá ésta informe de antiguos cultos en Jaén a la deidad masculina simbolizada por el toro, el cual se sacrificaba para recibir los dones de fertilidad o conocimiento de los dioses. No hay que olvidar que, en época primitiva, en el barrio de la Magdalena, nacía el agua que provenía del monte de Santa Catalina. En dicho distrito existían unos baños, conocidos como los del toro, ya que se comentaba que esos aseos estaban presididos por una gran escultura de este animal.

viernes, 23 de febrero de 2018

Las murallas de Jaén

En el siglo XI, Jaén comienza a crecer reflejando el esplendor cultural y económico de Al-Andalus durante los Taifas, llevando los límites de la antigua madina desde el núcleo urbano situado en la zona de la Magdalena. Estas murallas primitivas serían destruidas para aprovechar sus materiales y espacios, al construirse la cerca definitiva, de más amplio perímetro, que vino a sustituirlas.

En el siglo XII, con la llegada al poder de los almohades, el espacio urbano se amplía ocupando casi toda la ladera del cerro de Santa Catalina. Anteriormente apenas se habían producido modificaciones en la estructura de la ciudad, que seguirá ocupando prácticamente el mismo espacio que la ciudad romana; sus moradores reaprovechan la cerca romana reforzándola en algunos tramos puntuales.

La nueva muralla ampliará el espacio preexistente hacia el este, sur y suroeste abarcando la zona comprendida entre el arroyo de San Pedro y Los Escuderos. Hacia el norte la muralla se situará unos metros por fuera de la muralla romana. La ampliación oeste englobará dos áreas. La primera se identifica con el espacio que ocupa el teatro Infanta Leonor, y la segunda abarcaba la zona comprendida entre Iglesia de la Magdalena y la Puerta de Martos.

Ya en el siglo XV, el Condestable Miguel Lucas de Iranzo realiza algunas reformas en la fortificación y añadirá nuevos fosos y muros a los ya existentes. Así mismo, construirá un cerco, de menor entidad que el islámico, que englobará el arrabal de San Ildefonso. Se dice que existió un cerco primitivo del que ha quedado pocos vestigios en los sótanos del Palacio del Capitán Quesada, en el Conservatorio y en el Arco de San Lorenzo.

Debido a la expansión de la ciudad, y a una desafortunada política de demoliciones llevada a cabo principalmente en la segunda mitad del siglo XIX, desaparecieron muchas de las murallas. Estas tenían un primer circuito árabe, con las desaparecidas Puertas de Martos, del Aceituno, de Baeza, San Agustín, Santa María, y la Puerta de Granada. Ya después con los cristianos se abrieron el Portillo de San Sebastián (Arco de los Dolores), la Puerta del Sol, etc.

El segundo circuito de las murallas, ya cristiano, englobaba el arrabal de San Ildefonso, partía probablemente de la Torre de San Agustín, en la Puerta de San Agustín, con dirección Este. Bajaría por las actuales Calle Correa Weglison, Calle Virgen de la Capilla y Avenida De Madrid, donde se encontraba la Puerta Barrera, principal entrada del barrio.

Desde ésta descendía por la Calle Peso de la Harina hasta el Portillo de San Jerónimo, situado al lado del Convento de Las Bernardas. Al otro lado del convento se situaba La Puerta Nueva, conocida en la actualidad como Puerta del Ángel, desde donde la muralla ascendía hacia la Catedral de Jaén, encontrando a su paso la Puerta o Arco Noguera.

Finalmente, la muralla ascendía en dirección Oeste, enlazando con la muralla del Arrabal de Las Monjas. Una vez liquidada la amenaza de un ataque árabe, las murallas adquirieron una segunda misión, esta vez de carácter fiscal. Las mercancías que entraban y salían a la ciudad tributaban en sus puertas y así, éstas adquirieron carácter monumental. Del circuito aún quedan algunos restos en pie.

La muralla no circunscribía el perímetro de la ciudad. Por el contrario, ésta se extendía en arrabales a su alrededores y esto provocaba sucesivas ampliaciones del recinto. El reciente descubrimiento de los yacimientos arqueológicos de Marroquíes Bajos, a unos cientos de metros del casco histórico y ya en terreno llano, han venido a controvertir radicalmente el concepto de la ciudad medieval que hasta hace muy poco se tenía.

El hecho de que su extensión doblara la de la ciudad medieval conocida, allá por el siglo X, da una idea de hasta qué punto la población se diseminaba en las cercanías del núcleo principal, dedicándose a distintas actividades entre las que destacaría la agricultura. La muralla acogería así a aquellas clases sociales vinculadas al poder civil y religioso y a servicios tales como el comercio, los baños, etc.

viernes, 19 de enero de 2018

Personajes ilustres de nuestra tierra: Miguel Lucas de Iranzo

No se sabe con exactitud ni su fecha de nacimiento ni su lugar de origen, pero si se conoce que Miguel Lucas de Iranzo murió en Jaén como quinto Condestable del reino de Castilla bajo las órdenes del rey Enrique IV.

No tuvo unos comienzos fáciles, ya que su educación transcurrió en el seno de una modesta familia hasta que entró al servicio del marqués de Villena. Gracias a éste entró en la corte castellana de Juan II como paje de su hijo Enrique, con el que mantenía un vínculo afectivo.

En su carrera profesional ascendió rápidamente desempeñando puestos de responsabilidad como Halconero Mayor del Reino, Chanciller Mayor de Castilla y alcaide de Alcalá la Real, Andújar y Jaén. En 1455, fue miembro del Consejo Real. Posteriormente fue nombrado Corregidor de Baeza y finalmente Condestable del reino.

Estos nombramientos provocaron la enemistad de los aristócratas de la época ante la probabilidad de influir directamente en las decisiones militares del rey, por lo que el condestable acabó trasladándose a Jaén en 1459. Se instaló en un palacio que mandó construir en la calle Maestra, Palacio de Cultura del Ayuntamiento en la actualidad. En su palacio vivió hasta su muerte con su esposa María Teresa de Torres y Portugal, hija del señor de Villadompardo y Escañuela, y sus dos hijos, Luisa y Luis de Iranzo. La primera murió joven y el segundo tomó los hábitos franciscanos.

En Jaén el condestable crea la jaenciana, una casa de moneda que fue visitada por el propio Enrique IV en 1469. Manda allanar la plaza de Santa María y la actual calle Bernabé Soriano, creada esta por él mismo, en la que existían unas moles de piedra de gran tamaño. También se acometieron obras de acondicionamiento de la ciudad, como el traslado de las carnicerías extramuros, a la actual Puerta Barrera.

Entre sus principales conflictos destaca la expulsión del obispo de Jaén, Alfonso Vázquez de Acuña de la ciudad que tuvo que trasladarse a su fortaleza de Begíjar por orden del rey Enrique IV, tras las disputas con el condestable.

El 21 de marzo de 1473 Miguel Lucas de Iranzo fue asesinado mientras rezaba de rodillas en la capilla mayor de la Catedral de Jaén. Se dijo que el condestable daba apoyo a los judíos, ya que incluso se opinaba que pertenecía a esta religión, aunque, probablemente, la causa fueran los celos de otros nobles. Posiblemente en el asesinato participara el marqués de Villena.

"Esto fue la causa de que el odio y envidia de la muchedumbre se revolviése contra él de tal quisa, que con cierta conjuración que hicieron un día le mataron en una iglesia en que oía misa. La rabia y furia fue tan arrebatada y tal el sobresalto, que apenas dieron lugar para que Doña Teresa de Torres, su mujer, y sus hijos se recogiesen en el Alcázar". "Como el Condestable pusiese las rodillas para facer oración, uno del pueblo, que más cerca del se falló, le dio tan grande golpe con una ballesta de acero en la cabeza, que dio con él en el suelo, e todos los que cerca del estaban lo firieron con lanzas e espadas de tal manera que no quedó señal de persona humana, e luego todos juntos fueron a robar o matar a los conversos".

En un principio, se culpó injustamente a los judeo-conversos, que tendrán que padecer uno de los momentos más horribles y virulentos de la historia de Jaén. La masa popular se dirigió hacia los barrios de los conversos para convertirlos en una verdadera carnicería.

Tras su muerte, el rey Enrique IV se presenta en Jaén de incógnito y se dirige al Concejo, donde pregunta por ciertos jurados y regidores, a los que manda colgar de las ventanas, al parecer en venganza por el asesinato del Condestable. Muchas teorías alrededor de esa muerte se crearon llegando hasta nuestros días.

viernes, 17 de noviembre de 2017

¡Al castillo por Santa Catalina!

Cuenta la leyenda que estando Fernando III el Santo en las inmediaciones de la ciudad, a dicho monarca le sucedió algo mágico. Estando en sueños, la joven mártir Santa Catalina de Alejandría se le apareció en sueño y le entregó unas llaves grandes. Una vez despierto, se entendió que eran las llaves de la ciudad de Jaén y que en el sueño Santa Catalina estaba mostrando su apoyo a las tropas cristianas que estaban a punto de rendir Jaén.

Habría que recordar que Jaén estaba sitiada por las tro
pas del monarca cristiano, con el objetivo de rendirla y tomarla por fin para dichos dominios, empujando cada vez más a los musulmanes hacia su último reducto, Granada.

Muy poco después, Fernando III consiguió del rey musulmán Alhamar la rendición de Jaén, declarándose este último como vasallo de Castilla y retirándose a Granada, donde perduraría el dominio musulmán durante dos siglos y medio más. 

Hoy día, el cerro donde se asienta la ciudad, y también el castillo, donde la santa tiene una capilla en el interior de este, son conocidos con los nombres de monte o cerro y castillo de Santa Catalina.

Es por ello que cada 25 de noviembre, ya sea ese mismo día o en días cercanos, Jaén celebra la romería de su patrona Santa Catalina. La jornada se inicia con una romería que comienza en el casco urbano de la capital.

Desde ahí se asciende al cerro de Santa Catalina hasta el interior del castillo que lleva el mismo nombre donde la imagen se introduce en su capilla situada junto a la Torre de Homenaje de la fortificación. A dicha capilla se entra por un arco ojival, que antiguamente era de medio punto, en ladrillo todavía visible.

A lo largo de dicho cerro, los jiennenses disfrutan de una comida al más puro estilo campestre, en la que no faltan sardinas, paellas y guisados típicos de la región, amenizada con la alegría y el espíritu de los romeros presentes.

viernes, 8 de septiembre de 2017

La Fuente del Caño Quebrado

La fuente de Caño Quebrado se encuentra en la subida al Castillo de Santa Catalina, justo en la intersección de la carretera que sube al castillo y la que se dirige al Hospital Doctor Sagaz (El Neveral). En ella recae una de las leyendas más importantes de la ciudad. 

En el Siglo XII, Jaén tuvo una gran importancia, que se ve reflejada en las obras publicadas por algunos escritores árabes. Entre la población destacó personajes ilustres como Omar, un noble, que hacía las veces de gobernador de la ciudad.


Omar residía en el castillo y desde allí gestionaba todos los asuntos relacionados con su responsabilidad, siendo conocido en toda la ciudad por ser un hombre sabio y gentil con todos sus súbditos.

Cuando Omar tuvo la edad para contraer matrimonio consultó con sus padres si tenía que salir de la ciudad para buscar una esposa, pero sus progenitores les aconsejaron que era mejor que comunicaran por las tierras de alrededor su deseo de casarse, y que llegara, incluso hasta Córdoba y Granada, para que las aspirantes se acercaran a Jaén.

A los pocos días llegó a Jaén una hermosa joven, de nombre Zoraida, que pronto cautivó el amor de Omar y éste no quiso conocer a ninguna otra mujer porque sentía que aquella era la que siempre había estado esperando.

Como Zoraida también quedó prendada de Omar, por su sencillez y bondad, decidieron casarse a las pocas semanas. Para la boda el castillo quedó totalmente iluminado con grandes hogueras y la ciudad entera se convirtió en un gran festejo, en el que no faltaron viandas, bebidas y diversión.

Cuenta la leyenda que vivieron felices durante algunos años, hasta que un día Omar tuvo que abandonar la fortaleza para bajar a la ciudad, como en numerosas ocasiones había hecho, para solventar asuntos propios de su cargo, que debían resolverse con su presencia. Llegó la noche y Omar no volvió al castillo, lo que provocó la lógica preocupación en la bella Zoraida, y entonces ordenó que salieran en su busca.

A las pocas horas volvieron, los hombres de su guardia, con la triste noticia de que habían encontrado el cuerpo de Omar, ensangrentado y sin vida, muy cerca del castillo, justo en lo que hoy conocemos como fuente del Caño Quebrado.
La tristeza inundó el corazón de Zoraida, al igual que toda la ciudad, que estaban muy agradecidos por el gobierno de Omar. Comenzaron las investigaciones para averiguar quien había sido el autor del asesinato, pero no llegaron a ninguna conclusión porque parece ser que nadie había visto nada.

Mientras tanto, la hermosa musulmana, sumida en una profunda tristeza, se ausentó del castillo sin que nadie pudiera verla salir. Más tarde la encontraron sin vida en el mismo lugar donde hallaron a su esposo. Dicen que en el momento que su corazón dejó de latir comenzó a brotar el manantial de agua de esa fuente del Caño Quebrado.

Los más viejos del lugar cuentan que el agua del venero de la fuente no son más que las lágrimas de la bella Zoraida, por la muerte de su amado.