viernes, 2 de julio de 2021

Vida y obra de Fabián de Castro

Fabián de Castro y Heredia es un desconocido pintor de etnia gitana nacido en la capital del Santo Reino en el año 1868. Era hijo de un gitano tratante de caballos que se trasladó a la ciudad minera de Linares poco después de nacer nuestro protagonista. Antes de mudarse a Paris, Fabián de Castro fue buñolero, sillero, minero, torero y guitarrista, y no es hasta su viaje al país vecino cuando ejerce su oficio de pintor. Su finalidad era convertirse en un verdadero artista de raza gitana. Quizás por eso tuvieron tanta fama sus obras, porque en ellas la burguesía parisina apreciaba el atractivo de las civilizaciones puras y primitivas que en ellas se plasmaba.

Pero el motivo de su viaje no fue otro que el de ser un verdadero músico. Ocasionalmente, viajó a Rusia con un grupo de ballet, ganándose la vida de este modo, pero añorando al mismo tiempo la capital francesa. Es por eso que a esta ciudad viajaba frecuentemente, estrechando lazos con amigos que fueron muy importante para él en un futuro.

Frecuentando a varios artistas llegó incluso a formar parte de los denominados Banda de Picasso, porque los artistas españoles vivían en París esporádicamente. En definitiva, Fabián de Castro se hizo pintor a fuerza de conversación con pintores donde en los talleres de estos tocaba la guitarra.

A nuestro protagonista se le atribuye alguna que otra estrecha amistad con damas parisinas pertenecientes a la alta burguesía. Una de estas mujeres era musicóloga y protectora del pintor. Era tal la pasión que sentía por el artista que llenó su casa de obras de este.

De su estudio salieron cuadros que fueron expuestos en Barcelona. Pinturas realizadas del modo más primitivo posible cuya temática religiosa reflejaba retratos de supuestos obispos o cardenales, definidos en ocasiones como un Greco o un Tristán primitivos y vocacionales. La concepción de su pintura estuvo sujeta a un ejercicio de utilización de las formas que dejan atisbar aspectos más planos en la forma y menos aéreo en la concepción del espacio con resultados arcaicos en la forma pero para nada naïf.

Si bien nunca se conoció descendencia alguna, si es cierto que era tío de Natalia Castro, conocida por ser una de las modelos favoritas de Julio Romero de Torres. Su vida se apagó en 1948, ochenta años después de su nacimiento, en la ciudad a la que le debía todo lo que fue, París.

viernes, 25 de junio de 2021

En el olvido: La Alhóndiga

La Alhóndiga fue un local público destinado al almacenamiento y compra-venta de trigo, granos y mercancías similares. En Jaén existió la Alhóndiga Zaida, en las proximidades de las casas del Cabildo. Esta estuvo abierta en los primeros años del siglo XVI. Dos siglos más tarde hubo otra junto a las Carnicerías de la Plaza de San Francisco e incluso se usó el edificio de la Casa de Comedias para esta misma función.


En el siglo XIX el Ayuntamiento quiso potenciar la institución dotándola de un edificio digno y adecuado a sus fines específicos. Este se levantó en la Plaza del Mercado, formando esquina con la subida a La Carrera. Para ello se demolió la cuadra y un picadero del vecino Cuartel de San Rafael. Las dependencias se distribuían en dos plantas, en la planta baja se permitía el tránsito de carros y caballerías y sobre ella se alzaba la planta de oficinas.

La entrada principal quedaba enmarcada con airosas columnas que soportaban un dintel. Los huecos se coronaban en la planta baja con rejones semicirculares, mientras las dependencias altas recibían luz desde amplios ventanales. En una de las esquinas de la zona baja la fachada conservaba la antigua cantería del cuartel.

En 1845 empezó a prestar sus servicios. Por aquel entonces el tráfico de granos se había devaluado y los labradores y ganaderos habían evolucionado a mejor sus usos comerciales. El edificio cayó en desuso a finales del siglo XIX. Con frecuencia el Ayuntamiento aprovechó el local para alojamiento de tropas, almacén de enseres y utillaje, sede de bomberos, músicos, guardias municipales…

En 1894 la Hacienda Pública sacó el edificio a subasta después de un embargo. A comienzos del siglo XX la Alhóndiga se demolió y sobre su solar se alzó el desaparecido también Teatro Cervantes.

viernes, 18 de junio de 2021

Barrios de Jaén: San Ildefonso

San Ildefonso, desde sus inicios en el siglo XIII, siempre fue una de las barriadas más populares de la capital del Santo Reino. En 1248, dos años después de la conquista cristiana, Fray Domingo ordenó la construcción de la capilla de San Ildefonso bajo el control de la Santa Iglesia Catedral. La advocación elegida se debió a que la Iglesia Diocesana de Jaén estaba muy unida al Arzobispado de Toledo, cuya veneración hacia el santo en dicha ciudad es muy importante.

Su enclave obligó a transformar el espacio en una parroquia capaz de atender las necesidades espirituales de la zona, consiguiendo también independizarse de la jurisdicción catedralicia. Su gran impulso surgió gracias a la aparición de la patrona de la ciudad, la Virgen de la Capilla, en el siglo XV sobre el cementerio adyacente a la capilla. Un siglo más tarde, en plena construcción de su fábrica, se construye la portada norte en la que interviene Francisco del Castillo y la torre-campanario noroeste datada de los años 1580-1664.

Hasta los primeros años del siglo XVII no se añade al templo una capilla para albergar en su camarín a la patrona de la ciudad. En 1751, Ventura Rodríguez traza una fachada neoclásica que Francisco Calvo complementa con una torre para cerrar el costado sur. En el interior se traza un presbiterio y un coro a semejanza de una catedral.

En definitiva, la parroquia fue diseñada en planta de salón dividido en tres naves por pilares compuestos de columnas que forman los arcos apuntados divisorios de los tramos abovedados, con nervaduras que dibujan estrellas rellenando sus espacios vaídos.

El bombadeo aéreo ocurrido en 1937 provocó grandes daños en el inmueble, lo que llevó a realizarse una severa remodelación en el templo pasada la guerra civil, suprimiéndose el coro y la tribuna del órgano y abriéndose de nueva planta las capillas de la Vera-Cruz y Nuestra Señora de la Soledad. En 1980 se levanta la casa parroquial, se abren las Rejas de la Capilla, se recuperan las criptas, del que se comenta que Andrés de Vandelvira se encuentra enterrado bajo los pies de la parroquia, y se alza junto al costado meridional la Casa-Museo Virgen de la Capilla.

Entre los elementos más característicos de la fábrica destacan la Portada del Descenso, la Portada Norte, la Portada Principal, la Torre Noroeste, la Torre Sur, la Capilla de Nuestra Señora, el Retablo del Descenso, el Retablo de San Benito, el Retablo de San Antón, el Retablo de Ánimas, los Retablos Menores y el Tabernáculo.

El centro neurálgico de la barriada siempre será su plaza, un espacio que en la actualidad se mantiene tal cuál fue diseñado en el siglo XVI. La doble calle de los Adarves sustituyen los desaparecidos lienzos de muralla que se levantaron desde el siglo XIII. Los Adarves Bajos, conocida popularmente como El Recinto, bordeaba la Huerta Baja del arrabal. Allí se encontraba el Hotel de Montejo, una vivienda que acogía a mendigos y transeúntes en los siglos XIX y XX. Los Adarves Altos, sin embargo, cumplía con la función de enlace entre el exterior de la ciudad y el corazón del barrio.

La calle Ancha, primero conocida como Maestra del Arrabal y finalmente como de Muñoz Garnica, fue la vía elegida para levantar allí el Convento de la Concepción de las M.M. Dominicas allá por el siglo XVI. Se mantuvo en pie hasta la centuria pasada. En la misma calle existió también el colegio Oficial de Farmacéuticos, el periódico El Pueblo Católico, la Casa de Socorro, la Zona de Reclutamiento y Movilización número 94, el Consejo Provincial de Agricultura y Ganadería, el Gobierno Militar, la Casa de Correos y el Colegio de Cristo Rey.

El campillejo de San Antonio, hoy Plaza de los Jardinillos, siempre se ha encontrado dentro de la jurisdicción de San Ildefonso. Lo presidía la iglesia de la Obra Pía de San Antonio de Padua que se encargaba de recoger a pobres ancianos y desvalidos. Desde 1886 se convirtió en la residencia oficial de las Siervas de María.

De la calle Teodoro Calvache se dice que su nombre se debe al nacimiento de este personaje en su primer tramo. Durante muchos años fue tránsito de cortejos fúnebres que se dirigían al Cementerio de San Eufrasio y también por ella transcurría el pasacalles que realizaba la Banda de Música Municipal cuando se celebraban corridas de toros en el Coso de la Alameda.

La calle de los Azulejos, en su parte baja, estuvo la Coracha, fortificación derivada de la muralla principal que finalizaba en una torre que albergaba un pozo, mientras que la calle del Barranco o del Barranco de la Alcantarilla veía como, en épocas de lluvia, esta servía de vía de evacuación natural de aguas hacia la Huerta Baja.

La calle de las Bernardas desemboca frente a la puerta de entrada del franciscano convento de la Concepción Descalza, también conocido como Convento de las Bernardas. La calle de Cañizares, por Pedro de Cañizares, estuvo habitada por hortelanos y por su ubicación siempre existió una intensa paz. A la calle del Capitán Aranda Baja le viene el nombre por el capitán Bartolomé de Aranda, que a los diecisiete años se alistó en el tercio del baezano Alonso de Navarrete, mientras que la calle del Capitán Oviedo homenajea la figura de Juan Oviedo, capitán de los Tercios de Felipe II que residió en esta vía.

La calle Bernabé Soriano tiene su origen en el siglo XV, cuando el Condestable Miguel Lucas de Iranzo la mandó allanar y despedregar, demoliendo algunas casas y dejando su trazado recto y libre hasta la Pontanilla, con el único fin de desarrollar ejercicios ecuestres con el que los caballeros se preparaban para el arte de la guerra.  

En 1548 el arroyo de la calle es embovedado y un año más tarde la calle es adobada y chapada. A mediados del siglo XIX la Real Sociedad Económica abre en ella su casa-escuela y con rapidez esta vía se transforma en una calle comercial. En el siglo XX se empiezan a levantar edificios de traza modernista y en 1957 una gran reforma la convierte en una calle cosmopolita y privilegiada.

La calle de las Carretas debe su nombre a los talleres que se dedicaban a la construcción y reparación de este medio de transporte desde el siglo XVII. Pero la que más transformaciones ha sufrido ha sido la calle de San Clemente. En esta existió desde el siglo XV una ermita dedicada a San Clemente, que durante muchos años fue iglesia auxiliar de San Ildefonso y desde 1956 es residencia de las Esclavas del Santísimo Sacramento.

El templo conserva su primitiva estructura. Es una iglesia de cajón, con tres naves separadas por pilares y arcos formeros y una capilla mayor donde se venera la imagen de la Virgen de los Remedios. Frente a ella estuvo el Hospital de Jesús, María y José fundado en 1685 por Luis de Piédrola y Moya para la curación, sustento y consuelo de mujeres enfermas e incurables.

La invasión francesa, que lo convirtió en hospital de sangre, lo dejó muy deficiente y la desamortización de Mendizábal lo cerró definitivamente, convirtiéndose este en una casa de vecindad. El callejón de los Berberiscos y el de Astorga daban paso a huertos convertidos posteriormente en jardines.

Campillejo de las Cruces debe su nombre a un extinguido cementerio que existió en ese lugar mientras que la calle Chinchilla hace homenaje a don Alonso de Chinchilla, uno de los caballeros que acompañó a los Reyes Católicos en su cruzada contra los árabes antes de que estos conquistaran Granada. Sólo una vez cambió de nombre, por el de calle del Obispo de Troya, en honor a don Melchor de Soria y Vera, prior de San Ildefonso y obispo auxiliar de Toledo.

El Ejido de la Puerta Noguera, bautizado en el siglo XIX como Ejido de la Alcantarilla, cumplía más la función de plaza mayor para sus vecinos que de un ejido propiamente dicho. Allí los hortelanos, aceituneros y artesanos pasaban largas horas bajo los álamos negros que rodeaban la explanada.

La calle Empedrada de San Ildefonso, antes Cruz de Piedra y desde 1973 de Vicente Montuno, es una calle que divide en dos innumerables vías de la barriada. Esta, durante los días de lluvia, veía como las aguas de la lluvia bajaban hacia un ocasional torrente, el Caño que va a lo hondo, luego mal bautizado como Calle Valondo. Y frente al Callejón del Huevo se encontraba una hornacina con la imagen del Santo Cristo de la salud, iluminado con farolillos al que nunca le faltaba flores.

La calle Espartería fue un arroyo y germen de las avenidas que se edificaron en la ciudad. Su nombre se debe a los esparteros que ejercían su oficio en esta vía desde época medieval, aunque luego estos se expandieron por el callejón de las Atarazanas.

La calle Espartería fue bautizada como calle del Doctor Civera, en homenaje a don Francisco Civera Pérez. La calle Fontanilla, actual calle Mesones esquina con Roldán y Marín, debe también su nombre a una fuentecilla que se instaló en ese punto aprovechando que por allí bajaban los remanentes de las fuentes públicas, sobre todo desde la Plaza del Mercado. A finales del siglo XIX, aprovechando la llegada del ferrocarril, se trazó una calle ancha en línea recta, conocida como calle del Proceso.

Cuando Fernando III conquista la ciudad se encuentra, en pleno siglo XIII, en lo que hoy se conoce como Plaza de San Francisco, con un bosque frondoso orillado por una acequia. Allí, el monarca decidió construir un palacio que posteriormente se convirtió en el Convento de San Francisco y ya, tras la Desamortización de Mendizábal, en sede de la Diputación Provincial de Jaén. La primera reforma de la plaza se realizó en el siglo XV, gracias a don Miguel Lucas de Iranzo, que convirtió el espacio en una amplia palestra donde se celebraban justas caballerescas, corridas de toros, ajusticiamientos, etcétera.

La calle de la Fuente de Don Diego hace homenaje a un gran abrevadero de agua asociado a este personaje, del que existen escritos que certifican su existencia en el siglo XV. Para realzar la fuente, el Cabildo Catedral decidió mandar construir un pilón donde se labrara un escudo del Cabildo y otro del Cardenal Merino. Tanto caudal recibía esta fuente que las aguas sobrantes regaban huertas y alimentaban las fuentes decorativas de La Alameda. En los años sesenta de la centuria pasada el monumento vio cómo, poco a poco, sus alrededores se convirtieron en bloques de pisos.

El Portillo de San Jerónimo fue una puerta que se encontraba junto al Convento de los P.P. Jerónimos. A mediados del XIX, se decidió urbanizar la zona, concediendo una gran parcela a Eustaquio Oñós, diseñándose de esa manera una vía bajo la advocación de San Jerónimo, que desembocaba en una explanada de traza rectangular. En esa explanada se levantó el complejo industrial conocido como La Fundición, en donde se diseñó la mayor parte del mobiliario urbano del Jaén de finales del siglo XIX. Tras su cierre, la nave se convirtió en hospital de coléricos en 1885, alojamiento de tropas, escuelas públicas, clínica veterinaria y parada de sementales. Se demolió en 1969.

La calle de Las Gracianas debe su nombre a las hijas de doña Graciana Cobo, que residieron en una vivienda de esa vía hasta sus últimos días. Esquina con la calle Tablerón existió una hornacina bajo la advocación de la Virgen del Carmen. La Huerta de los Cuernos debe su nombre al vertedero donde se arrojaban las cuernas de las reses sacrificadas en el matadero, y esta, junto a la Huerta de la Moriana, marcaba el límite del barrio hacia el norte.

La calle Hurtado siempre ha sido una vía señorial donde viviendas nobles de los siglos XVII y XVIII se alternaban con arquitecturas modernistas de la época. En la calle de Jorge Morales abrió sus puertas el Colegio de San Eufrasio, activo hasta 1930, donde aprendieron música y canto varias generaciones de infantes.

La calle de Juan Izquierdo cumple la función de nexo de unión entre la Puerta de Noguera y la Fuente de Don Diego. Allí se levantó el colegio de la Institución Teresiana en 1914, donde María Josefa Segovia Morón se convirtió en el alma del centro educativo. Frente a la calle de Cañizares se encuentra en pie un retablo de azulejo que recuerda unos de los milagros que supuestamente allí realizó Nuestro Padre Jesús Nazareno en 1681.

La calle de las Lizaderas hace alusión a unas mujeres artesanas que trenzaban y rizaban hilos de cáñamo para manufacturar sogas y cordeles. En la calle de Mesa existió la cervecería El Tejadillo, un espacio de ambiente taurino que incluso llegó a promocionar a un novillero conocido como El Niño del Tejadillo en los años cuarenta. Al final de la calle, sobre los cimientos del Palacio del Marqués de Vezmeliana, se levantó la Escuela Normal del Magisterio en 1927, una institución que por desgracia tuvo que cerrar en los años 50.

En la calle del Toro, hoy de Federico de Mendizábal, ha llegado a convivir sobre el mismo espacio desde mesones hasta prostíbulos pasando por residencias de familias de clase alta y talleres dedicadas a la artesanía. En el número 26 de la calle de Miguel Romera se levantaron unas escuelas públicas creadas por Teodoro Calvache. Volviendo a la ermita de San Clemente, junto a esta se crearon molinos de viga, los populares Molinos de San Clemente. Por este hecho su calle es conocida popularmente como de los Molinos.

En la calle Nueva convivieron carniceros, aladreros, boteros y guarnicioneros, entre otros. En 1957, por culpa del ensanche de la calle Virgen de la Capilla, se construyeron sus actuales escalinatas, pero también, al destruirse la Posada del Santo Rostro, se diseñó un pasaje comercial que conecta la vía con la calle del Rastro.

Si existe un vial que simbólicamente une el Jaén viejo con el moderno esa es la calle Pescadería. En ella, en el siglo XVI, se levantó un lavadero de pescado, hoy desaparecida porque en su posición se levantó en el siglo XX la Clínica Operatoria del Doctor Palma, obra del arquitecto Luis Berges Martínez.

Una de las vías que atravesaba algunas de las calles maestras del barrio fue la que se denominó como Pilarejo del borrego. En la actualidad esta vía está dividida en dos partes. La primera de ellas fue el tramo conocido como calle Machín, y la segunda parte fue bautizada como calle del Obispo Aguilar, en homenaje a Fray Justo Aguilar de Rueda.

La calle de la Plata pudo llamarse así por algún almacén que traficara con dicho metal, mientras que en la calle de Pocasangre, desde 1862 de San Fernando, existe una hornacina con la imagen del Santo Cristo del Arroyo, que según la tradición esta escultura quedó varada ante este punto un día de tormenta arrastrada por el agua.

El Arco de Noguera fue una de las puertas más notables de la ciudad. Por ella entró Enrique IV en 1469 cuando viajó desde Osuna a nuestra ciudad. La puerta estuvo en pie hasta el año 1872 cuando fue demolida para facilitar el tránsito de sus vecinos. Junto con su destrucción se rehabilitó una hornacina donde se encuentra el Cristo del Perdón.

La calle, renombrada como Manuel Jontoya, se inicia con el palacio de los Covaleda Nicuesa. Justo en este punto, para facilitar el tránsito hacia la Catedral, se abrió un paso por el que se accediera a la callejuela del Portillo.

La calle del Pósito, hoy de Joaquín Tenorio, es uno de los accesos principales al Mercado de San Francisco. Muy cerca de ella se encuentra una plaza famosa por la leyenda conocida como El Pósito. La calle de Ignacio Figueroa, sin embargo, era durante siglos un arroyo donde se construyó un puentecillo. Gracias a esto, esta pequeña vía, que conecta lo que queda de la Plaza del Mercado con San Ildefonso y Bernabé Soriano, es conocida como La Puentezuela.

La salida del barrio hacia la campiña jiennense se hacía por la Puerta Barrera. Junto a esta nacieron los mataderos municipales en 1463. Gracias a este se construyó una calle que conectaba la puerta con el campillejo de San Antonio, conocida popularmente como calle del Rastro. En la actualidad, la vía está dividida en dos, renombradas como calle del Rastro, en un primer tramo, y calle Madre Soledad Torres Acosta, en una segunda parte.

La calle Salido, pegada a la muralla de la ciudad, unía el campillejo de las Cruces con el arrabal de San Clemente. En ella vivió Francisco Salido y sus sucesores. De nuevo junto a la muralla, nació la calle Tiradores, donde se encontraban los talleres de los tiradores o estiradores de pieles que manufacturaban para su comercialización.

La calle de Vergara, anteriormente denominada como Tosquilla, debió su primer nombre a las tosquilleras de Jaén, o mejor dicho, a las mujeres ordinarias y soeces que se dedicaban a la venta ambulante para poder sobrevivir. En la calle Reñidero de los Gallos, en 1925, abrió sus puertas el cine Iris Park, posteriormente discoteca y hoy en día sin uso comercial. Por último, una de las calles dignas de mención es la calle Vandelvira, vía en la que se le rinde homenaje al arquitecto renacentista al que tuvo el placer esta zona de tenerlo de residente durante los años que residió en Jaén, aunque su vivienda se destruyera en 1975.

viernes, 11 de junio de 2021

De leyenda: Albañil Emparedador

A principios del siglo XX, unos jornaleros buscaban trabajo en la Plaza de San Francisco. Allí pasaban todo el día sin mucho éxito. Cuando empezó a caer la tarde, la plaza comenzó a quedarse solitaria. Uno de ellos se marchó dirección la calle de los Álamos, con cara de resignación, al no haber conseguido su objetivo.


En sentido contrario, por dicha travesía, caminaba una persona misteriosa que paró al albañil para ofrecerle una suma importante de dinero si a cambio hacía un trabajo especial en ese momento. El jornalero aceptó y el contratador le vendó los ojos y lo tuvo dando vueltas por la ciudad hasta parar en un punto desconocido.

Se llamó a una puerta de un edificio y ésta se abrió sigilosamente. Entraron al interior de ese hogar y llevaron al trabajador hacia una dependencia. Le quitaron el vendaje y allí escuchó las instrucciones necesarias para realizar su trabajo, tapiar un hueco en la pared.

Este se puso a trabajar de inmediato pero, de repente, cuando colocó el primer ladrillo, descubrió que en ese hueco se encontraba el cuerpo sin vida de un cadáver del que nunca se supo el sexo de esa persona. La necesidad hizo que realizara ese trabajo, ya que el dinero lo necesitaba urgentemente.

Desde esa misma noche, y durante un buen tiempo, el albañil no dejó de pensar en el cadáver que había sido tapiado. Tuvo tal remordimiento este humilde trabajador que una mañana cualquiera, este fue encontrado junto a su esposa colgados sin vida en el comedor, con la lengua fuera y los ojos desencajados.


viernes, 4 de junio de 2021

Barrios de Jaén: San Andrés

La barriada de San Andrés siempre fue uno de los entornos más pequeños de la ciudad. Tan sólo contaba con cinco calles llamadas de San Andrés, Baja de Santo Domingo, Santa Cruz, Horno de los Negros y Plazuela del Hospicio o de las Herrerías. Su arteria principal era la calle de San Andrés y conectaba la extinta Puerta de Baeza con la actual calle de Muñoz Garnica.

Entre sus vías se encontraba el campillejo de la Melgareja. Gracias a este se podía acceder a un molino aceitero conocido como La Molineta. Por la zona se construyeron casas de familias acomodadas que disponía de patios porticados presididos por una fuente y una serie de huertos, como por ejemplo la residencia de los Torres de Navarra. Con el tiempo los inmuebles fueron ocupados por vecinos de muy variada condición.

Reinando la calle de San Andrés se encuentra la iglesia parroquial dedicado al santo, una fábrica religiosa activa desde el siglo XIV aunque haya estado constituida canónicamente hasta 1843. En su interior se creó la Santa Capilla y Noble Cofradía de la Limpia Concepción de Nuestra Señora, una institución benéfico-docente basada en la Italia renacentista. Bajo la iglesia se encuentra un colegio público donde aún perdura la docencia procedente de la Santa Capilla.

La calle Baja de Santo Domingo, conocida popularmente como calle de los Uribe, debe su nombre a una entrada accesoria a la iglesia de Santo Domingo. También en ella se encontraba la entrada al antiguo Estudio General fundado en el siglo XVI y posteriormente primitiva universidad de la ciudad. Justo enfrente se construyó la popular Casa de la Piedra, de la que en la actualidad se encuentra el Colegio de San Vicente de Paúl abierto por las hermanas de dicha orden en 1885.

Anexa a la iglesia de Santo Domingo se encontraba el Palacio de los Uribe, un enclave urbanístico que sirvió posteriormente como fábrica industrial donde se creaban anisados y licores con fórmula propia. Por desgracia, este solar se encuentra en desuso.

La calle Horno de los Negros debe su nombre a una tahona regentada por familias de raza negra que contaban de cierta libertad en la Jaén esclava de los siglos XVI y XVII. Su parte inicial fue renombrada como calle de la Cuna por el rincón donde a hurtadillas se depositaban los niños malnacidos para que fueran acogidos por la pública caridad de la Cuna.

El corazón del barrio siempre fue la Plaza del Hospicio, conocida también como Plaza de las Herrerías y actualmente renombrada como Plaza de Santa Luisa de Marillac. Este espacio es presidido por el Palacio de los Condes de Villadompardo, edificado en 1592 por el Virrey de Perú don Fernando de Torres y Portugal. Bajo sus cimientos se encuentran unos antiguos baños árabes del que se comenta que son los mejores conservados de toda Europa.

A lo largo de la historia, el majestuoso palacio ha tenido otros usos entre los que destaca un hospicio, una casa-cuna y una maternidad. En la actualidad, alberga el espacio expositivo de los Baños Árabes, el Museo de Artes y Costumbres Populares, el Museo Internacional de Arte Naïf y los servicios culturales de la Diputación Provincial.

Frente al Palacio de Villadompardo existió, hasta los primeros años del siglo XIX, el Priorato de San Benito, sede de la Orden de Calatrava, con una iglesia donde se celebraban las investiduras de los caballeros de dicha Orden y también sirvió de residencia de estos para administrar sus propiedades e intereses. Su plaza está presidida por un cisne con una serpiente, motivo por el cual es también conocida popularmente como Plaza del Pato.

viernes, 28 de mayo de 2021

En el olvido: Edificio El Pósito

Al frente de la actual Plaza del Pósito, entre las calles Pescadería y Cronista Cazabán, se mantuvo en pie durante muchos años un antiguo edificio conocido como El Pósito. La construcción del mismo se debió a una donación que realizó el Conde de Ureña en 1474 para limpiar sus pecados. Gracias a esto las casas consistoriales se hicieron cargo de un hermoso espacio que daba a la antigua Plaza del Mercado.


No fue hasta 1547 cuando se inició su edificación. El interior se distribuía en tres plantas más desván. Las plantas se comunicaban por rampas, para facilitar el acceso a las caballerizas. El sótano disponía de almacenaje de aceite y el piso bajo era un zaguán. El inmueble era sólido y de trabajada cantería y su portada se abría en arco de medio punto.

En el siglo XIX corrieron nuevos tiempos y el edificio El Pósito decayó en su función principal. El Ayuntamiento lo empleó de cuartel, de prisión, de almacén, de casa de socorro, parque de bomberos, cuartelillo de la Guardia Civil, academia de la Banda Municipal…

En 1916 se pensó en rehabilitar el edificio y en convertirlo en Casa de Correos pero un año después se optó por venderlo a un particular. En 1919 se decidió desmontar su portada y utilizarla como acceso principal del nuevo Museo Provincial, condenando el espacio a su desaparición, cuya destrucción sirvió para hacer viviendas.

viernes, 21 de mayo de 2021

El friso gótico de la Catedral de Jaén

En el testero de la fachada este de la Catedral de Jaén se conserva un friso gótico flamígero en el que se pueden apreciar multitud de figuras fantásticas y elementos ornamentales realizados a principios del siglo XVI. Se trata de uno de los pocos restos que se conservan de la antigua Iglesia Mayor situada en la pequeña vía conocida popularmente como Callejón de La Mona.

Se trata de una alegoría de la resurrección y de la eterna dualidad del Bien y del Mal y de una galvanización de La Ciudad de Dios de San Agustín. En el paño central de este muro gótico existió una puerta de arco apuntado tapiada con posterioridad. Esta permitía el acceso a la capilla del obispo Alonso Suárez. Con esta modificación se destruyó un pequeño tramo de la moldura y, de este modo, se interrumpió su mensaje iconográfico.

El friso ha de leerse de derecha a izquierda. El modillón recorre la moldura en su totalidad, lo que provoca que todo el discurso se aposente sobre él. Éste está compuesto por gavillas de trigo, que están tachonadas de granadas. De ella, surgen hojas de cardo y de acanto, que simbolizan el triunfo, la victoria de los elegidos. Éstas se encuentran atadas por una correa que da sucesivas vueltas a lo largo del modillón, expresando protección por medio de las virtudes morales.

El bufón, que se encuentra en cuclillas con las manos reposando en las espinillas, tiene una apretada sonrisa y una mirada hierática, así como un turbante. Respecto a la gárgola, en la Edad Media era símbolo de fuerzas del submundo demoníaco y draconífero. A partir de aquí hay una pentalogía de animales alados en la moldura. El primer animal, descabezado por la erosión, tiene un cuerpo de mechones de pelo al estilo de los leones. El segundo animal tiene las alas plegadas. Del pico abierto le sale una lengua, posee cresta y su mirada es atemorizada.

Tras la gárgola aparece un hombre tocado con casco que simboliza al guerrero derrotado y capturado por el animal del submundo demoníaco. El tercer animal, decapitado, tiene el cuerpo lleno de plumas. A su lado aparece un olivo, lo que hace pensar que este ser vivo pudiera ser un pelícano. El cuarto y el quinto animal se ha convertido, por desgracia, en auténticas ménsulas.

Continuando con la descripción existe una piña asociada a un falo, dando simbolismo a la renovación de la vida. Después nos encontraríamos con un dragón, símbolo del adversario divino que trata de impedir desde el principio de los tiempos la obra redentora de Jesucristo. El que la piña apareciera justo antes de la bestia draconífera quiere decir que representa el eterno combate entre el Bien y el Mal que se reproduce una y otra vez en los sucesivos estadios de la vida.

A la izquierda del dragón aparece La cara lunar, realizada en relieve, de trazas esféricas y de rasgos esquemáticos. Se trata de dos agujeros a modo de ojos, el orificio de la nariz y una gran boca abierta mostrando en su interior dientes o algún alimento. De este modo se representa el antagonismo entre la luz del cielo y el dragón terrestre.

Encima del modillón aparece una moldurilla mixta y una serie de arcos apuntados de cuyos vértices salen unos capiteles que sustentan los diferentes florones del conjunto arquitectónico. En el centro de cada remate de los arcos aparecen pequeñas hornacinas, de las que sólo bajo la cara lunar aparece la figura de un escorpión.

El olivo situado junto al pelícano, anteriormente citado, se encuentra anterior a La bellota, símbolo de fortaleza y de duración. El racimo de uvas se utiliza para representar la alegoría de Cristo, al proceder de ésta el vino. En uno de los capiteles que sostienen los florones se pueden apreciar una sucesión de tres nudos, en una clara conexión del infinito con la Santísima Trinidad. A continuación hay dos figuras humanas mirándose mutuamente, conocidos como Gemelos, que simbolizan la dualidad, el Bien y el Mal, el nacer y el morir.

Seguido de los gemelos se encuentra una pareja de leones de sexo opuesto, la leona con la cabeza hacia arriba y el león, con abundante melena, la mantiene boca abajo, conformando una idea circular, de rotación. Éstos están atados a una columna, manteniéndose el león macho con los ojos vendados. La siguiente figura, muy erosionada, es un bajorrelieve de una testa varonil con tupida barba.

Pasada la puerta cegada se pueden ver dos guirnaldas de laurel donde reposan dos figuras zoomorfas. Éstas últimas expresan la idea de sacrificio a la divinidad. De la guirnalda izquierda sobresale una serpiente mordiendo la cola a otra, formando el número ocho. Justamente debajo de la sierpe se puede hallar una concha, símbolo del bautismo.

A continuación se encuentran dos leones bocabajo, los dos machos, siendo el de la izquierda el que continúa teniendo los ojos vendados. De este modo se quiere lanzar el mensaje de que para salvar el alma hay que negarse a sí mismo, dando la espalda al mal. Los siguientes elementos decorativos son dos cerdos y dos corderos, ambos bocabajo, un olivo, otros dos cerdos, dos nuevas guirnaldas con las figuras zoomorfas posadas en ellas, una cabeza hindú, una pareja de cerdos con el hocico hacia abajo, una cabeza de mono, nuevamente dos cerdos bocabajo, una cabeza de lobo y, por último, una cabeza de cerdo.