En
la actualidad muchos pueden pensar que las dimensiones de la fortaleza
cristiana que reina nuestra ciudad corresponde al espacio comprendido entre el
Centro de Interpretación del Castillo de Santa Catalina y el Parador de
Turismo. Nada más lejos de la realidad. Hubo una tercera fortaleza, anexa al parador,
que data del siglo XII y que pudo estar en funcionamiento hasta la huida de los
franceses, allá por 1812.
El
espacio ocupado iba desde la actual piscina del parador hasta la finalización de
los merenderos del cerro si lo miramos desde Caño Quebrado. Sus lienzos y
torres fueron construidos en tapial de tierra revestido en argamasa. El lienzo
sur tuvo que ser adaptada a la roca que reina esta parte del cerro, provocando
que las seis torres que pudo tener este castillo se tuvieran que construir
entre el lienzo norte (cinco de ellas) y el lienzo oeste, todas ellas de planta
cuadrada. Algunos historiadores comentan que el Castillo Abrehuy protegía el
flanco que daba al Cerro Neveral y que tenía un aljibe que se abastecía por un
sistema de acequias.
En
la actualidad, aún se puede apreciar la planta irregular del castillo
conformado por lienzos de muralla adaptados a los escarpes rocosos por su lado
sur, y paños de muralla reforzados por cinco cubos rectangulares al norte,
donde se albergaba una azotea en la parte superior. También se sigue alternando
hiladas de ladrillo macizo con mampostería regular, un sistema típico de construcción
almohade.
Lastima que esta riqueza arquitectónica sea aun una de las asignaturas pendientes de investigación y restauración en nuestra ciudad, presentando el lugar un lamentable estado de degradación y abandono.
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