viernes, 17 de abril de 2020

Personajes ilustres de nuestra tierra: Pilar Palazón


Pilar Palazón Palazón, nacida en Jaén en 1932, es uno de los personajes de nuestra ciudad cuya labor es reconocida por ser la persona que luchó por que la capital del Santo Reino tuviera un Museo Internacional de Arte Íbero sobre los cimientos de la antigua prisión provincial al inicio de la Avenida de Andalucía.

Previamente a este logro, nuestra protagonista fue licenciada en Geografía e Historia en la Universidad Complutense de Madrid y dedicó gran parte de su vida a la docencia. También llegó a ser teniente de alcalde y concejala de cultura con la llegada de la democracia de la mano del Partido Socialista de Andalucía.

A doña Pilar Palazón también le debemos hitos como la existencia en Jaén de un grabado del pintor malagueño Pablo Picasso, la recuperación de la figura del pintor jiennense Manuel Ángeles Ortiz, hijo predilecto de la ciudad, y la creación de la Universidad Popular de Jaén, entre otros.

En 1997, durante una visita a la capital francesa, visitó con unos amigos la Galería Nacional de París. En ella, se encontraba una exposición temporal titulada “Los Íberos, príncipes de Occidente”, formado por numerosas piezas valiosas transportadas desde nuestra provincia. Tanto nuestra protagonista como sus acompañantes se quedaron tan maravillados con la exposición que un año más tarde decidieron crear la Asociación Amigos de los Íberos.

Su principal lucha fue la de contribuir al conocimiento de la inmensa riqueza íbera que ostenta la provincia. Es por ello que desde entonces solicitó a la Junta de Andalucía la construcción, aprovechando los cimientos de la antigua prisión provincial, de un museo internacional digno de ser elogiado por el resto de la humanidad.

Con las obras ya concluidas, en octubre de 2017, el gobierno regional aprueba la apertura de dicho museo, y dos meses más tarde, es el propio rey Felipe VI quien inaugura oficialmente este museo. Sin duda, sin la implicación de doña Pilar Palazón no hubiera sido posible este hecho en nuestra ciudad. Por eso, en 2018, la Junta de Andalucía le otorgó la medalla de la comunidad por su trabajo y su lucha en estos años de reivindicaciones culturales.

viernes, 10 de abril de 2020

Al aire libre: Sendero Cruz de la Chimba


En el paraje de la Cañada de las Hazadillas, a 18.5 kilómetros de la capital del Santo Reino, se encuentra el área recreativa del mismo nombre. Para llegar hasta él es necesario disponer de vehículo propio tomando la carretera comarcal JA-3210, que lleva al Puente de la Sierra. Desde allí, habría que girar a la derecha buscando el Pantano del Quiebrajano, Otíñar y Cañada de las Hazadillas. A la altura del kilómetro 14, bajo el Castillo de Otíñar, se toma el camino de la izquierda cruzando el puente de piedra sobre el rio hasta llegar a la fuente de la Cañada, punto de inicio de esta ruta senderista. 

En la actualidad, el sendero se encuentra en buen estado de conservación y la afluencia de público es baja, sobre todo los fines de semana. La distancia a recorrer es de algo más de un kilómetro y el tiempo estimado en realizarlo es de dos horas.

Ya en la fuente, a la derecha, se encuentra una vaguada. Al ascender por el mismo se gira a la izquierda para recorrer un sendero de herradura que pasa sobre la ladera de la fuente. Esta primera parte del itinerario es una constante subida que facilita la progresión del camino. 

En la parte superior del sendero la pendiente es suave y, continuando por un carril un poco marcado, se llega a una explanada donde realizan el giro de descenso los coches forestales. Desde este punto se puede acceder a la caseta forestal Cruz de Chimba, a unos 200 metros, escondida por abundantes pinares. Para visitarla hay que atravesar una pista de aproximadamente 20 metros y continuar un ascenso que conduce directamente hasta un prado por donde se encuentra este habitáculo. Habría que extremar las precauciones en este punto del recorrido ya que la Cruz de la Chimba se encuentra en las inmediaciones de una zona escarpada.

Desde esta caseta se pueden ver las mejores panorámicas de la Sierra de Jaén, comenzando por La Pandera y continuando por el valle del rio Quiebrajano, el Castillo de Otíñar y la propia ciudad de Jaén. 

Para regresar al inicio del sendero se utiliza el mismo itinerario que en la ida. En la pista forestal se continua por la derecha hasta llegar a una zona conocida como Llanos de Navalopos. Una vez se visita este último punto, a la izquierda, se pasa cerca de una llanura que bordea un segundo llano. Desde este segundo llano se asciende dirección a un collado por el que se desciende ininterrumpidamente hasta regresar al área recreativa. A la altura del Aula de Naturaleza habrá concluido el recorrido.

viernes, 3 de abril de 2020

Hamman al-Walad


El origen de la ocupación del espacio donde hoy se encuentra la ciudad de Jaén se remonta a la prehistoria, aunque sería en época ibero romana cuando se configuró como un recinto amurallado conocido como Aurgi. Este asentamiento sufrió numerosas transformaciones a lo largo de los siglos siguientes, sobre todo a partir del siglo IV de nuestra era, cuando se abandona partes de la misma.

Los árabes, que conquistan la península entre los años 711 y 714, iniciaron muy pronto la conformación de una nueva ciudad, Yayyan, Jaén, a la que no tardaron en convertir en capital de un gran distrito equivalente en cierto modo a una provincia, tanto por sus valores estratégicos como por la fertilidad de sus tierras.

Esta última se debía en gran medida a la abundancia de agua ya que desde el Cerro de Santa Catalina manaban numerosas fuentes naturales. Esta abundancia es sin duda uno de los factores que explica la continuada ocupación de este espacio a través de los milenios.

Hasta el siglo X la ciudad musulmana ocupó el mismo solar fortificado que la antigua Aurgi romana, pero organizada en tres amplios recintos. La Madina o espacio residencial, emplazada sobre los actuales barrios de la Magdalena, San Juan, San Miguel y San Andrés, la residencia fortificada de las autoridades políticas, situada en la ladera del Cerro de Santa Catalina, aunque el centro de gobierno estaba en la Madina, en la actual manzana de Santo Domingo, y finalmente en la cumbre fue construido un gran recinto como refugio de la población y último espacio defensivo.

La conflictiva situación política y social desarrollada en Al-Ándalus entre los siglos XI y XIII hizo que la población del entorno buscara refugio al amparo de sus murallas, lo que se tradujo en el surgimiento de arrabales a extramuros, y en cierto modo inutilizaría la muralla existente.

En 1169 los almohades se apoderan de Jaén. Los almohades eran un movimiento político religioso surgido entre los beneveres de las montañas del atlas, actual Marruecos, y que en la década anterior habían construido un gran imperio, abarcando los actuales Marruecos, Argelia y Túnez, y habían comenzado la ocupación de la península ibérica.

Aquí construirían una nueva muralla que por el sur llegó hasta el actual barranco de los escuderos, triplicando el tamaño de la ciudad. En ese extremo levantaron una gran mezquita, sustituida hoy por la Catedral, de la que partiría un eje hacia la ciudad antigua.

El centro del antiguo espacio urbano fue profundamente transformado. Ampliaron la principal terraza romana y levantaron un nuevo centro político reedificando los antiguos palacios omeyas en la actual manzana de Santo Domingo que conectaron con los baños del Palacio de Villadompardo, que probablemente fuera edificado por los ziíes, cuyo reino de más de mil años llegaron abarcar Granada, Jaén y Málaga.

Palacios y baños, que fueron abastecidos por el agua de la fuente de la Magdalena, llevaban el mismo mediante una gran conducción subterránea. Esta conducción que recorría las actuales calles Santo Domingo y parte de la calle Martínez Molina, llegando al menos hasta la actual Iglesia de San Juan, abasteció también a gran parte de la ciudad, permitiendo de esta manera la edificación de numerosas casas de baños en sus distintos barrios.

Existieron oficialmente hasta seis baños, pero es posible que hubiese algunos más. Aunque no se ha localizado ninguna mezquita cerca del baño del Palacio de Villadompardo, es posible que existiese, ya que como edificios que en parte estaban al servicio de una purificación ritual religiosa, algunos se levantaban en las cercanías de las mezquitas, emplazándose por tanto en zonas de gran afluencia, es decir, a las puertas de entrada a la ciudad, en plazuelas y en mercados, estos últimos organizados con pequeños comercios que rodeaban al baño.

Por otro lado, en bastantes casos, los baños eran propiedad de las mezquitas y las rentas obtenidas por su explotación servían para mantener estas. El baño del palacio de Villadompardo fue identificado como baño del niño y solía estar muy frecuentado por funcionarios de la administración estatal.

Un gran patio servía de antesala de los baños. Este podría acoger a vendedores de perfumes, aceites y tónicos para el baño. En algunos casos también se utilizaban otros servidores que se prestaban a secar sobre cuerdas las toallas y paños húmedos, aunque esta actividad también podía llevarse a cabo en las terrazas. También desde este espacio podía accederse a las letrinas.

Dentro de los baños, la decencia y el buen comportamiento de la clientela y servidores, asi como la limpieza del propio establecimiento estaban aseguradas por el almotacén, que era el encargado de la vigilancia. Este gran personaje tenía múltiples ocupaciones en la ciudad, ya que era el responsable de cometidos tan dispares como la inspección del mercado, la vigilancia de la moralidad pública, la declaración en ruina de los edificios o evitar que los animales fuesen sobrecargados o sobreforzados indebidamente.

En una primera estancia o vestíbulo de ingreso, conocida como al-bayt al-maslaj, el cliente descansaba, esperaba y se desvestía. En los muros de las estancias solían abrirse unas camarillas de escaso fondo llamadas tacas destinadas a depositar las vestimentas de los clientes. Aunque el acceso al baño era gratuito, el encargado del guardarropa, y que respondia a la custodia de las prendas de los bañistas, también vendía la piedra jabonosa con la que se limpiaban el cabello a la vez que alquilaba toallas.

A continuación, se accedía a la sala fría, conocida como al-bayt al-barid. Esta sala, como la anterior, solía ser de planta rectangular, presentando en sus extremos alcobas o alamías, separadas por arcos gemelos, y que servían como pequeñas estancias destinadas al reposo.

La tercera estancia, la más espaciosa del baño, era la sala templada, denominada al-bayt al-wastani, y al tener las mayores dimensiones, tenía un sistema de conducción más complejo, empleándose bóvedas de cañón para las naves laterales mientras que el espacio central lo hacía con cúpulas semiesféricas con pechinas apoyadas en columnas. En ellas masajistas, barberos y mozos de baño atendían a los clientes.

La cuarta estancia corresponde a la sala caliente, la conocida como al-bayt al-sajum. La alta temperatura del suelo obligaba al empleo de zuecos o alcorques de suela mueca. En ella se tomaban los correspondientes baños de vapor y para conseguirlo se vertía agua fría sobre el suelo caliza previamente calentado, generándose el reconfortante vapor que envolvía todo este espacio.

Tras los muros de la sala caliente se encontraba el horno, que daba con el hipocausto, red de conexiones que se encontraba sobre las salas caliente y templada por la que circulaba el humo calentando el suelo. El hipocausto terminaba en las chimeneas y salían hacia el exterior ofreciendo un efecto de convección que hacia circular el aire caliente y, expulsado el humo, ya enfriaba el exterior.

Sobre el horno se apoyaba una gran caldera de cobre donde se calentaba el agua y podía distribuirse todo el edificio, aunque su primera parada solía ser una pileta, con frecuencia colocada a un lado del horno y que se empleaba para la ducha o para regar el suelo y provocar vapor.

El horno y la caldera comunicaba con un patio de servicio hasta donde llegaban las cargas de combustible, ya que para caldear el baño en el horno se quemaba todo aquello que podía arder sin que esta acción ocasionase molestias al vecindario.

El horno era la parte sucia del baño. En ella trabajaba los empleados del baño, que con frecuencia podían ser exclavos. También estos empleados, caminando por las bóvedas de conducción de todo el edificio, abrían y cerraban las luceras utilizando para ello cristales coloreados, graduando así la temperatura interior y la intensidad y la graduación de la luz.

El pavimento de las distintas salas varíaban dependiendo de la función que cada espacio desempeñaba, documentándose en el edificio suelos de mármol, barro cocido y piedra natural. El agua era conducida a las diferentes salas del baño mediante conducciones de barro o plomo alojadas en los muros.

En el interior de los baños, con el objetivo de aislar y conseguir una mayor deflagración y modulación del calor, las paredes y las cubiertas de las salas se lucían con recodo de yeso de color blanco sobre el que se trazaban diversos motivos, empleándose diferentes pigmentos entre los que dominan la almagra, que es un resistente a la humedad.

Pero el baño no solo tenia funciones higiénicas y religiosas, sino que era también un espacio en el que se entablaban poderosas relaciones sociales, por lo que habitualmente en este inmueble se permanecía bastante tiempo. Se trataba, por tanto, de un lugar destinado al lánguido cuidado del cuerpo, al acicalamiento, donde se extreman los detalles, y se ejercían con ese objetivo muy variadas actividades y prácticas.

Al atardecer, cuando la jornada llegaba a su fin, era el turno de las mujeres, que realizaban las mismas actividades que los hombres, solo que esta vez eran atendidas por otras mujeres.

viernes, 27 de marzo de 2020

Callejero de Jaén: Avenida de Granada


En pleno siglo XXI los jiennenses viajan a Granada por la autovía de Sierra Nevada-Costa Tropical, pasando cerca de vecinos municipios de la provincia como La Guardia, Pegalajar o Cárcheles, entre otros. Anteriormente, el camino natural desde época inmemorial discurría por el paraje veraniego de Puente de la Sierra, la antigua aldea de Otíñar y desde ese punto se discurría por sierra hasta la llegada a la vecina ciudad de la Alhambra, siendo el punto de partida del recorrido el entorno del Camarín de Jesús.

No fue hasta 1835 cuando decidieron cambiar el itinerario del trayecto iniciando el recorrido en la Puerta Barrera a través de una carretera nacional, o secundaria, que no fue sustituida por autovía hasta bien entrada la democracia.

Gracias a ese cambio, lo que hoy conocemos como Avenida de Granada se convirtió en la primera zona de expansión industrial de la capital del Santo Reino. Se crean los primeros talleres, serrerías de reparación de automóviles, las primeras cocheras de transporte público, tejares, alfarerías, tahonas… Todos estos elementos le daban un carácter industrial a la carretera hasta bien entrada la dictadura franquista.

En los años 50, ante el aumento de demanda de nuevas viviendas y la falta de suelo, los promotores de aquella época comienzan a crear descontroladamente parques de viviendas cercanas a la Puerta Barrera. De repente, aparecen bloques de pisos con mucha altura en una avenida estrecha como la que nos ocupa donde la densidad de ocupación evita que entre el sol y el aire con frecuencia. Las aceras por aquella época se quedan pequeñas ante la afluencia de vecinos que transitan por la misma.

Afortunadamente, a la altura de la calle de la Plaza de Toros se puede disfrutar de instalaciones deportivas orientadas a las magníficas vistas de fondo como las que proporciona la Sierra de Cazorla o Pegalajar, haciendo de desahogo para todos los vecinos que viven en ese entorno.

Es curioso como en época franquista la circulación rodada hacia Granada proveniente de Madrid realizaba un giro alrededor de una farola en la bifurcación existente entre Avenida de Madrid y Avenida de Granada, cuyo elemento urbanístico era utilizado también por los guardias de tráfico para intentar ordenar el tráfico en dicho punto de la ciudad.

Desde la parte central de la avenida se puede acceder al antiguo Cementerio de San Eufrasio a través del antiguo Camino de las Cruces, cuyas cocheras de ese vial eran utilizadoçs durante la Feria de San Lucas como casetas de la misma. El antiguo Parque de Felipe Arche supone la continuación en la actualidad del complejo polideportivo de La Salobreja, con pistas de pádel, minigolf, campo de césped artificial y otros elementos comunes formando un gran pulmón para ese entorno de extrarradio de la ciudad.

viernes, 20 de marzo de 2020

De leyenda: El obispo insepulto


Don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, obispo de Jaén, fue prelado de Jaén en la primera mitad del siglo XVI. Fue un hombre que pasó a la historia de la Diócesis como un gran constructor, al ser el responsable de la creación de, entre otras, el Santuario de San Ildefonso de la capital del Santo Reino. A finales del siglo XV nació este personaje en el municipio avilés de Fuente del Sauce. Antes de llegar a Jaén, fue obispo de Madroñero y Lugo y Consejero Mayor del Reino e Inquisidor General.

A Don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce se le debe la edificación de la primera catedral gótica, antecedente que le valió para ser enterrado en la capilla mayor de la misma. En 1635 fue trasladado temporalmente a la sacristía de la actual catedral con motivo de unas obras en el corazón de la fábrica eclesiástica.

Cuando concluyeron las obras en el templo trazado por Andrés de Vandelvira, el Cabildo Catedralicio decidió que el obispo había perdido todos los honores que le posibilitaba seguir enterrado en la capilla mayor al haberla transformado casi en su totalidad el arquitecto toledano. Para eso, desde Cabildo se propuso que Don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce debía ser enterrado con el resto de obispos, algo que su familia se negó por completo. Sus parientes estimaron que era de justicia volver a enterrar el cuerpo del obispo en el altar mayor.

Esto provocó que se iniciara un litigio entre ambas partes, dando como solución preventiva que el cuerpo del prelado fuera ubicado en la capilla mayor, pero sin ser sepultado, colocando su cadáver en un mueble diseñado para albergar al fallecido. 300 años más tarde, el cuerpo permanecería en dicha capilla, esperando la resolución del litigio entre familiares del difunto y el Cabildo Catedralicio.

Durante estos tres siglos la familia ofrecía una vez al año una serie de bienes al Cabildo tales como cera, miel, ganado… El motivo por el que los parientes del obispo realizaban esta ofrenda se debe a que con este acto seguiría en pie sus reclamaciones.

En 2001, el obispo de la Diócesis de la capital, Don Santiago García Aracil, oficializa un acuerdo con los parientes de Don Alonso en el que los restos del difunto serían sepultados definitivamente en la Capilla del Santo Rostro. La fecha en la que Don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce recibió cristiana sepultura fue el 13 de mayo de ese mismo año.

El mueble que sirvió de féretro durante siglos aún permanece a la izquierda de la Capilla Mayor sin la inscripción que indicaba el uso funerario del menaje, y que decía así: “Alonsus Suares de la Font”, “Obispus Insepultus”, Falleciorum 1.520, sepultorum 2.001. Ret in cantem pace.

viernes, 13 de marzo de 2020

Al aire libre: Sendero Pinares del Neveral


Sendero Pinares del Neveral, un itinerario por la naturaleza en el que se puede disfrutar de los innumerables pinos carrascos que se encuentran por el cerro del Neveral. Gracias a que el camino se encuentra en buen estado y no presenta gran dificultad, durante más de 140 minutos se puede recorrer un itinerario de casi 10 kilómetros de longitud. Para no perderse, es recomendable estar atentos al camino, ya que son escasas las señales de indicación que existen por el cerro.

Al pie de la ladera sur del Cerro de Santa Catalina se encuentra el barrio del Almendral. Su parte más alta se encuentra delimitada por la conocida carretera de la circunvalación. Desde ese punto tiene inicio una estrecha ladera que asciende hacia un campo de almendros ya abandonados, buscando un depósito de agua para bordearlo.

Esta senda por el que continua el camino se introduce en el pinar del cerro que nos comunica con la carretera general, a pocos metros de la fuente del Caño Quebrado. Desde dicha fuente hasta el área recreativa del cerro se encuentra la única parte del recorrido que coincide con otro sendero, llamado La Muralla. Esta parte del itinerario se realiza por el margen izquierdo de la carretera durante un pequeño espacio de tiempo. Abandonando el asfalto, el camino discurre por un sendero que conduce hacia una pista forestal. Desde dicha pista se llega a el Área Recreativa del Neveral, por donde habrá que pasar por unas barandas que conduce a la zona limítrofe entre el pinar y el olivar.

El siguiente punto del recorrido son unos depósitos de agua que abastecen al hospital. Desde ahí se puede ver otra pista forestal que se atraviesa a continuación para iniciar el tramo circular del sendero. Después de ascender por sucesivas pistas forestales se inicia un descenso en el punto más alto del recorrido, que invita a regresar por los pasos dados anteriormente hasta el inicio del itinerario en el barrio del Almendral.

viernes, 6 de marzo de 2020

Extrarradios: Villar de Cuevas


Villar de Cuevas es una pequeña aldea situada a unos 10 kilómetros de la ciudad donde parte de sus instalaciones en la actualidad se encuentran en ruinas y el resto de la pedanía se habita temporalmente gracias a los trabajos agrícolas que se realizan durante la época estival de recogida de aceituna. En este paraje podemos encontrar desde naves para albergar ganado vacuno hasta estancias de almacenamiento para la actividad agrícola.

Quizá su nombre se deba a dos elementos que ya existían en el siglo XIV. Concretamente hablamos de la cueva de don Yllán y de un villarejo que existía cerca de dicha caverna. Existen documentos que comentan que en 1311 existía una parroquia rural dependiente del Arciprestazgo de Jaén. Más tarde, en el siglo XVI, existen pruebas que evidencia la creación de una iglesia bajo la advocación a Santa María. Además, durante doscientos años, desde 1595 a 1792, esta aldea se encontraba deshabitada.

A 1500 metros de la aldea pueden verse restos históricos de un olistolito o emersión de roca sedimentaria que alberga distintos abrigos, cerca del arroyo del judío. También, por la zona, se encuentra la Laguna de Prados del Moral. Una charca amenazada en la actualidad por el reiterado intento de plantación de olivar en su cubeta y por un pozo de agua demasiado salina como para emplearla como agua de riego.

El entorno de esta alberca alberga una rica variedad de fauna, desde anfibios como el sapo corredor, el sapillo moteado o la rana común pasando por diversas aves acuáticas y limícolas como la cigüeñuela, el chorlitejo chico o la garza real, entre otros.

Aun se pueden encontrar restos arqueológicos de época romana por la zona, como antiguas teselas de vidrio o lucernas. Hay quienes comentan que en este espacio los arqueólogos han llegado a descubrir hasta tumbas de época romana. Al norte de la pedanía, este enclave romano, correspondientes a una gran villa bajoimperial, empiezan a construirse en la época del Alto imperio, justo en el momento en el que el espacio es convertido en aldea. Por desgracia, estos terrenos constituyen un foco de atracción para los furtivos por la gran cantidad de monedas que aparecen.