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viernes, 13 de julio de 2018

Real Monasterio de Santa Clara


El Real Monasterio de Santa Clara se considera el monasterio más antiguo de la capital, ocupada en la actualidad por la comunidad de clarisas de clausura.


El monasterio fue fundado en el siglo XIII por Fernando III, el Santo, en el Arrabal de las monjas, una zona extramuros de la ciudad. Sin embargo, después de sufrir un ataque se traslada dentro de la ciudad.
En su parte trasera, en un espacio que actualmente ocupa un gran huerto, se ubicó una de las primitivas sinagogas judías de la ciudad, convertida después de las graves persecuciones de 1391 en iglesia bajo la advocación de la Santa Cruz, dependiente de la parroquia de San Andrés. Allí se celebraba culto cada tres meses debido al escaso interés que tenía la comunidad eclesiástica sobre los habitantes de la zona.


En el siglo XV la iglesia se convertiría en parroquia también, y pasados los siglos y tras diversos litigios con dicho espacio de culto, sus espacios pasaron a ser propiedad del Real Monasterio de Santa Clara. En la actualidad, se conserva un muro de piedra que sobresale en altura de las inmediaciones del monasterio.


La iglesia que alberga este monasterio es de una sola nave rectangular y está cubierta por un bello artesonado mudéjar. Tiene dos coros cubiertos por un hermoso artesonado que es el más antiguo de la instalación. El retablo actual, que sustituye al anterior desaparecido en la Guerra Civil, data del año 1958 obra de Francisco Palma Burgos y presenta en la parte central una hornacina con la imagen de Santa Clara. En ella se alberga la imagen del Santísimo Cristo de las Misericordias, una escultura anónima del siglo XVI, a la que también se le conoce con el nombre de Cristo de Bambú.


En las inmediaciones del monasterio destaca su precioso patio exterior de elegantes líneas, con un jardín en el centro en el que destaca un enorme ciprés y una estatua de la virgen que hizo instalar el actual capellán del monasterio don Juan Bautista Monzón Ruíz. En dicho patio cuelgan dos antiquísimas piedras escritas en latín.


En la actualidad, como ayuda para los gastos de la comunidad de las clarisas, las monjas bordan por encargo y venden modestos dulces hechos de forma artesanal. Además, existe la tradición de que las parejas de novios, días antes de sus bodas, ofrezcan huevos a las clarisas para que estas recen porque estos prometidos tengan buen tiempo el dia de su enlace, sobre todo en lugares donde la lluvia es más que frecuente.

viernes, 4 de mayo de 2018

Judería en Jaén: Historia de la Judería II

En la España musulmana, cristianos y judíos se integran armoniosamente en el nuevo estado musulmán que se fue forjando. Los judíos españoles tuvieron la oportunidad de reencontrarse con aquellos otros judíos que vivían en Oriente o en África. En el año 912 nace el Califato de Córdoba. Abderramán III se proclama Califa y Príncipe de los Creyentes. De este modo comenzará la Edad de Oro del Judaísmo Español.


Para justificar su antigüedad en Sefarad, las comunidades judías de España generaron algunas leyendas medievales que situaban a este pueblo en la Península Ibérica desde tiempos muy remotos, como la leyenda de la Mesa de Salomón.


El Califato Cordobés dejó su huella en Jaén, llamada en época musulmana Medina Yayyan. Varias mezquitas e, indudablemente, una sinagoga, presidirían la vida religiosa de la ciudad. Ishaq ibn Shaprut costeó la construcción de esa sinagoga. Ishaq tuvo un hijo, Hasday ibn Shaprut, que con el tiempo se convirtió en uno de los judíos más importantes de la historia musulmana.


Se tiene constancia que en Jaén se construyeron hasta cuatro baños árabes, cuyos nombres eran Hamman al-Tawr, Hamman ibn Tarafa, Hamman al-Walad y Hamman ibn Ishaq, este último como baño judío.


Tras la caída del Califato de Córdoba, el territorio se dividió en los Reinos Taifas, pasando Jaén a depender del Reino Zirí de Granada. La judería de Jaén será, tras la de Granada, la más grande de ese reino.


En el año 1066, un motín contra los judíos de Granada dará comienzo a una etapa menos afortunada. En Jaén, su Gobernador se apoderó de las riquezas de los judíos jiennenses. Este hecho provocó que años más tarde la población hebrea parezca llegar a su exterminio, ya que se vieron obligados a huir hacia los territorios cristianos de Castilla, donde sus gobernantes les daban ciertos privilegios y podían vivir con relativa paz. A partir de ese momento serían los cristianos los que de nuevo, convivieran con los judíos españoles.


En el año 1246, se volverán a ver judíos en Jaén como arrendadores de rentas. La judería de Jaén se recompone y cuenta con un tamaño considerable. En esa época  la judería estarían enclavadas entre las desaparecidas parroquias de San Andrés y San Pedro.


En el año 1391 la judería de Jaén fue asaltada. La chispa estalló en Córdoba, arrasando con todas las juderías jiennenses. Muchos de los judíos se vieron obligados a convertirse al cristianismo, que comenzaron a llamarse judeo-conversos o criptojudíos. Muchas de ellas fueron ficticias, aparentando ser cristianos exteriormente conservando sus creencias judías en la más estricta intimidad.


La judería de Jaén que conocemos como tal, en el antíguo barrio de la Santa Cruz, es la zona que ocuparon los judíos y posteriormente los judeo-conversos, durante los años de denominación cristiana, desde que Jaén pasara al dominio del rey cristiano Fernando III El Santo. Este barrio tiene una morfología que coincide con la definición de los barrios judíos en las ciudades hispano-musulmanas: "barrios separados, calles apartadas y angostas y escasas salidas que se cerraban por la noche".


En el año 1483 se establece en Jaén el Tribunal de la Santa Inquisición. Muchos judeo-conversos fueron condenados a muerte por esta institución, se les llamaba marranos, o vestían a estos con trajes amarillos con una o dos cruces diagonales pintadas sobre ellos. Los que habían de ser relajados en un Auto de Fe tenían que llevar puesto un sambenito negro con llamas, demonios y demás temas similares. Cuando la condena concluía, estos sambenitos eran colocados en las puertas de las iglesias con el nombre de los condenados.


Finalmente, en el año 1491, los Reyes Católicos dictaron un decreto en el que ordenaron la expulsión de todos aquellos judíos que no quisieran abrazar el cristianismo. Aunque muchos judíos permanecieron en Jaén aparentando ser cristianos, seguirían las persecuciones contra ellos. Prueba de ello fue la creación del Estatuto de Limpieza de Sangre, donde la población debería mostrar pruebas documentales de no tener antecedentes judíos o musulmanes para ingresar en colegios mayores y universidades, o en órdenes religiosas y militares.

viernes, 27 de abril de 2018

Judería en Jaén: Historia de la Judería I

Sefarad es el nombre que los judíos dieron a la península ibérica desde muy antiguo. Los judíos españoles que fueron expulsados en el año 1492 y formaron Comunidades Sefardíes en diversos países mediterráneos, llevaron consigo el legado de sus antepasados. Todavía hoy, la lengua que estos judíos hablan en el hogar, llamada sefardita, es básicamente nuestro propio idioma, e incluso se incorporaron mucho después palabras y expresiones a nuestro vocabulario de los distintos países donde vivieron estas Comunidades. 


A esta lengua también se le llama judeo-español, judhezmo o djudeo-espanyol. Más de quinientos años después, se siguen conservando numerosos lazos comunes con la cultura española. Jaén fue una de las ciudades de Sefarad, uno de los lugares donde la convivencia pacífica entre musulmanes, cristianos y judíos se hizo patente, formando parte de la España de las Tres Culturas.


Los datos más antiguos, sitúan la presencia de los judíos en la Península Ibérica, a raíz de la destrucción del Templo de Jerusalén por el emperador romano Tito, en el año 70 d.C. Sin embargo, la presencia judía en estas tierras es incluso anterior al nacimiento de Cristo. En el Antiguo Testamento podemos leer: "... y los desterrados de Jerusalén que están en Sefarad" (Abdias, 1-20). Sefarad querría decir España.


Otra interpretación dice que Sefarad procede del hebreo "sephard", que significa "muy lejos". Los judíos de Sefarad serían los judíos de "muy lejos", a muchos kilómetros  de Israel. El devenir de los tiempos, provocará que esas lejanas tierras de Sefarad llegaran a convertirse en el verdadero Israel.


Documentalmente probado, los judíos se encontraban ya en Jaén en el año 612. El Rey Sisebuto dirigió un escrito a distintas localidades de las provincias de Córdoba y Jaén, en la que encargaba se hiciera cumplir la legislación que prohibía a los judíos tener esclavos cristianos, lo que hace pensar que eran los únicos territorios con juderías en ese momento. Entre esas localidades figuraba Aurgi, que era el nombre de Jaén en aquel momento, y también La Guardia de Jaén, Martos, Córdoba, Andújar, Baeza y Toya-Peal de Becerro, entre otros.


Dos cosas aparecen claramente en esta ley. El importante poder económico de estas comunidades judías que soportaban el gasto económico que suponía tener a su cargo población esclava, y la suficiente posesión de poder como para no haber respetado esa ley. Con estos datos quedaría evidenciado que esos asentamientos no eran nuevos, sino bastantes anteriores a esa fecha.


Tras la caída en el imperio Romano, gobernarían en nuestra península los visigodos, con quienes los judíos mantuvieron unas buenas relaciones. Hasta la llegada del rey visigodo Recadero I, los anteriores reyes visigodos mantuvieron en la península una religión determinada: El arrainismo.


Al convertirse Recadero I en católico, este comenzó a aplicar duras políticas contra los judíos, prohibiendoles comer con católicos, construir sinagogas o poseer en propiedad esclavos cristianos. Los siguientes reyes visigodos continuarían con esas políticas de persecución, pretendiendo la conversión del pueblo judío al catolicismo, hasta que los musulmanes llegan a nuestras tierras y se apoderan de ellas.


Al parecer, los judíos españoles no dudaron en ayudar a los musulmanes en la conquista de la península, hecho que les reportaría numerosos beneficios durante la inmediata dominación árabe. Como dato curioso destaca que el Rey Tariq conquista la península, entre otros objetivos, para encontrar la Mesa del Rey Salomón.

viernes, 13 de abril de 2018

La Iglesia de San Andrés

La Iglesia de San Andrés tiene su origen en el templo mudéjar del mismo nombre. Es sede y propiedad de la Santa Capilla y Noble Cofradía de la Limpia Concepción de Nuestra Señora. En el siglo XIII, se convirtió en parroquia, y en el año 1843 desaparece como iglesia.

La portada de la calle del Rostro, por la que se accede a las dependencias de la cofradía, fue realizada en el siglo XVIII con restos arquitectónicos platerescos. El bajorrelieve central muestra el abrazo de san Joaquín y santa Ana ante la Puerta Dorada de Jerusalén.

El patio sirve de distribuidor para el acceso a las distintas dependencias desde la entrada de la Calle del Rostro. Entre la entrada por dicha calle y el patio existe un porche limitado por una breve arcada de dos arcos apuntados sostenidos por columnas, obra de Francisco del Castillo el Mozo, y rematado con magnífico artesonado. Bajo el citado soportal hay un excelente relieve alegórico a la Inmaculada, obra anónima del siglo XVI y una preciosa fuente. Asimismo, un hermoso brocal de pozo en cerámica, datado en el siglo XIII.

En el centro del patio figura un pequeño monumento con busto imaginario en bronce del fundador, Gutierre González Doncel, inaugurado el 8 de diciembre de 1914, en vísperas de conmemorarse el IV centenario de la fundación de la Santa Capilla.

El presbiterio está presidido por un retablo de estilo barroco decadente tallado, en el siglo XVIII, por Alonso Colmenero. Las esculturas, de San Andrés, San Pedro, San Pablo y los ángeles, las realizó José de Medina y las pinturas Luis de la Barrera. Este retablo sustituye a uno anterior de Pedro Machuca. En la parte alta figura el escudo de armas de Gutierre González Doncel. Fue terminado en 1754 y ofrece un conjunto severo pero agradable.

Se dice que anteriormente la Iglesia de San Andrés era una sinagoga. La ubicación de esta y las dependencias ajenas, situadas entre las calles San Andrés y Rostro, su orientación hacia el este, y los arcos tumidos hace pensar que así lo fue.