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viernes, 1 de julio de 2022

Las obras de Pedro Machuca en la capital del Santo Reino

Se podría decir que el arquitecto toledano fue uno de los responsables de la introducción del estilo renacentista a la manera como la entendió Italia en suelo español. En 1520, año en que visita por primera vez nuestra ciudad, Pedro Machuca realizaría la obra de pintura y dorado del altar de Santa María de la Consolación en la Santa Iglesia Catedral, destruido en la Guerra Civil por parte del bando republicano.

También algunos historiadores sostienen que pudo diseñar un relieve que formó parte del retablo del Corpus de la iglesia de Santa María Magdalena, vinculado oficialmente a Jacobo Florentino y a Jerónimo Quijano.

Veinte años más tarde, el arquitecto volvió a la ciudad después de unos años dedicado exclusivamente a su trabajo en Granada para construir el retablo de la Virgen de la Capilla en la Basílica Menor de San Ildefonso. En ella, además de Pedro Machuca, intervienen los pintores Lucas Quiterio y Lorenzo Gómez. El retablo estaba compuesto por cuatro tableros cuya pintura fue ejecutada por nuestro protagonista. Esta construcción fue sustituida, presumiblemente, en 1690 por otra obra de estilo barroco diseñada por don Andrés Bautista Carrillo.

También cabe la posibilidad de que el arquitecto y pintor pudo realizar el retablo mayor de la basílica justo cuando terminó el retablo de la patrona en ese mismo año. Este retablo pudo ser cambiado en 1734 por uno nuevo ante el lamentable estado de conservación que sufría.

Lo que sí está demostrado es que Pedro Machuca también se encargó, por aquella época, del retablo mayor de la iglesia de San Andrés. En esta representación se desarrollaría un programa pictórico con un marcado protagonismo del artista. Se piensa que la construcción pudo finalizarse al año siguiente de su inicio. Un retablo que, con el paso del tiempo, ha sufrido innumerables modificaciones.

En la primavera de 1546 Pedro Machuca recibió el encargo de diseñar el retablo para la capilla de San Pedro de Osma en la Catedral de Jaén, una obra existente en la actualidad en la sala capitular de la misma. Consta de un armazón reducido, rigurosamente ordenado, y limitado a los marcos de las diferentes pinturas, en el que se desarrolla una guarnición de talla con motivos de medallas o sarmientos, hojas y racimos de vid. El ático escapa de la traza general porque adopta un diseño semicircular con decoración calada en el que se dan cita motivos naturalistas semejantes a la decoración del armazón y los grutescos.

El clero se quedó tan impresionado con el resultado que estos le encargaron al arquitecto la realización de dos retablos más destinados a las capillas funerarias de don Pedro Monrroy y de don Pedro de Ocón. También se comenta que pudo diseñar el retrato de la Sagrada Familia, conocida también como de la Virgen de la Cinta, uno de los dibujos más característicos de nuestra joya renacentista.

Ante tanto trabajo, Pedro Machuca se compró una casa en la actual calle Bernabé Soriano, vivienda que posteriormente ampliaría para poder disfrutar de una mejor residencia. Lamentablemente, su vida llegó a su fin en 1550, siendo su hijo, Luis de Machuca, quien continuó con la labor de su padre.

viernes, 13 de mayo de 2022

Los exvotos en el Cristo de la Misericordia de la Catedral de Jaén


Los exvotos, conocidos popularmente en nuestra ciudad como promesas, están hechos en metal en forma de finas láminas plateadas o bañadas en color dorado. En la catedral renacentista se encuentran, entre otras obras, la pintura de El Salvador del Mundo, la Virgen de la Correa y el Cristo de la Misericordia. Ésta última es una talla de madera policromada de mediano tamaño y de autor anónimo del siglo XVIII.

Entre los exvotos más populares se encuentran las fotos, quizás para dar gracias por una curación o por el rápido restablecimiento de una enfermedad. También puede representar a personas que regresan de la emigración o a aquellos que hayan pasado largos periodos fuera de su tierra natal.

Otros exvotos son aquellos que se representan en latón el cuerpo humano entero de los hombres vestidos de goyescos o los que son dedicados a niños o niñas. En éstos se ata a un extremo de la pieza un lazo de color distinto, bien sea de color azul para el género masculino o rosa para el femenino, con el fin de representar el sexo de la persona que muestra su agradecimiento.

Otros exvotos de latón están dedicados a partes exclusivas del cuerpo humano, tales como brazos, piernas, ojos, pechos, corazones, manos y cabezas, haciendo referencia a la zona curada gracias a la supuesta intervención sobrenatural.

Existen, por supuesto, otros exvotos de latón representando a Vírgenes o mujeres en forma de mujeres vestidas con túnicas renacentistas, al estilo de la clásica Virgen María, o con ropas de época. De este modo se busca resaltar el carácter de mediación que supuestamente ha realizado la madre de Jesús en favor nuestra.

Si se tuviera que enumerar la cantidad de exvotos realizados con objetos personales o del propio cuerpo se crearía una lista interminable, de la que habría que destacar mechones de pelo, cálculos renales, fotocopias del carnet de conducir, medallas de santos y de protección contra el mal de ojo, pulseras, recortes de chaquetas del ejército…

En general, no sólo se utilizan exvotos en una sola unidad, sino que también es una práctica frecuente el acompañar varios exvotos en un mismo grupo por medio de un lazo o imperdible.


Manuel Quesada Galacho, José Luis Anta Félez

viernes, 1 de abril de 2022

La decoración del Sagrario de la Catedral de Jaén

 

El 1 de noviembre de 1755, entre las 9:30 y 9:40 de la mañana, las costas portuguesas sufrieron un terremoto de escala 8,4 que se hizo notar hasta en la capital del Santo Reino. Los cimientos de la catedral pudieron quedar seriamente dañados, lo que provocó que el Obispo Fray Benito Marín encargara la realización de la obra del Sagrario de la ciudad al prestigioso arquitecto Ventura Rodríguez, que envió los primeros dibujos en 1761 y colocó la primera piedra tres años más tarde.

En el exterior, la portada, de estilo corintio, contiene dos grandes columnas en el que los capiteles sostienen el entablamento sobre el que está el ático. En este conjunto, se pueden ver las esculturas de San Miguel venciendo al demonio, San Pedro y San Pablo, cuya autoría se atribuye al escultor Miguel Verdiguier. En la fachada oriental, se representan las imágenes de Melquisedec, Sansón, Isaac y David, mientras que en el lado norte se encuentran reproducidos las alegorías de la Caridad, la Gracia, la Inocencia y la Sabiduría.

El interior está dividido en tres partes; la sacristía, donde se guardaba la Santa Forma, la iglesia y el pórtico. El Sagrario, propiamente dicho, es de planta elíptica, rodeada por 16 columnas de estilo corintio, y cubierta con una cúpula, también elíptica, por donde entra la luz a través de ventanas elipsoidales junto con unos arcos de medio punto. Contiene 288 casetones hexagonales y se encuentra rematada con una linterna.

El coro está decorado con una media naranja sobre pechinas que, a su vez, está dividida por radios con alegorías musicales acompañados de diversos instrumentos. Entre los intercolumnios, sin embargo, existen varios balcones terminados en arco y techo abovedado, todo ello cerrado con una balaustrada de mármol.

En el altar mayor, podemos ver una pintura que representa la Asunción de la Virgen realizada por el artista Mariano Salvador Maella. En los altares laterales, se encuentran la Agonía del Señor, es decir, el Calvario, y el Martirio de San Pedro Pascual, realizadas por Zacarías González de Velázquez.

Bajo el complejo se encuentra una cripta iluminada a través de un arco de medio punto. Fue acondicionada en 1940 para acoger los restos de los muertos en la Guerra Civil. En su interior se encuentra colocado un óleo, del pintor Rafael Hidalgo de Caviedes, y una talla del Cristo Expirante realizada por Jacinto Higueras. En las paredes existen ocho losas de mármol con los nombres de 328 combatientes, afines al bando franquista, asesinados durante el conflicto bélico.

Si bien el diseño de la fábrica la realizó el arquitecto madrileño Ventura Rodríguez, la construcción la dirigió su sobrino Manuel Martín Rodríguez. El templo fue inaugurado en 1801, consagrándose el mismo un 22 de marzo de ese mismo año.

viernes, 25 de marzo de 2022

El archivo de la Catedral de Jaén


La diócesis de Jaén, sufragánea de la archidiócesis de Granada, fue erigida en 1249, tres años después de la conquista cristiana por Fernando III el Santo. Desde esta época, viene produciendo y recibiendo documentación que se han ido custodiando en los Archivos Eclesiásticos de la diócesis.

Todas estas se hallaban bajo custodia en diversas instituciones tales como Archivo Capitular, Archivo de la Secretaría del Obispado, Archivos Parroquiales, etc. Las antiguas instalaciones se encontraban en la antesala y en la Sala Capitular del templo catedralicio, que servía de depósito y de tesoro que privó sobre la documentación de la iglesia hasta la famosa Desamortización de Mendizábal en 1836.

Un siglo más tarde, allá por los años 70, y gracias, entre otros, al Instituto de Estudios Giennenses, dicho archivo fue trasladado a las Galerías Altas de Tribunas de la Catedral, abriendo sus puertas a consulta de investigadores y estudiantes de las ciencias históricas un 27 de octubre de 1837.

De treinta salas que compone el Archivo Histórico Diocesano, seis pertenecen al Archivo Capitular. La primera de ellas, dedicada a Nuestra Señora de la Capilla, consta de siete grandes armarios con más de cien libros cantorales, en pergamino, de los siglos XV al XIX.

Un misal es un libro litúrgico, usado por el sacerdote, que contiene las oraciones y lecturas de la misa, y en el que se indica el orden y la manera de celebrar la misma. En el Archivo Capitular se hallan los misales plenarios anteriores al Concilio de Trento, o lo que es lo mismo, un Misal del Cardenal Merino, otro Misal Giennense antiguo, el Misal según la costumbre de la Santa Iglesia Giennense y el Misal romano impreso en Venecia en 1557.

La sala tercera, dedicada al Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de las Angustias, concentra bulas escritas por Urbano V, Juan XXIII y Juan Pablo II, y Constituciones Capitulares de don Íñigo Manrique, don Luis Ossorio de Rojas, don Baltasar de Moscoso y Sandoval, don Manuel Basulto Jiménez, don Miguel Peinado Peinado y don Santiago García Aracil, además de las Constituciones Sinodales de don Luis Ossorio de Rojas, don Francisco Sarmiento de Mendoza, don Baltasar de Moscoso y Sandoval, don Antolín Monescillo y Viso, y don Rafael García. También se encuentran custodiados en esta sala varios sellos pontificios y episcopales y documentos varios, tales como la Coral de la Fiesta de la Transfiguración del Señor, del siglo XIII, o el Códice Gótico, de 1246, entre otros textos.

La sala cuarta, bajo la advocación de Santa María del Alcázar, Patrona de Baeza, custodia hasta un total de 558 documentos que abarca desde el pontificado de Urbano V hasta el de Juan Pablo II. También cuenta con cartas reales compuestos de Reales Provisiones y Reales Cédulas, características de la Chancillería Castellana, desde el reinado de Enrique II hasta Alfonso XII.

La sala quinta, o del Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de los Dolores, contiene Actas Capitulares como la bula que Inocencio IV redacta trasladando la Sede Episcopal de la Diócesis desde Baeza a Jaén. También almacena el expediente de limpieza de sangre que Julio III concede formalmente por bula a Jaén en 1552. Entre los expedientes conservados, alrededor de 621, destacan algunas realizadas a don Martín Fernández Salazar o a don Antonio de Raya Méndez de Navarrete.

La sala séptima, o de Jesús de la Piedad y Virgen de la Estrella, contiene composiciones musicales de insignes Maestros de la Capilla y Organistas de la Catedral, como Alfonso Medina Crespo, Guillermo Álamo Berzosa, Damián Martínez Linde, Cándido milagro García o José Sequera y Sánchez, entre otros.

viernes, 18 de marzo de 2022

De leyenda: El niño de la Catedral

Cuenta la leyenda que en el año 1950 un niño se subió a una escultura de la Catedral de Jaén para ver salir a Nuestro Padre Jesús. Éste resbaló y cayó al suelo, muriendo en el acto. Años más tarde, un hombre decidió quedarse a dormir en el templo mayor para poder contemplar el amanecer de El Abuelo sin que nadie le molestase. Mientras dormía, de repente, se cruzó en sus sueños la imagen de un niño.


Esta persona despierta sobresaltado y mira a su alrededor. Comprueba que no hay nada. El motivo de su miedo es que su sueño parecía muy real. A continuación, el hombre escucha un llanto que parece venir del coro. Éste hombre tose y el llanto cesa. Espera un poco, coge una vela y se acerca al coro. Allí vuelve a descubrir que no había nadie.

Se sienta en un banco, apaga la vela y espera a que aparezca alguien. De nuevo, volvió a escuchar ese llanto intensamente. Lo escucha muy lejos y a la vez muy cerca. Cesa el llanto y nota una ráfaga de aire frio por la espalda. El hombre decide no moverse. Ese aire frio lo nota por todo el cuerpo. Se gira y descubre el áurea blanca de un niño dirigiéndose hacia la Sacristía. Al acercarse el fantasma a la puerta desaparece.

Amaneciendo, el hombre se quedó bloqueado. No podía quitarse la imagen de ese niño de la cabeza. Las puertas de la Catedral se abren y el hombre va en busca del capellán. Este le comenta que no es la primera vez que escucha ese tipo de historias y que son habladurías.

Muchas personas comentan que han visto a un niño de temprana edad corriendo por las naves catedralicias, con pantalones cortos, tirantes y en cualquier época del año. El sacristán de la Catedral también comentó que, en alguna ocasión, al cerrar el templo, ha podido ver la imagen de un niño correr y perderlo de vista.

Otros aseguran que lo han visto correr, en Semana Santa, hacia el trono de la Virgen de las Angustias y que, cuando han levantado sus faldones, no han encontrado nada.

viernes, 30 de julio de 2021

De leyenda: Mona de la Catedral

Existen opiniones que aseguran que la escultura colocada sobre el entablamento del muro gótico de la catedral es la imagen grotesca de un moro, colocado allí por algún motivo especial. Este pudo tratarse de un Bafomet, o representación de Dios para los templarios, que estaría dando un carácter sagrado a la greca gótica que presenta el muro. Otros sostienen que la cabeza puede ser un judío.


La escultura presenta la imagen de una persona sentada al estilo moro, inclinándose hacia delante y sujetándose los pies con las manos. Los labios se encuentran apretados, como indicando el secreto que debe guardar el iniciado que descifre el contenido de la cenefa cuya dirección señala. La nariz se encuentra cercenada, según la leyenda, por un niño que apareció muerto al día siguiente tras una crisis de locura.

A finales del siglo XIX, unos niños conocedores del encantamiento maléfico que pesaba sobre la pequeña figura, decidieron pasar bajo la imagen demoníaca, algo impensable antiguamente. Las personas que por allí transitaban le recomendaron a los niños que dejaran de pasar por este punto, como si les fuera la vida, y los niños continuaron pasando bajo esta como si nada.

De vuelta a su barrio, los niños fueron recibidos como héroes por otros pequeños. Enterados sus padres de lo acontecido, les recriminaron duramente su actitud y los castigaron con volver a ese lugar. Pasado un tiempo, los niños regresaron a la zona en compañía de aquellos niños que dudaban de su anterior hazaña. Llegados al punto, los niños comenzaron a pasear bajo la Mona y, uno de ellos, cogió varias piedras y las lanzó con más o menos fortuna hacia la imagen del judío, impactando contra la nariz, cercenándosela.

A los pocos minutos, ese mismo niño comenzó a sudar y a sentir escalofríos. De vuelta a casa, los padres llamaron al médico. Éste le aplicó ungüentos y cataplasmas y le hizo ingerir pócimas y brebajes, pero el niño continuaba convulsionando en la cama entre gritos. A la mañana siguiente, fue su propia madre la que encontró el cuerpo sin vida de su hijo.

También existe otra leyenda que comenta que cualquier estudiante que haya estudiado y después insulte a la Mona, aprobará.

viernes, 21 de mayo de 2021

El friso gótico de la Catedral de Jaén

En el testero de la fachada este de la Catedral de Jaén se conserva un friso gótico flamígero en el que se pueden apreciar multitud de figuras fantásticas y elementos ornamentales realizados a principios del siglo XVI. Se trata de uno de los pocos restos que se conservan de la antigua Iglesia Mayor situada en la pequeña vía conocida popularmente como Callejón de La Mona.

Se trata de una alegoría de la resurrección y de la eterna dualidad del Bien y del Mal y de una galvanización de La Ciudad de Dios de San Agustín. En el paño central de este muro gótico existió una puerta de arco apuntado tapiada con posterioridad. Esta permitía el acceso a la capilla del obispo Alonso Suárez. Con esta modificación se destruyó un pequeño tramo de la moldura y, de este modo, se interrumpió su mensaje iconográfico.

El friso ha de leerse de derecha a izquierda. El modillón recorre la moldura en su totalidad, lo que provoca que todo el discurso se aposente sobre él. Éste está compuesto por gavillas de trigo, que están tachonadas de granadas. De ella, surgen hojas de cardo y de acanto, que simbolizan el triunfo, la victoria de los elegidos. Éstas se encuentran atadas por una correa que da sucesivas vueltas a lo largo del modillón, expresando protección por medio de las virtudes morales.

El bufón, que se encuentra en cuclillas con las manos reposando en las espinillas, tiene una apretada sonrisa y una mirada hierática, así como un turbante. Respecto a la gárgola, en la Edad Media era símbolo de fuerzas del submundo demoníaco y draconífero. A partir de aquí hay una pentalogía de animales alados en la moldura. El primer animal, descabezado por la erosión, tiene un cuerpo de mechones de pelo al estilo de los leones. El segundo animal tiene las alas plegadas. Del pico abierto le sale una lengua, posee cresta y su mirada es atemorizada.

Tras la gárgola aparece un hombre tocado con casco que simboliza al guerrero derrotado y capturado por el animal del submundo demoníaco. El tercer animal, decapitado, tiene el cuerpo lleno de plumas. A su lado aparece un olivo, lo que hace pensar que este ser vivo pudiera ser un pelícano. El cuarto y el quinto animal se ha convertido, por desgracia, en auténticas ménsulas.

Continuando con la descripción existe una piña asociada a un falo, dando simbolismo a la renovación de la vida. Después nos encontraríamos con un dragón, símbolo del adversario divino que trata de impedir desde el principio de los tiempos la obra redentora de Jesucristo. El que la piña apareciera justo antes de la bestia draconífera quiere decir que representa el eterno combate entre el Bien y el Mal que se reproduce una y otra vez en los sucesivos estadios de la vida.

A la izquierda del dragón aparece La cara lunar, realizada en relieve, de trazas esféricas y de rasgos esquemáticos. Se trata de dos agujeros a modo de ojos, el orificio de la nariz y una gran boca abierta mostrando en su interior dientes o algún alimento. De este modo se representa el antagonismo entre la luz del cielo y el dragón terrestre.

Encima del modillón aparece una moldurilla mixta y una serie de arcos apuntados de cuyos vértices salen unos capiteles que sustentan los diferentes florones del conjunto arquitectónico. En el centro de cada remate de los arcos aparecen pequeñas hornacinas, de las que sólo bajo la cara lunar aparece la figura de un escorpión.

El olivo situado junto al pelícano, anteriormente citado, se encuentra anterior a La bellota, símbolo de fortaleza y de duración. El racimo de uvas se utiliza para representar la alegoría de Cristo, al proceder de ésta el vino. En uno de los capiteles que sostienen los florones se pueden apreciar una sucesión de tres nudos, en una clara conexión del infinito con la Santísima Trinidad. A continuación hay dos figuras humanas mirándose mutuamente, conocidos como Gemelos, que simbolizan la dualidad, el Bien y el Mal, el nacer y el morir.

Seguido de los gemelos se encuentra una pareja de leones de sexo opuesto, la leona con la cabeza hacia arriba y el león, con abundante melena, la mantiene boca abajo, conformando una idea circular, de rotación. Éstos están atados a una columna, manteniéndose el león macho con los ojos vendados. La siguiente figura, muy erosionada, es un bajorrelieve de una testa varonil con tupida barba.

Pasada la puerta cegada se pueden ver dos guirnaldas de laurel donde reposan dos figuras zoomorfas. Éstas últimas expresan la idea de sacrificio a la divinidad. De la guirnalda izquierda sobresale una serpiente mordiendo la cola a otra, formando el número ocho. Justamente debajo de la sierpe se puede hallar una concha, símbolo del bautismo.

A continuación se encuentran dos leones bocabajo, los dos machos, siendo el de la izquierda el que continúa teniendo los ojos vendados. De este modo se quiere lanzar el mensaje de que para salvar el alma hay que negarse a sí mismo, dando la espalda al mal. Los siguientes elementos decorativos son dos cerdos y dos corderos, ambos bocabajo, un olivo, otros dos cerdos, dos nuevas guirnaldas con las figuras zoomorfas posadas en ellas, una cabeza hindú, una pareja de cerdos con el hocico hacia abajo, una cabeza de mono, nuevamente dos cerdos bocabajo, una cabeza de lobo y, por último, una cabeza de cerdo.

viernes, 28 de agosto de 2020

Catedral de la Asunción de Jaén: Una verdadera joya del Renacimiento


Se conoce como Catedral al templo donde tiene su sede o cátedra el obispo, siendo así la iglesia principal de cada diócesis religiosa. Desde ahí, el prelado preside la comunidad cristiana, enseñando la vida de fe y la doctrina de la iglesia. Jaén necesitaba una Catedral en la que sus vecinos abrazaran la religión católica y, sobre todo, se le diera culto a uno de los símbolos religiosos más importantes de la iglesia católica, el Santo Rostro.

Su construcción comenzó en 1371, 125 años después de la conquista cristiana de Fernando III, terminando las obras en 1806 con la colocación de las rejas de la lonja, posterior a la construcción de la iglesia parroquial del Sagrario en 1801.

La Mezquita Mayor que se encontró Fernando III tenía como emplazamiento el mismo que el de la Catedral actual, siendo esta mezquita de tamaño reducido por el sitio que ocupaba, pues su ubicación tuvo que ser lógicamente opuesta a la de los templos que la suceden. El monarca cristiano renombra el templo árabe como iglesia en 1246 y como Catedral tres años tarde.

Siendo obispo Don Nicolas de Biedma se emprende la construcción de la Catedral antigua, la primera versión de este templo capitalino. En la actualidad no han sobrevivido restos del mismo. Existen documentos que demuestran que era un templo rectangular con capillas perimetrales y una cabecera plana, formado por cinco naves de moderadas dimensiones con la axial más ancha, y rematadas por otra transversal en la cabecera a modo de crucero que en su intersección con la nave central acogía un cimborrio ochavado. En la nave central se encontraba el coro y en frente la capilla mayor, puesta y arrimada a la misma muralla de la ciudad. Los púlpitos se situaban a ambos lados de la capilla mayor y las naves estaban separadas por cuatro muros longitudinales con arcos a nivel inferior y seis o siete pilares. La fachada principal contaba con tres puertas y contrafuertes adosados. La nave central era más alta que las otras cuatro, y en todas ellas utilizaronn cubiertas de madera sin ventanas a los lados, ya que la luz entraba en el interior por el cimborrio.

La catedral gótica del siglo XV se comenzó a construir durante los últimos años de dicho siglo y nunca llegó a finalizarse, ya que en la segunda mitad del siglo XVI se tomó la decisión de construir una catedral diferente en el lenguaje clásico imperante. De esta se mantiene en pie la parte inferior del muro que conformaba el testero de la Catedral gótica y que forma la cabecera de la Catedral actual, fijando el conjunto arquitectónico en la zona de la calle Valparaíso. En el paño central se puede apreciar una puerta tapiada con arco apuntado, que permitía el acceso provisional a la capilla del Obispo, de forma cuadrada y comunicada con la Catedral antigua para conciliar temporalmente el culto entre las dos catedrales. Dicha capilla se encontraba elevada siete escalones respecto a la Catedral anterior y con una escalera situada tras el muro del altar mayor que previsiblemente permitía el acceso al espacio bajo la capilla resultante del desnivel del terreno.

La Catedral actual fue iniciada a mediados del siglo XVI, prolongándose su construcción hasta principios del siglo XIX. Su primera etapa, conocida como renacentista, es la más importante porque se corresponde con la construcción que sienta las bases del templo que aún en pleno siglo XXI conocemos. En esta fase se edifica el Panteón y la Sala Capitular en 1556, y la Sacristía, el testero sur del crucero y las capillas de la nave izquierda más próximas a la cabecera un año más tarde.

Las obras comienzan a gestarse en 1548 por orden del obispo Don Manuel Esteban Gabriel. Andrés de Vandelvira realiza la traza y el modelo de la Catedral, convirtiéndose en Maestro Mayor de la misma con 38 años. Construye el bloque sur con las dependencias auxiliares y el Muro Interior que cierra el salón por el lado derecho y que ocupa el espacio existente que va desde las capillas de Santa Teresa y Virgen de las Angustias hasta el testero y la fachada sur del crucero.

Alonso Barba fue nombrado Maestro Mayor en 1578 tras la muerte de Vandelvira, manteniendo la idea de su antecesor. La Catedral fue diseñada como un gran salón rectangular en doble cuadrado, como una plaza cubierta, con las bóvedas vaídas a igual altura y con los arcos formeros descansando en unos rebancos que se apoyan sobre las pilastras cuyos intercolumnios dan lugar a la disposición espacial con tres naves.

En el piso inferior se crean capillas con dos arcos de medio punto en los intercolumnios de mayor tamaño y que simulan puertas que comunican con un mundo espiritual que se materializa mediante pinturas, esculturas y retablos. En el superior se construyen balcones en número de uno o tres, donde el vano queda enmarcado por pilastras jónicas bastante planas.

Andrés de Vandelvira diseñó la Sala Capitular como una planta rectangular en doble cuadrado cubierto con bóveda de cañón, organizando rítmicamente sus paramentos con dobles pilastras con hornacinas intermedias, arcos que acogen los ventanales apoyándose sobre un basamento plano que visualmente aumenta la esbeltez de la sala al tiempo que sirve de apoyo a la bóveda fajonada y que se encuentra decorada geométricamente.

En la Sacristía Vandelvira utiliza también una planta rectangular para demostrar la especialidad como una unidad longitudinal en la que las permutas de valencias entre espacio y estructura es evidente, provocando una solución parietal dual y de cobertura que inscribe sin correspondencia en el contenedor de prismático que define la volumetría exterior de la estancia. El cerramiento se soluciona con la construcción de un muro interior rítmicamente plasmado con un orden corintio en el que los haces de cuatro columnas desempeñan un papel fundamental en la transparencia que se percibe en la composición. En definitiva, Islamismo, Medioevo y Clasicismo se fusionan en un solo espacio, siendo la composición de esta sala algo complejo, único, refinado y genial.

En el exterior, el muro que protege la Sacristía, la Sala Capitular y el Panteón se asemeja a una superficie prismática que se componen de tres fachadas que no permiten intuir su contenido al haber sido diseñados sus cerramientos con una solución que permitiera construir un entablamento jónico coincidente con los primeros palacios del Quattrocento que no obedecían a las trazas clásicas de dichos edificios. Se puede decir que a mayor altura estos elementos adquieren características especiales de ático.

En 1635 el obispo cardenal Don Baltasar Moscoso y Sandoval adjudica las obras de continuación de la Catedral a Juan de Aranda y Salazar continuando las obras por la cabecera hasta el crucero. Para ello, se derriba casi la totalidad de la catedral y la capilla gótica realizadas respectivamente por Nicolás de Biedma y Don Alonso Suárez.

Juan de Aranda es fiel seguidor de las ideas de diseño de Vandelvira, siendo este el culpable directo de la aparencia exterior que existe en la actualidad tanto en los laterales como en la cabecera del templo. Para ello, el diseño con el que se soluciona los balcones situados en el muro exterior de la cabecera son los mismos que años más tarde se volverían a utilizar en los muros exteriores que cierran las capillas laterales. La fase realizada por Juan de Aranda concluye con Pedro Portillo, sucesor del anterior, que levanta el paredón a la altura de la línea de pilares del crucero, aislando la obra nueva y consagrando el templo en 1660.

Durante los últimos años del siglo XVII se inicia las obras para construir la fachada, dejando libre el hueco entre esta y el crucero para para ser edificado posteriormente. Eufrasio López de rojas es nombrado Maestro Mayor de la Catedral el 1 de enero de 1666, siendo este el responsable del diseño y construcción del cierre de la Catedral casi en su totalidad. Comenzó derribando el Ayuntamiento, que en aquella época ocupaba una parte del solar donde se pretendía ubicar la fachada, y posteriormente comenzó los trabajos de diseño de la torre derecha. En 1670 se inicia los trabajos en la torre sur y los cimientos de la fachada concluyeron dos años más tarde.

En 1684, el arquitecto muere, dejando la catedral con la fachada ejecutada sin el ático. Los siguientes arquitectos en comandar las obras del templo fueron Francisco Landeras desde 1685, Blas Antonio delgado desde 1686, y Eufrasio López entre 1688 y 1702. Con ellos se termina la fachada y se cierran las cúpulas de las torres durante esos años. El cerramiento de los pies de la iglesia es solucionado con un gran pórtico, a manera de vestíbulo, cubierto con bóveda de cañón, arcos fajones y lunetos, creando un lugar de transición que hubiera predispuesto a la percepción del anterior.

Frontalmente la fachada aparece protegida por dos torres idénticas y simétricas a modo de un arco del triunfo con dos pisos, organizándose en forma de retablo. Esta parte delantera está coronada con una balaustrada con pedestales intercalados y esculturas superpuestas, articulándose verticalmente en cinco calles mediante un orden corintio colosal y horizontalmente en dos pisos, acogiendo el inferior los tres accesos principales a la Catedral. Los balcones del piso superior son realizados en medio punto, mientras que la continuidad de los pisos es definida mediante el empleo de marcos y decoración.

El cuerpo superior, con su forma de ático, está ordenado verticalmente con pilastras, que se corresponden con las columnas inferiores, y que sostienen la cornisa y el antepecho superpuesto. En las torres se organizan los troncos con su desnudez dominante en contraste con la superficie interior de la fachada. El cuerpo de campanas exento y con triples vanos de medio punto se diseña con un orden corintio de columnas semiembebidas en pilastras. Como complemento se colocan chapiteles octogonales finalizados con pilastras cajeadas y huecos de medio punto. Las esculturas colocadas en ese espacio representan a San Miguel, la Asunción, la Santa Faz, San Pedro y San Pablo, y se personifican además los Doctores de la Iglesia intercalados con los Evangelistas presididos por Fernando III el Santo: San Agustín, San Gregorio, San Mateo, San Juan, San Lucas, San Ambrosio y San Jerónimo.

Entre los años 1701 y 1702 se procedió a la unión de la fachada con el crucero de la mano de los arquitectos Blas Antonio Delgado, Miguel de Quesada y José Gallego y Oviedo del Portal. Los muros de las capillas y cerramiento exterior que delimitan la nave derecha, según se entra, se realizaron en la primera mitad de esta fase, iniciándose hasta 1701, comenzando entre los años 1713 y 1716 los situados a la izquierda. El cierre exterior de las capillas y galerías se realizó con unos muros perfectamente definidos y dominados por unos balcones, organizándose estos en dos pisos con una serie de vanos ordenados verticalmente de menor a mayor. Estos huecos se unen ornamentalmente en el piso superior.

El coro de la iglesia Catedral de Jaén fue construido durante el siglo XVIII, siendo colocado en la nave central y conectado con el presbiterio por un corredor de rejería. Los coros no realizados tienen unos paramentos de corte estática con tendencia a la independización del contenido de su entorno, desempeñando un papel similar al del muro que define el espacio que los rodea. José Gallego, que ejecuta los muros laterales entre 1730 y 1736, emplea una planta ondulante que acusa el movimiento de la pared. Respecto al trascoro, ejecutado también por el mismo arquitecto, soluciona el diseño con otra planta ondulante que lo aúna con el academicismo de las esculturas y la pintura de La Virgen de las Tijeras, obra del maestro Mariano Salvador Maella.

En el costado norte junto a la cabecera de la Catedral, sobre una cripta, Don Ventura Rodríguez Tizón diseña en la segunda mitad del siglo XVIII un conjunto simétrico y de tamaño semejante al bloque contenedor de la Sacristía, Sala Capitular y Panteón, espacio más conocido como Sagrario. Los arquitectos Francisco Calvo Bustamante, Manuel Godoy, Ángel Vidal y Manuel Martín Rodríguez fueron los encargados de ejecutar ese diseño que se complementó con las esculturas de Miguel Verdiguier y José Arias y las pinturas de Mariano Salvador Maella y Zacarías González Velázquez.

La imagen de templo romano es muy evidente en la fachada posterior que está resuelta con una articulación axial, frontón y pódium, y se confirma en la fachada lateral, donde manteniendo la traza se refuerza con el ventanal termal del basamento. Ventura Rodríguez instauró el cuerpo superior con el ático retránqueado, los óculos, las estatuas sobre la balaustrada y los jarrones llameantes.

El Sagrario está definido como una iglesia oval de eje longitudinal. El espacio continuo interior se soluciona con un paramento perpetuo, articulado con un orden gigante corintio cuyas columnas pareadas se separan de un muro que presenta alternancia en vanos, unos como ventanas místicas en los altares de un solo piso y los otros de dos alturas con nichos abalconados, que se retrotraen expandiendo el espacio interior e imprimiendo cierto carácter civil. El arquitrabe del templo soporta la cúpula finalizada con dovelas hexagonales, colocando sobre la misma una corona de grandes ventanales ovales y estableciendo un ritmo ondulante en su superficie cóncava, iluminando el interior y creando un lugar para la oración de primer orden.

viernes, 14 de agosto de 2020

Callejero de Jaén: Plaza de Santa María


La Plaza de Santa María es la gran plaza de la capital del Santo Reino donde se encuentra la Catedral y el Palacio Episcopal. Sin duda, representa ese poder eclesial de la ciudad donde durante muchos siglos, esta doctrina tuvo tanto poder entre los vecinos jiennenses. También en esta plaza se encuentra el Ayuntamiento, que representa el poder popular, el poder del pueblo.

Durante muchos años este espacio estaba constituido como un gran salón donde se celebraban la mayoría de los grandes actos públicos y solemnes tales como la coronación de la Virgen de la Capilla, la entrega de banderas a fuerzas de la guarnición o las grandes concentraciones relacionadas con la religión y las misiones públicas, la política o aquellas de carácter multitudinario que se pudieran dar. Uno de las concentraciones más conocidas ha sido la Operación Escoba. En esta se barrió la plaza por artistas y gente del mundo del cine para recaudar fondos con el que construir viviendas sociales.

En la última remodelación han convertido la plaza en un gigantesco reloj solar. Por culpa de la ubicación de la Catedral sólo se puede leer tres horas al día que van de las siete a las nueve de la mañana. El gnomon, que es el objeto alargado del reloj solar, no es ninguna torre, pero sí está en una de ellas. Se trata de una cornisa a unos diez metros de altura que no tiene campanas. En el suelo se pueden encontrar dos tipos de líneas, unas más perpendiculares al templo que indican los meses, y otras radiales que cruzan a las anteriores.

En las perpendiculares tiene cada una dos meses. Mirando hacia el Ayuntamiento, desde la calle Almenas a la calle Campanas, se puede encontrar junio, mayo y julio, abril y agosto, marzo y septiembre, febrero y octubre, enero, noviembre y diciembre. Hay líneas que corresponden a dos meses porque las horas coinciden en esos dos meses. Cada línea corresponde con los días 21, por lo que junio y diciembre corresponden a los solsticios de verano e invierno respectivamente, y la de marzo-septiembre a los equinoccios.

Cercano al actual Ayuntamiento de Jaén existió un portillo abierto construido tras la toma de Granada que seguramente estaría protegido por la Torre de las Cadenas y el Torreón del Ayuntamiento. Ese portillo sería conocido como Postigo de las Cadenas. Además, esta plaza llegó a albergar hasta tres farolas de bronce, una de ellas desaparecida y las otras dos, la farola de San Agustín y de la Magdalena, se encuentran actualmente en las plazas que llevan su nombre.

La Casa del Provisorato y el Tribunal Eclesiástico es un edificio que forma parte del Obispado, ocupando en la actualidad un lateral de éste. Su portada, fabricada junto con el resto del edificio por el obispo Francisco Sarmiento de Mendoza, se abría sobre una escalinata de cinco gradas con una cruz sobre el frontón y los escudos a ambos lados de la Catedral y el obispo anteriormente mencionado. Los notarios mayores, sus oficiales y los procuradores asistían en la sala de audiencias eclesiásticas de la planta baja a los juicios, presidida por el provisor con el fiscal de turno. En la parte alta se encontraba una cocina, dos dormitorios, cinco calabozos y un oratorio para celebrar misas para los presos. Provisor y vicario solían ser la misma persona, al que se añadía el cargo de gobernador al obispado. El provisor era el juez eclesiástico y sustituto del obispo en cuestiones administrativas y de justicia. Entre ellos se disputaban presumidos con los corregidores la preeminencia en las procesiones.

Respecto al antiguo edificio del Banco de España, este es un inmueble que se construyó entre los años 1946 y 1950 por el arquitecto Raimundo de Madariaga. En el interior se conserva el amplio patio de operaciones en su planta principal, cubierto con bóveda rebajada y en el que, ya en la fachada, se puede apreciar el cuerpo principal con respecto al conjunto de la plaza.

viernes, 22 de mayo de 2020

Las capillas de nuestra iglesia mayor


Santo Domingo de Guzmán: 


La decoración de la capilla de Santo Domingo de Guzmán fue costeada por el canónigo penitenciario don Gabriel Ruiz Corchón en 1751. Este capitular, de origen soriano, solicitó enterrarse en ella justo a su hermana. En el lateral izquierdo se ubica en el retablo. Se trata de una de las primeras piezas de estética rococó y sigue modelos utilizados por Duque Cornejo. En el centro acoge un lienzo cuadrilobulado en el que se representa al titular de la capilla, Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores (Dominicos). El penitenciario soriano le tuvo una gran devoción, seguramente motivada por el origen castellano de ambos. En el ático encontramos un pequeño lienzo de la Anunciación. Los muros de la capilla se decoran con pinturas, entre las que destacan las Lágrimas de San Pedro y el retrato de San Juan de Dios. En el testero se sitúa la magnífica talla del Cristo de la Buena Muerte, realizada por Jacinto Higueras (1927). Esta imagen procesiona el Miércoles Santo y fue restaurada en 2008 en el Instituto andaluz de Patrimonio Histórico.

Capilla de San Sebastián:

En 1749, el entonces mayordomo de la Fábrica, don Vicente de Entrena, emprendió la decoración de esta capilla dedicada a San Juan Nepomuceno, costeando también su reja que sería realizada por el accitano Francisco Javier Bravo. En 1770 volvemos a tener noticias de una intervención del amueblamiento en esta capilla, a instancias de un devoto del santo patrón de la confesión, San Juan Nepomuceno. En ese momento se levantó el retablo que hoy vemos, dispuesto en el lateral izquierdo, y en el que se materializa un Barroco final que anuncia elementos del Neoclasicismo. En él destaca la talla del santo titular, obra de José de Medina. En el ático aparece una correcta pintura que representa a la Virgen con el Niño. El testero lo preside el portentoso lienzo del Martirio de San Sebastián, encargado a Sebastián Martínez en 1662. En 1751 fue trasladado a esta capilla con motivo del cambio de titular de la suya, que pasaba a dedicarse al apóstol Santiago (colateral a la capilla mayor). La decoración de la capilla se completa con un buen conjunto de pinturas. Entre ellas destacan dos situadas en el muro de la derecha: San Francisco recibiendo los estigmas y el Bautismo de San Francisco. Este último, que parece proceder del antiguo convento de San Francisco el Real, se atribuye a Antonio María Monroy y ha sido por Néstor Prieto a iniciativa de la Asociación de Amigos de la Catedral. En esta capilla se custodia de forma permanente el Santísimo Sacramento.

Capilla de San Jerónimo:

La primitiva decoración de esta capilla fue patrocinada por el canónigo lectoral don Jerónimo Baltán que, en 1747, dejaba como heredero y albacea al canónigo don Ambrosio Francisco de Gámez para que atendiera esta empresa. La capilla se dotó de un retablo barroco dispuesto en el lateral izquierdo y presidido por un lienzo del santo titular, San Jerónimo. Asímismo, Baltán entregó cuatro pinturas y dos floreros para la decoración de este espacio. La buena acogida que los gustos neoclásicos tuvieron entre determinados prelados y miembros del cabildo, provocó que algunos de los retablos barrocos se sustituyeran por otros del estilo imperante, como ocurrió en esta capilla. El retablo neoclásico, diseñado por Manuel Martín Rodríguez en 1793, acoge dos pinturas barrocas. El lienzo de San Jerónimo se ha vinculado tradicionalmente con la producción de Antolinez; en realidad, pudo ser el que presidiera el primitivo retablo barroco, de ahí que tuviera que ser ampliado al ubicarlo en su nuevo emplazamiento. El tondo del testero representa el clásico tema de los santos ermitaños Pablo y Antón y se muestra cercano al quehacer del pintor giennense Sebastián Martínez. En el lateral izquierdo se ha colocado el Escudo de la Catedral de Jaén, obra en madera policromada y dorada, atribuida a Sebastián de Solís (ca. 1604) y que pudo coronar el retablo mayor. La pieza fue restaurada en 2010 por Néstor Prieto, con el patrocinio de la Asociación de Amigos de la Catedral de Jaén y el Cabildo Catedralicio. 

Capilla de la Virgen de los Dolores:

Esta capilla despliega uno de los programas barrocos de mayor espectacularidad. Su promotor fue el racionero don Juan Romero Utrera, que entregó parte de los medios necesarios para llevar a cabo su amueblamiento. Para llevar a buen puerto esta empresa dispuso que el arcediano de la catedral y el canónigo don Ambrosio de Gámez fueran sus albaceas. En 1748 se daba por concluida su decoración, para lo cual Gámez tuvo que aportar dinero al ser insuficiente el legado por el racionero Utrera. Don Ambrosio de Gámez encargó para el testero un magnífico retablo barroco que actúa como marco para el lienzo que representa a la Transfixión de la Virgen María, obra del pintor sevillano Domingo Martínez. A los pies del retablo, sobre la mesa de altar de mármol rojo de Cabra, se dispuso la talla del Cristo Yacente, datada a finales del siglo XVI, aunque repintada posteriormente. En los laterales, junto a los lienzos atribuidos a Pancorbo, sobresalen los cuatro Evangelistas, obras también reutilizadas, pues se realizaron en el siglo XVII por Sebastián Martínez. En la actualidad se ha llevado a cabo su restauración gracias al patrocinio de la Fundación Caja Rural, ejecutándola Néstor Prieto.

Capilla de la Virgen de las Angustias:

El obispo Fray Jerónimo Rodríguez de Valderas dedicó esta capilla en 1670 a San Pedro Pascual, obispo de Jaén y fraile de la Orden de la Merced, martirizado en Granada en 1300. Aunque proyectó su magnífico retablo para ella, finalmente la obra no se realizó y se colocó un lienzo del santo con un pequeño retablo y dosel. En 1758, en plena efervescencia decorativa, el racionero don Fernando del Río ordenó construir un retablo barroco que acogiera al lienzo de San Fernando de Valdés Leal, que sería trasladado a esta capilla desde la tuya primitiva, que pasaba a dedicarse a San Benito. Finalmente se mantuvo la devoción a San Pedro Pascual en este lugar, llevando a San Fernando a otra capilla y encargando un lienzo del obispo mártir para esta. Con el triunfo del Neoclasicismo y por iniciativa del chantre Luis Javier de Garma, el retablo se sustituyó por la obra que vemos en la actualidad y el lienzo de San Pedro Pascual pasó a una capilla de la nave del evangelio (1827). En esta se colocó a la Virgen del Mayor Dolor o de la Correa y sus dos ángeles plañideros. En 1845, con los procesos desamortizadores, llegó a la catedral de la Virgen de las Angustias, obra de los granadinos José y Diego de Mora, procedente del antiguo convento de San José de carmelitas descalzos. Esta talla sustituyó a la donada por el chantre Garma, que pasaría a otra capilla. Cada Miércoles Santo procesiona con la Hermandad de la Buena Muerte. Esta institución sufragó la restauración del conjunto de tallas entre 2015 y 2016, siendo realizada por Néstor Prieto. En el ático del retablo todavía se conserva un lienzo que representa a San Pedro Pascual, el primitivo titular.

Capilla de Santa Teresa:

Desde su institución, esta capilla ha estado dedicada a la Santa reformadora del Carmelo, la abulense Teresa de Jesús, lo que demuestra la devoción que el cabildo le ha expresado a lo largo de los siglos. En 1712, el canónigo don José de Cancelada regaló la talla de su titular y, en 1757, el racionero don Juan de Linares costeó el retablo trazado por Pedro Duque Cornejo. Las tareas de amueblamiento fueron dirigidas, una vez más, por el canónigo Ambrosio de Gámez. La obra sería realizada por los maestros Francisco Calvo y José de Medina. De las manos de este último nacieron las magníficas tallas de San Juan Bautista y San Roque, que acompañan a la Santa, así como la Inmaculada y el busto de Cristo que rematan el conjunto. Los relieves y las pinturas murales representan escenas de la vida de Teresa de Jesús, cuyo retrato, siguiendo el modelo de Fray Juan de la Minería, cuelga del lateral derecho de la capilla. En el izquierdo encontramos un lienzo que representa a San Pedro Poveda, sacerdote fundador de la Institución Teresiana en 1911, que fue canónigo penitenciario de esta Santa Iglesia Catedral entre 1913 y 1921. Es obra de la teresiana María García, “Magar”. Sobre la cajonera se conserva un relicario de este santo giennense.

Capilla de San Benito:

En 1673 se dedicaba esta capilla a San Fernando y un año después se instalaba en ella el lienzo del rey santo realizado por Valdés Leal. En 1714, a instancias del deán don Íñigo Manuel Fernández de Córdoba, se colocó junto a la citada pintura la talla de la Inmaculada Concepción, la denominada Concepción Vieja, presente en la primitiva catedral, obra que se atribuye a Sebastián de Solís (lateral izquierdo). La devoción a San Benito se instaura en 1757 por iniciativa del entonces obispo, el benedictino Fray Benito Marín (1750-1769), lo que supuso el traslado del lienzo de San Fernando y del resto de pinturas que adornaban la capilla. No así de la imagen de la Concepción, que permanecería en el lateral de la misma conformando un singular retablo en cuya base aparece la Vera Imago de Cristo, según la tradición del rey Abgar de Edesa, y que goza de gran veneración entre los giennenses. El magnífico retablo barroco, que preside la capilla, fue trazado por Pedro Duque Cornejo y ejecutado por los maestros Francisco Calvo y José de Medina. La apoteosis del Santo centra el conjunto y queda rodeada de relieves que representan sus hechos y milagros, mientras que su hermana Santa Escolástica es representada en altorrelieve. De la producción de Medina destaca no sólo la imagen titular, sino también la escena de la Lactación de San Bernardo, en el lateral derecho. Los lienzos con la vida de San Benito también fueron legados por el prelado promotor. A nuestros pies se sitúa la magnífica lauda sepulcral del obispo fray Benito Marín de mármol rojo con incrustaciones de mármoles negros y blancos.

Capilla de Santiago Apóstol:

Primitivamente esta capilla estuvo dedicada a San Sebastián. Se trata de una de las más importantes por su ubicación en la cabecera, junto a la capilla mayor, y por ser el paso para la Sala Capitular. La portada renacentista del capítulo se abre en el lateral derecho y está presidida por la antigua talla de San Pedro de Osma. La devoción a Santiago llegaría a esta capilla en 1751, a instancias del canónigo don Diego Valero, que costeó un retablo barroco presidido por una escultura de Santiago Matamoros. A cambio, el capitular pidió enterrarse en ella. Fue entonces cuando se trasladó el lienzo de San Sebastián a la capilla de San Juan Nepomuceno. A finales del siglo XVIII, en el marco del programa de sustitución de retablos barrocos que abanderó el entonces deán don José Martínez de Mazas, se desmontó la pieza costeada por Valero y se levantó el nuevo retablo neoclásico. La obra fue diseñada por Manuel López, siguiendo un modelo que arranca en el de la capilla de San Eufrasio y que se repite en la de San Fernando. Los lienzos realizados para él representan a Santiago Matamoros, que se ha sacado del retablo y se ha dispuesto en el lateral izquierdo de la capilla, y la Aparición de la Virgen del Pilar a Santiago. Ambos fueron realizados por Francisco Agustín. En la calle central se ha ubicado el conjunto escultórico que representa a Cristo descendido de la cruz, obra de Víctor de los Ríos (1957). Es uno de los titulares de la Hermandad de la Buena Muerte y procesiona el Miércoles Santo. En el cuerpo inferior del retablo aparecen San Gregorio Naciaceno y Santo Tomás de Villanueva. En los tondos un Ecce Homo y una Dolorosa, ambos de gran calidad. Las esculturas de los apóstoles Tomás y Andrés flanquean la pintura del ático.

Capilla Mayor o del Santo Rostro:

Es la capilla de mayor amplitud y valor simbólico de la Catedral, pues en ella se custodian el Santo Rostro y la Virgen de la Antigua. El Santo Rostro es una de las principales reliquias de la cristiandad y razón de ser de esta Catedral: llegó a Jaén en la segunda mitad del siglo XIV, durante el gobierno del obispo don Nicolás de Biedma. Cada viernes se expone en El Sagrario de la Catedral para ser venerado por los fieles. El día de la Asunción de la Virgen y el Viernes Santo se bendice con él a la ciudad y a sus campos desde los balcones del templo, siguiendo una tradición secular. La Virgen de la Antigua está datada a finales del siglo XIV, rememora a la entregada por Fernando III al reconquistar la ciudad en 1246 y que fue destruida en una de las razias musulmanas, concretamente en la de 1367. Es la patrona del cabildo catedralicio y se procesiona cada 15 de agosto por las naves del templo. Sobre el sagrario que contiene el Santo Rostro se halla el Crucificado de bronce que Francisco Pecul realizó para el altar mayor en 1794. Tanto el Santo Rostro como la Virgen de la Antigua se ubican en la calle central del retablo realizado por Sebastián de Solís a principios del siglo XVII para la capilla mayor de la catedral vieja. Con el derribo de esta en 1635, la obra sería desmontada y reubicada en la nueva capilla mayor. En 1821 sufrió una profunda intervención que la dotó del aspecto neoclásico que vemos en la actualidad. Los lienzos laterales de la capilla, enclavados primitivamente en el retablo, fueron realizados por Sebastián Martínez. La Anunciación reproduce la copia de la Annunziata de Florencia ejecutada por A. Allori y enviada por el duque de Toscana a Felipe II. La Visitación parece también copiar un original desaparecido, pues existen varios lienzos de similares características. También son obras copiadas por Sebastián Martínez las pinturas del segundo cuerpo del retablo. El Descendimiento sobre un original de Volterra y la Flagelación sobre otro de Navarrete el Mudo. La labor de Martínez en este conjunto se completaría con la pintura de la tapa de la urna que custodia al Santo Rostro y que representa al venerado lienzo sostenido por dos ángeles. Las pinturas del primer grupo, Cristo camino del Calvario y Cristo despojado de sus vestiduras, se incorporaron en la reforma decimonónica. Las labores de talla pertenecen a Sebastián de Solís. En el primer cuerpo encontramos las esculturas de San Bernardo, San Pedro, San Pablo y San Antón (de izquierda a derecha); en el segundo cuerpo, el relieve de la Asunción de la Virgen; mientras que en el ático aparecen el Calvario, Dios Padre y las Alegorías de la Fe, Esperanza, Caridad y la Religión -primitivamente la Justicia-.

Capilla de San Fernando:

Tras situarse en varias capillas, finalmente la devoción a San Fernando quedaría fijada en esta de la cabecera, anteriormente dedicada al Niño Jesús. Don José Martínez de Mazas tomó la decisión en 1790. Su objetivo era ennoblecer este espacio y conceder al Rey Santo un lugar privilegiado en el templo. Para ello encargó un retablo neoclásico al arquitecto y tallista Manuel López. En este retablo se colocó el lienzo del titular, realizado por Valdés Leal entre 1673 y 1674, siguiendo la iconografía tradicional con la ciudad de Jaén al fondo. La obra había sido encargada por el cabildo con motivo de la canonización del monarca y a instancias de la Corona. Los capitulares pidieron al entonces maestro mayor, Eufrasio López de Rojas, que dibujara una vista de Jaén para que el pintor sevillano la representara en el lienzo. Entre las columnas del retablo aparecen dos tondos con lienzos de los santos Pedro y Pablo. Coronando el conjunto se sitúa una pintura de historia que representa la Consagración de la Mezquita Mayor de Jaén convertida en iglesia dedicada a la Asunción de la Virgen, ante San Fernando y Don Gutierre, obispo de Córdoba, obra de Francisco Agustín, ejecutada en los años noventa del siglo XVIII. En el lado derechos se puede ver un lienzo de Cristo Crucificado, copia de gran calidad del original de Guido Reni conservando en la iglesia de San Lorenzo in Lucina de Roma y restaurado en 2012 por Néstor Prieto con el patrocinio de la Fundación Caja Rural. En el muro izquierdo encontramos una puerta que da acceso a una pequeña sacristía que acoge a la escalera de caracol, uno de los pocos vestigios que aún se conservan de la catedral gótica.

Capilla de San Eufrasio:

Primitivamente esta capilla estuvo bajo la advocación de la Virgen del Pópulo y de Santa María Magdalena, pero por iniciativa del obispo don Agustín Rubín de Ceballos se dedicó a San Eufrasio. El retablo fue diseñado por Manuel López, bajo la supervisión de la Academia de San Fernando, inaugurando la amplia serie de retablos neoclásicos de la catedral y fuente de inspiración directa para los de San Fernando y Santiago. Pese a que está realizado en madera, su policromía imita mármoles polícromos, muy del gusto de la Academia. La pieza se estructura en tres calles, separadas por columnas corintias. En la central, se representa en relieve la Apoteosis de San Eufrasio, uno de los siete varones apostólicos, primer obispo de Jaén y patrón de la diócesis. En las calles laterales aparecen santos vinculados a la devoción del obispo Rubín de Ceballos: a la izquierda, San Agustín, su patrón, y a la derecha, San Julián de Cuenca, ciudad en la que había sido canónigo. En el nicho del ático, la figura de San Antolín, patrón de Palencia, lugar de procedencia del prelado promotor. Flanquean el ático dos conjuntos alegóricos, que representan el Triunfo de la Fe sobre la Idolatría (izquierda) y el de la Religión sobre la Herejía (derecha). Toda la realización escultórica se debe al escultor Juan Adán. Sobre la mesa de altar se encuentra la urna con las reliquias de San Pío, papa y mártir, donadas en 1793 por el obispo don Agustín Rubín de Ceballos. En el lateral derecho de la capilla se custodian las ánforas que contienen los Santos Óleos (Santo Crisma, Óleo de los Catecúmenos y Óleo de los Enfermos), bendecidos por el obispo durante la Misa Crismal de cada Martes Santo. También podemos ver un lienzo del siglo XVIII que recrea el retablo de la patrona de Jaén, la Virgen de la Capilla, en la iglesia de San Ildefonso.

Capilla de la Inmaculada:

En 1785, la antigua capilla de San Francisco recibía una nueva titular, la Inmaculada Concepción. Su promotor era el canónigo don Francisco Manuel Angulo que encargó el retablo a Bernardo de Ocaña, determinando que fuera dorado para guardar “la simetría” con el de Santa Teresa (capilla frontera). El retablo muestra un rico programa iconográfico de carácter concepcionista. En el bando se representa: Ester ante Asuero, la Visión de la Jerusalén Celeste y Judith con la cabeza de Holofernes, separados por símbolos loretanos, que se repiten en otros ámbitos del retablo acompañados de inscripciones. Destaca el lienzo central de la Inmaculada, que copia el modelo de Ribera. En las calles laterales, Santa Ana y San Joaquín, los padres de la Virgen y muy presentes en las primeras representaciones de la iconografía inmaculista. El lienzo del ático presenta a Esther ante Asuero, otra de las prefiguraciones concepcionistas. Para culminar este programa iconográfico aparecen las imágenes de los reyes y profetas del Antiguo Testamento. En el lateral derecho de la capilla se ha ubicado a la escultura de San Amador, mártir y patrono de Martos, y en su pedestal se halla Santa Marta. El conjunto fue realizado por José Romero Benítez. En el muro izquierdo podemos ver un lienzo barroco de San José con el Niño.

Capilla del Niño Jesús:

Desde la consagración del templo en 1660, existió una capilla dedicada al Dulce Nombre de Jesús, concretamente la colateral a la mayor, en el lado del evangelio (la actual San Fernando). La devoción había sido propagada años antes por el cardenal don Baltasar de Moscoso y Sandoval, que regaló la talla del Niño Jesús, en torno a la cual se instituyó una cofradía formada por los miembros del clero catedralicio. El pequeño retablo que contenía a la imagen del Niño se sustituyó por otro de gran barroquismo que quedaría sin dorar, costeado por el canónigo don Toribio Fernández en 1751. Con la dedicación de la capilla a San Fernando, la imagen del Niño se trasladó a esta capilla, que tenía doble titularidad: el Cristo de la Columna y San Antón. En ella se levantó el retablo neoclásico que vemos, diseñado por Manuel Martín Rodríguez en 1793, realizado en madera policromada imitando mármoles. Sobre la mesa de altar se dispone la urna con la antigua imagen del Niño Jesús (siglo XVII), repintada a finales del siglo XVIII. Sobre él encontramos el lienzo del Nombre de Jesús o la Circuncisión, obra de Antonio Soriano y en los laterales sendas tallas de José de Medina repolicromadas en blanco. En el frontón del retablo aparece el anagrama de Cristo, alusivo a la advocación de la capilla. En el lateral derecho se ha ubicado un lienzo que representa a Manuel Lozano Garrido “Lolo”, beatificado en 2010, obra del pintor Francisco Carrillo. En el lado izquierdo podemos ver una escultura-relicario de San José Oriol, obra de Ramón Amadeu, y que llegó a la catedral de manos del chantre Garma en 1807.

Capilla de San Miguel:

En 1757, el canónigo don Ambrosio Francisco de Gámez proponía al cabildo adornar esta capilla dedicándola a San Miguel. Durante un tiempo había acogido a San Benito. Tanto una como otra devoción habían estado presentes en la catedral vieja. Don Antonio apostó por un programa operativo similar al que años antes había dirigido en la capilla de la Virgen de los Dolores (la situada frente a ésta, en la nave de la epístola). Con este fin, encargó un retablo dorado que actuara como marco del lienzo oval que representa a San Miguel, obra del sevillano Bernardo Llorente Germán (1757). En el basamento del retablo se disponen las tallas de San Ambrosio y San Agustín, dos de los Padres de la Iglesia, vinculados a la devoción del patrono. En el centro, una pintura sobre cristal representa a la Virgen del Alcázar, patrona de Baeza, ciudad en la que vivió y estudió don Ambrosio y en cuya catedral comenzó su canonjía. En el remate del retablo otras pinturas sobre cristal recuerdan a devociones muy presentes en la vida de Gámez; la Santísima Trinidad y los Nombres de Jesús y María. La capilla queda completamente decorada, para lo que se utilizan placas de madera dorada que enmarcan los lienzos de la serie angélica atribuida al cazorleño Francisco Polanco (ca. 1640-1650). El programa iconográfico se completa con un conjunto de pinturas murales que se distribuyen tras el retablo y en los casetones de la bóveda, obra de José Carazo.

Capilla de San Pedro Pascual:

En 1827 llegaba a esta capilla el lienzo de San Pedro Pascual, obra de José Carazo realizada a finales del siglo XVIII. Procedía de la capilla que había estado dedicada a él desde 1670 y que, por iniciativa del Chantre Garma, acogería a la Virgen de la Correa y luego a la de las Angustias. El retablo neoclásico, diseñado por Manuel Martín Rodríguez en 1793, acoge la pintura del santo mercedario y obispo de Jaén martirizado en Granada en 1300. La obra ha sido restaurada por Néstor Prieto gracias al patrocinio de la Asociación de Amigos de la Catedral y del Cabildo de la Catedral (2013). En el lateral derecho de la capilla podemos ver un pequeño retablo neoclásico con la imagen de San Luis Obispo. La pieza llegó a la catedral procedente del antiguo convento de San Francisco el Real, donde presidía la capilla de San Luis o de los Caballeros. Asimismo, conserva esta capilla una talla de gran devoción que representa a la Virgen de la Cabeza, patrona de la diócesis de Jaén. En 2014 se dispuso sobre la mesa del altar una urna-relicario que contiene los restos del que fuera obispo de Jaén entre 1919 y 1936, don Manuel Basulto Jiménez, beatificado el 13 de octubre de 2013. Su retrato, procedente de la serie de epsicopologio diocesano, se encuentra en el muro izquierdo de la capilla y es obra de José Nogué.

Capilla del Cristo del Refugio:

Un retablo neoclásico diseñado por Manuel Martín Rodríguez en 1793, acoge una de las obras más antiguas de la catedral y de gran veneración, el Santísimo Cristo del Refugio. La talla se atribuye al escultor flamenco Gutierre Gierero (ca. 1520), autor también del Santísimo Cristo de las Misericordias y que trabajó en la sillería del coro. A sus pies aparece recostada Santa María Magdalena, obra atribuida a Sebastián de Solís (ca. 1593) que podría haber formado parte del retablo de la capilla del conde del Villar en la catedral vieja. Sobre la mesa del altar se ha situado a la Virgen de la Correa o del Mayor Dolor, como se refiere a ella la documentación capitular. La talla se atribuye a Ramón Amadeu, al igual que los dos ángeles plañideros que actualmente acompañan a la Virgen de las Angustias. La Virgen de la Correa fue regalada por el chantre don Luis Javier de Garma y Moreno, que también costeó su retablo neoclásico, exigido en la antigua capilla de San Pedro Pascual. En 1845 la Virgen de las Angustias se colocó en el retablo de la Virgen de la Correa y se trasladó a esta talla a la sala capitular, llegando finalmente a esta capilla tras varias ubicaciones. En el lateral derecho encontramos un pequeño retablo barroco que acogió una bella pieza flamenca en alabastro que se conserva actualmente en la Exposición Permanente de la Catedral. Frente a él, podemos ver un lienzo que representa a un clérigo ante una imagen de la Inmaculada, que quizás pueda tratarse de un retrato del deán don Íñigo Manuel con la talla de la Concepción Vieja.

Capilla de San José:

El retablo manierista de esta capilla procede de la de Núñez de Vargas en la catedral vieja y es obra de Salvador de Cuéllar, que lo realizó entre 1577 y 1579. La pieza sería desmontada con el derribo del viejo templo y se levantaría de nuevo en este espacio, sufriendo algunas intervenciones que afectarían sobre todo a su policromía y a la de sus relieves. El retablo acoge seis pinturas sobre tabla, realizadas por los hermanos Antonio y Miguel Sánchez (1578), que representan a San José con el Niño, San Juan Bautista y San Cristóbal (calle izquierda), Santa Catalina, San Francisco y San Agustín (calle derecha). La maestría de Cuéllar se deja ver en la labor escultórica del conjunto, especialmente en el Crucificado del cuerpo superior y en los relieves que representan a los Evangelistas y a los Padres de la Iglesia en el banco del retablo. La talla de San José, situada en la calle central, es obra de José de Medina y Anaya, datada hacia 1760 y ha sido restaurada por María Luisa Quirós en el marco del proyecto Andalucía Barroca. En el lateral izquierdo podemos ver un interesante lienzo de la Sagrada Familia y en el derecho el de San Josemaria Escrivá, obra de J. A. Ochoa (2018).

Trascoro:

Autor: José Gallego y Oviedo del Portal, año 1733. Frontal del mármol negro y adosado al mismo. Cartelas sosteniendo pilastras de mármol blanco. Sobre la mesa de jaspe de altar. Lienzo de Nuestra Señora de Belén. Obra de Salvador de Maella 1739-1819.