viernes, 17 de septiembre de 2021

La banda municipal de Jaén

 


Si bien hasta bien entrado el siglo XIX existía en nuestra ciudad alguna que otra banda de música, no es hasta 1901 cuando la casa consistorial local decide crear la distinguida Banda Municipal de Música de Jaén bajo la dirección de don Rafael de la Torre Brieva. Su presentación tuvo lugar un 15 de agosto de ese mismo año en la Plaza de Santa María. Cuatro años más tarde, don Rafael fue destituido para volver a ocupar su puesto en 1911. Una etapa en la que, según algunos, se colocaron los cimientos de la banda que conocemos hoy en día.

Entre 1905 y 1911, don Manuel López Fernández dirigió al grupo con muchísimas dificultades, puesto que logró obtener la oposición frontal de los músicos por sus prácticas profesionales.

En 1932, don Emilio Cebrián Ruiz se hace, vía oposición, con la dirección de la banda municipal. Durante ese año, el compositor y don Federico Mendizábal se reunieron en la residencia del primero para componer un canto que ensalzara la belleza de las pastiras y el paisaje de la ciudad. Nació, un seis de octubre de 1932, el famosísimo Canto a Jaén.

Tras su estreno en el desaparecido Teatro Cervantes trece días más tarde, la crítica fue tan abrumadoramente favorable que la corporación municipal aceptó, un treinta y uno de mayo de 1935, convertirla oficialmente en el Himno de Jaén. La partitura original se encuentra depositada en el Palacio Municipal de la ciudad.

Como anécdota, algunos de sus compases también se incluyeron en la marcha Nuestro Padre Jesús, obra también del maestro Cebrián.

Su letra es la siguiente:

Eres harén con luz de sol

en que cautivo se deshoja el corazón.

Es tu mujer, radiante flor,

gentil sultana favorita del amor.

En tu olivar, soñé por ti,

con luz de luna,

jaenera ser feliz.

Y al despertar con esa luz,

a mi pastira junto al monte de la cruz.

Bella Ciudad de luz

que tienes cuando miras,

el corazón y el sol,

rendidos a tus pastiras.

Sultana tú, mujer,

que al despertar un día,

se hizo clavel de amor,

al sol de Andalucía.

Alcemos bajo el sol,

como una antorcha el corazón,

la tierra de Jaén,

abre sus brazos de mujer.

Bella ciudad...

¡Viva Jaén...!

viernes, 10 de septiembre de 2021

La reja de la Capilla de San Andrés

La reja, obra de Maestro Bartolomé, pertenece a un período de transición entre el Gótico y el Renacimiento o, lo que es lo mismo, al período comprendido entre 1490 y 1530. Presenta estructuras de grandes proporciones diferenciadas en dos cuerpos, de mayor altura el primero, separadas por una franja intercorporal corrida o que a veces sube en el centro para marcar el dintel de la puerta.

A su vez están divididos en tres calles semejantes de la que destaca la central por estar en ella la puerta. Posee un barrotaje muy variado, fajas intercorporales, frisos y en los remates aparecen formas renacientes hechas en chapa doble calada. Por último, los ornatos y los redropies son casi siempre muy goticistas.

La función de la reja es la de cerrar o abrir la Capilla de la Purísima Concepción, cuya entrada contiene un arco de medio punto. La reja se alza sobre un pequeño zócalo interrumpido en el centro. En ella descansa el primer cuerpo de la obra, un espacio de tres calles formada por cuatro barrotes capitales cuadrillados y decorados con formas vegetales doradas. Las dos calles laterales presentan ocho barrotes torsos de escisión central romboidal, que en cuatro de ellos, alternados, se complica en forma de ojiva, mientras que en el resto hay pequeñas lanchas con decoración vegetal.

En la calle central se encuentra la puerta en forma de arco de medio punto, con ocho barrotes torsos, idénticos a los de los laterales, pero flanqueados por dos más gruesos. El arco del hueco de la puerta está decorado por motivos vegetales dorados y dos angelitos a modo de enjustas o alfiz. Sobre ella se encuentra la parte central de la faja intercorporal, elevado para facilitar la forma arqueada.

El conjunto en sí, dorada y pintada, está flanqueada por dos formas curvilíneas iguales a las ménsulas o las rocallas y que, a su vez, están sujetas por los angelitos. La faja intercorporal basa su decoración en formas vegetales repetidas y afrontadas a modo de candelieri.

El segundo cuerpo contiene también tres calles flanqueadas por cuatro barrotes capitales torsos, siendo los dos extremos más largos, que a su vez están divididos en dos partes y decorados en la parte central por unas mazorcas doradas. Los dos barrotes capitales centrales son más cortos por la franja intercorporal en su calle central.

Las dos calles laterales tienen ocho barrotes cada una que combinan las formas cuadrilladas en su primer tercio con los torsos de los dos tercios inferiores con escisión romboidal a la altura del primer tercio empezando por abajo. El paño central representa el abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada, donde aparecen enlazando sus manos con un ángel sobre sus cabezas. A los lados se encuentran dos hombres y dos mujeres. En ella se puede apreciar el estudio de las anatomías y los volúmenes y el intento de plasmar el movimiento. Sobre la escena cuelgan unas guirnaldas y demás motivos vegetales. 

El segundo cuerpo está rematado por un friso decorado con formas vegetales y animales que se repiten a lo largo de todo él en una labor calada y de filigrana de hierro. El friso está dividido en tres partes y manifiesta, en cuatro figuras humanas, que descansa en los barrotes capitales del cuerpo inferior.

El remate de la obra es una representación del Árbol de Jessé, o árbol genealógico de María, que arranca en la figura de David yacente sobre el friso en el centro de la composición. Respecto a la ascendencia de la Virgen, sólo aparecen representadas doce de las veintiséis generaciones como frutos del árbol.

Esta última parte del conjunto está hecho a base de formas curvas o volutas de hierro en las que se entrelazan las formas vegetales y humanas en hierro repujado, dorado y coloreado, dando así un aspecto variado y rico. Posee doble ornamentación, es decir, las figuras se repiten tanto en el interior como en el exterior de la capilla.

viernes, 3 de septiembre de 2021

La transición y Jaén

 


Se conoce como Transición española al proceso político por medio del cual se deja atrás la dictadura franquista para dar paso a la democracia regida por una Constitución. Durante esos años, diversas movilizaciones y protestas colectivas ayudaron a tener el régimen democrático que la sociedad española, un seis de diciembre de 1.978, votó a favor para así tener la vida que actualmente tenemos.

Las protestas en la ciudad durante los últimos años del franquismo eran leves y de poca notoriedad. Sin embargo, entre la sociedad se va diseñando una serie de relaciones que dieron cabida, a principios de los setenta, de asambleas organizadas en salones parroquiales, colegio universitario, bares… Estos sirvieron de base para conectar con gremios ligados a la izquierda.

Si en la capital del Santo Reino y su provincia no se vivieron huelgas y movilizaciones de calado como en otros puntos de la geografía española, se debe a que en nuestras tierras existía una nula o escasa organización de producción industrial. En Jaén, la clase campesina y trabajadora se conformó, con absoluta pasividad, a las condiciones de vida que les tocaba vivir.

Militantes de partidos políticos como el Partido Comunista de España, la extrema izquierda o los sacerdotes obreros, entre otras organizaciones, pusieron todas sus fuerzas para crear vínculos entre sus vecinos con el que aumentar las participaciones en las protestas.

Sectores de la iglesia facilitaron el ingreso en partidos políticos de miembros de su propia organización y potenciaron la participación de los ciudadanos en temas tan clandestinos en aquella época como la libertad, los derechos democráticos o la cultura crítica.

El Partido Comunista, como oposición más importante de la dictadura, comienza a organizarse en la ciudad y en otros puntos de la provincia. El régimen franquista comenzó a verse amenazado, por lo que iniciaron una ola de represiones contra esta formación tras la aparición, en diciembre de 1970, de propagandas repartidas por Jaén. La detención de 60 militantes y el encarcelamiento de algunos de ellos produjo la desaparición momentánea del PCE a principios de 1971.

Al año siguiente, Juan Martos, Emilio Fuentes, Manuel Monereo y Paco Fuentes, jóvenes estudiantes del colegio universitario, solicitaron ingresar en el PCE de Granada, reconstruyéndose el partido en nuestra ciudad, tal y como sucedió dos años antes. Se recaudó dinero para sufragar despidos, para presos políticos y familiares, para huelguistas… y se seguían visitando a los comunistas que seguían en prisión. 1976 marcó un antes y un después en la organización, con la creación de comités locales y la primera dirección provincial con Felipe Alcaraz como secretario general.

El PSOE también empezó a reorganizarse a principios de los setenta tras su caída definitiva en 1946. Una pequeña célula del partido estaba presente en Jaén y se encontraba dividida en dos grupos. La primera de ellas estaba comandada por Alfonso Fernández Torres, mientras que el segundo estaba liderado por Diego Vadillos. Un grupo de veinte socialistas mantenían contactos y reuniones en la residencia habitual de Diego Vadillos, constituyéndose allí la constitución de la agrupación local de Jaén.

La extrema izquierda, sin embargo, estaba representada por las siguientes organizaciones: Movimiento Comunista (MC), Autonomía Obrera/Liberación, Partido del Trabajo de España (PTE) y Organización de la Izquierda Comunista (OIC). En sus círculos más íntimos, trabajaban  por defender las libertades y la democracia para así conseguir que los vecinos se unieran a su causa. Se creó la asociación de vecinos PASSO, movimientos sindicales…



Tras la muerte de Franco, se celebraron intensamente actos públicos, huelgas, manifestaciones… Todas ellas fueron protagonizadas por el sector olivarero, como la salida de tractores en protesta por las guerras agrarias que existieron por toda España. Buscaban mejorar unas condiciones laborales que el franquismo, por sus ideales, nunca les quiso dar.

Con la llegada de la democracia, las asociaciones de vecinos renacieron de sus cenizas ya que hasta ese momento no se luchaba de manera constante por resolver los problemas vecinales. Comenzaron con escritos, recogidas de firmas o campañas de prensa para continuar con manifestaciones, cortes de circulación, etc. Ya que los partidos ilegales las utilizaron a su antojo, estas asociaciones se convirtieron en escuelas de democracia de líderes políticos.

En 1976, por primera vez desde la Guerra Civil, el Partido Comunista convoca ante el Gobierno Civil una manifestación en el que participaron estudiantes del Colegio Universitario. La institución educativa pagó las multas impuestas a los estudiantes organizando mercadillos benéficos. Días más tarde se celebró otra manifestación bajo el lema Amnistía y Libertad.

En ese mismo año, la actividad del PSOE fue tan vertiginosa que en tan sólo seis meses pasó de tener 9 agrupaciones locales a 41 en toda la provincia. Cándido Méndez y Julián Jiménez constituyeron el primer comité provincial.

En el lado opuesto, la UCD se organiza desde el gobierno Civil, formado por representantes de importantes sectores productivos y de concejales del régimen franquista. En noviembre de 1981, el partido político sufre su primera crisis en la capital, aunque siguiera elevándose el número de afiliados en la misma. Un año más tarde, el comité local se disolvió al desaparecer UCD a nivel nacional.

Alianza Popular reunió una serie de asociaciones políticas que participaron por toda la provincia, mientras que la extrema derecha también intentó quedarse con un hueco del arco parlamentario, sin éxito. La población jiennense no podía darle su apoyo a aquellos que permitieron, durante años, los delirios del régimen caído.

Esta fue la época donde los jiennenses expresaron su opinión pidiendo ser escuchados, buscando respeto y consideración. No querían que cualquier persona disfrazado de político les dijera lo que tenían o dejaban de hacer. Querían ser libres y lucharon por ello. Gracias a ellos, tenemos la libertad que disfrutamos en la actualidad. Donde cada uno puede pensar, amar y respetar como nunca la historia de nuestro país había hecho.

viernes, 27 de agosto de 2021

Exposición del Renacimiento en la Santa Iglesia Catedral

Un 2 de octubre de 1992, de la mano del entonces Presidente de la Junta de Andalucía Manuel Chaves, se inauguró en el interior de la Santa Iglesia Catedral la exposición más representativa que Jaén haya conocido sobre el Renacimiento. 1400 metros cuadrados y más de 70 maquetas formaron parte de una colección por la que pasaron casi cien mil visitantes en los dos meses que la presentación estuvo abierta.

En ese momento, el exalcalde de la capital, José María de la Torre, pidió formalmente a la administración regional la cesión de la explotación de la exposición para ser expuesta de forma permanente en un edificio que se habilitaría para acoger la misma. Aunque llegó a firmarse el protocolo de cesión a la ciudad, aún eligiendo como sede el Palacio del Capitán Quesada, el proyecto se frustró y, desde entonces, no se han conocido nuevos detalles al respecto.

En la actualidad, maquetas, enseres, planos, video promocional, documentos y otros elementos se han fragmentado repartiendo los mismos entre Jaén, Úbeda y Sevilla. En el Archivo Histórico Provincial de Jaén se exhibe la maqueta de la Catedral de Jaén y algunos documentos. El resto se encuentra guardado en unos almacenes sin determinar.

Úbeda, que también acogió la exposición en abril de 1995, tiene en una sala del Hospital de Santiago una maqueta del mismo edificio. Lamentablemente, esta sala no se encuentra abierta al público. Por último, el resto de piezas residen en la capital andaluza, bajo la tutela de la Dirección de Bellas Artes que las expone frecuentemente en diferentes municipios de la provincia sevillana.

Gracias a esta muestra la provincia jiennense aumentó su autoestima al reconocer su patrimonio, al subrayar el orgullo del renacimiento con su arte y su monumentalidad y sirvió de impulso para que ciudades como Úbeda y Baeza se decidieran a dar el paso para solicitar ser declaradas ciudades Patrimonio de la Humanidad.

Quien sabe si algún día, como con otros tantos proyectos, se puede disfrutar de un sueño que lleva tres décadas perdido por cualquier rincón desconocido de nuestra región.

viernes, 20 de agosto de 2021

La vida de Miguel Hernández en Jaén

El 18 de febrero de 1937 el poeta Miguel Hernández redacta la siguiente carta a su entonces prometida Josefina Manresa en la que le comenta lo siguiente:

“Te voy a dar una noticia que no sé si te agradará o no te agradará. A lo mejor ya no puedo recibir carta tuya aquí, en Madrid. Un día de estos salgo para Andalucía. No te puedo dar muchos detalles sobre mi viaje porque conviene que no se haga público”.


Por aquella época el escritor, tras su estancia en Madrid, pasó a formar parte del Altavoz del Frente (órgano encargado de la propaganda de la República) bajo la supervisión de Vittorio Vidali, más conocido como Comandante Carlos Contreras.

A nuestra ciudad llegó un 3 de marzo de dicho año para formar parte del Frente Sur, organismo de intelectuales encargados de la propaganda republicana en campo enemigo. Desde aquí escribe los poemas Aceituneros, El sudor, Campesino de España o Jornaleros, obras que luego formarían parte de la colección Viento del pueblo, considerada como una de sus creaciones más paradigmáticas. Desde el primer día su mayor obsesión fue relatar la lucha y la vida del campesino español, como así hizo.

Desde Jaén volvió de nuevo a escribir a su futura mujer:

“Mi queridísima Josefina. Espérame. Voy dentro de cuatro días. Prepárate para nuestro casamiento. Vas a venir a Jaén conmigo. Tengo una alegría muy grande, nena. No se te hará antiguo el vestido…”

El 9 de marzo Josefina y Miguel Hernández se casan en Orihuela para, dos días más tarde, viajar a Jaén y mudarse a la residencia que el Altavoz del Frente tenía en la calle Llana. En esta vivienda comparte estancia con el también poeta José Herrera Petere y su mujer Carmen Soler. El rincón favorito del matrimonio era el entorno de Jabalcuz, donde Josefina comenzaba a escribir a máquina para deleite de su esposo.

El 21 de marzo nació la publicación Frente Sur, de dos tiradas a la semana, en la que el poeta le dedicaba gran parte de su tiempo escribiendo hasta quince colaboraciones de amplia temática. Mientras tanto, escribe otras obras tales como El refugiado, La cola, El hombrecito y Los sentados, estas formando parte del volumen Teatro de la Guerra. En Jaén Miguel Hernández también escribe la obra dramática Pastor de la muerte, premiada en 1938 con un Áccesit en el Concurso Nacional de Literatura.

Un mes después, el 19 de abril, muere la madre de Josefina Manresa, cuyo entierro fue costeado por el poeta. Hasta Cox, municipio alicantino, viaja el matrimonio, donde sus caminos se separan, al menos geográficamente hablando, ya que Miguel Hernández regresa de nuevo a Jaén acompañado de su cuñado, mientras que Josefina se queda en su tierra natal. De hecho, esta decisión provoca que el poeta recibiera la noticia de que iba a ser padre por primera vez vía carta postal.

Durante su estancia en la capital del Santo Reino, Miguel Hernández viaja a los municipios de Porcuna y Lopera para ofrecer consuelo emocional a los combatientes. Tras un pequeño viaje a Andújar, donde relata el conflicto bélico en el Cerro del Cabezo, abandona una Jaén Capital que nunca volvió a pisar un 7 de mayo de 1937 rumbo a Extremadura.


Uno de sus poemas más populares se titula Aceituneros, que dice así:

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

viernes, 13 de agosto de 2021

En el olvido: Teatro de la Audiencia

La capital del Santo Reino ha podido presumir, a lo largo de los años, del enorme apoyo que siempre le ha dado a la cultura y, en especial, al teatro, con la construcción de casas de comedias o algún que otro teatro a lo largo de su historia. Siempre existirá en la memoria el desaparecido Teatro Cervantes, pero también hubo otros que también dejaron huella en la vida diaria de muchos jiennenses.


Ocupando casi el mismo lugar donde actualmente se levanta el Teatro Darymelia existió, durante el siglo XIX, el teatro denominado de la Audiencia. Nació en las primeras décadas de ese siglo por la necesidad de contar en la capital con un local adecuado para las representaciones de comedias. El promotor de la idea fue don Pedro José Moreno, que compró el llamado Corral Yermo y un solar colindante.

El 11 de abril de 1830, en plena Pascua de Resurrección, la Compañía de Verso, Música y Baile de Antonio Ferrer y Vicente Hernández, inauguraba el Nuevo Teatro, un nombre que fue obligado a ser cambiado por el de la Audiencia por aclamación popular. No era un gran espacio, más bien era pobre, angosto e incómodo. Al ser un edificio construido con madera y ornamentación de escayola pintada, a finales de siglo el terreno se convirtió en un peligro social.

La gota que colmó el vaso para su cierre fue el asesinato de su conserje en una noche tenebrosa de las que aún existen en la capital del Santo Reino.

En aquella época se pensó en rehabilitarlo, cambiando el nombre por el de Teatro Moratín, pero se optó por construir un nuevo teatro de nueva planta, más amplio y lujoso en la confluencia entre la actual Plaza de la Constitución y la calle Bernabé Soriano, el posteriormente conocido como Teatro Cervantes.

En 1927, el arquitecto Justino Flores Llamas decidió aprovechar el local para levantar un nuevo teatro-cine llamado Darymelia, en honor a sus hijas Daría y Amelia. Del antiguo Teatro de la Audiencia no queda nada. Hoy en día, tras una remodelación en los años 90 del siglo pasado gracias a la Junta de Andalucía, aun se puede disfrutar de un coqueto teatro municipal, quedando este en segundo plano tras la construcción del Nuevo Teatro Infanta Leonor.

viernes, 6 de agosto de 2021

Barrios de Jaén: San Miguel

La desaparecida barriada de San Miguel siempre ha estado ligada al histórico entorno de La Magdalena. Con tan sólo una veintena de calles, allí se concentró un amplio número de vecinos de la ciudad. Su declive vino de la mano de la extinta parroquia de San Miguel. Este fue un edificio del siglo XV muy parecido a la iglesia de San Bartolomé y San Andrés. Su fábrica estaba formada por una planta basilical con tres naves separadas por triple arco formero semicircular en la cabecera. Sus puertas fueron cerradas en 1843 y su terreno fue vendido a particulares en 1874. Aún se mantienen en pie algunos restos de la iglesia por culpa de las viviendas particulares que la mantienen escondida.

Cercano al barrio se encuentra la actual calle de Millán de Priego, anterior ronda exterior de la muralla. Por esta vía se accedía a la Huerta del Poyo, Huerta del Pariente y Huerta de la Calatrava. En mitad de este tramo se encontraba la Puerta del Sol, primer punto del municipio por donde entraban los rayos solares a la ciudad. Junto a ésta se levantó una fuente-abrevadero, hoy Pilar del Arrabalejo, y una hornacina dedicado al Santo Cristo de la Salud.

También sobre la zona se levantó en el siglo XX la Escuela Elemental de Trabajo, luego Escuela de Maestra Industrial, Instituto de Enseñanza Secundaria y el edificio de las Religiosas del Divino Maestro, del que también fue centro educativo entre 1946 y 1985.

La calle Borja fue una callejuela que ocupaba una parte de la muralla desaparecida y que ha quedado como un espacio sin tránsito por la ampliación del Hospital Provincial. La calle de Cambil llevaba a una primitiva puerta de muralla y la calle de Contreras, conocida también calle de la Portería de Santo Domingo, debe su nombre a la existencia en el lugar de un convento dominico.

En la calle de los Hornos Francos existieron unas tahonas en las que se cocía pan para consumo propio mientras que en la calle del Hospital de San Miguel se encontraba el hospitalico de la parroquia, cuya función era atender a ancianos inválidos y desfavorecidos. Sobre la Plaza de San Juan de Dios reina el edificio del antiguo Hospital del mismo nombre, institución benéfica administrada primitivamente por el Concejo bajo el título de Hospital de la Santa Misericordia.

El centro sanitario fue cedido a la Diputación Provincial tras la desamortización de Mendizábal, que lo convirtió en Hospital General de la Beneficencia Provincial auxiliado por una comunidad de Religiosas Hijas de la Caridad. En la actualidad sigue siendo sede del Instituto de Estudios Giennenses.

La calle de las Lavanderas recibe su nombre por las mujeres que trabajaban como lavanderas en las casas señoriales del barrio, mientras que en la calle de San Miguel se encontraba la iglesia del mismo nombre. Un entorno, ya en la calle del Altozano de San Miguel, donde se encontraba, junto con la calle de los Uribes, la Casa de la Piedra.

En la calle de Santo Domingo abrió sus puertas una escuela de niñas en 1885 fundado por las Religiosas Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, conocido como La Miga. Presidiendo la zona existe una pequeña hornacina dedicada al Señor de la Clemencia. La calle de Noguera sirvió de ronda de muralla por el interior de la misma. Una vía a la que ya se le cambió el nombre en el siglo XIX por el de Fernando IV. Gracias a esta se podía ir desde la ciudad vieja a las huertas de la zona y viceversa.

La calle del Vicio fue popularmente llamada así porque en esas casas se ejercía la prostitución. La calle de la Oliva, sin embargo, fue una vía que se dirigía hacia la calle Puerta del Sol buscando la desaparecida Fuente del Piojo. Al inicio de esta se abrió, en el siglo XX, el Cinema Jaén. Delimitando el barrio se abrió la calle de Santa Úrsula dirección el Campillejo del Poyato.

La calle de las Viejas, por último, era una vía fronteriza entre los barrios de San Andrés y San Miguel, anexo al jardín del Palacio de Villadompardo. En ella se levantó en 1931 la primera Casa de Maternidad que hubo en la capital del Santo Reino.