viernes, 15 de junio de 2018

De festivales: Lagarto Rock


Este festival fue un concurso musical de nivel nacional celebrado en el Auditorio de La Alameda durante las fiestas del mes de junio en honor a la Virgen de la Capilla.


Nació en el año 1987 con la idea del Ayuntamiento de Jaén de incentivar a los grupos noveles jiennenses, ofreciendo como premio la grabación de un álbum por parte del grupo ganador. Los únicos requisitos para participar eran que las letras y música de las canciones estuvieran compuestas por el propio grupo y que no tuvieran ningún disco en el mercado.
De este primer concurso, salieron ganadores cuatro grupos, los cuales se reunieron para grabar un disco bajo el nombre "Lagarto Rock. Jaén 87", donde aparecen los grupos Panteón Nadar, Invitados, Vicios Modernos y Mística Sonrisa. De esta grabación salieron a la venta 1.000 copias y la portada corre a cargo del famoso pintor jiennense Francisco Molinero Ayala.


En su segunda edición ganaron los grupos Excedentes Pop y Trama de Contacto. Estos editaron un LP con dos canciones cada uno. Aún en la actualidad se siguen tocando estas canciones como homenaje a aquel certamen. Se editaron 10.000 copias aquel año.


Ya en el año 1993, y con la colaboración de Canal Sur, el concurso pasó a ser autonómico, y poco más tarde se convirtió en el certamen más importante de Andalucía. El Instituto Andaluz de la Juventud fue otra de las instituciones que decidió colaborar en este evento, ampliamente apoyado por los jóvenes. La calidad de los grupos invitados fue otro de los alicientes para que el certamen aumentase su popularidad.


En el año 2002 el certamen sufrió otros tres cambios de consideración: Se extendió al territorio nacional, con lo que se convirtió en una de las mayores lanzaderas para los grupos noveles de toda España; Se amplió el certamen a dos modalidades, "Rock y metal" y "Pop y nuevas tendencias", por lo que el festival pasó a celebrarse en dos días y perdió la palabra rock en el nombre, llamándose desde entonces Lagarto Festival; Y se cambió el premio por otro en metálico de 6.000 € para el ganador y 2.000 € para el segundo clasificado en cada modalidad, ya que se consideró que las grabaciones estaban más al alcance de los grupos.


En el año 2005 se batió el récord de maquetas del concurso, con un total de 523 recibidas. Las provincias con mayor aportación de maquetas fueron, en este orden, Madrid, Barcelona, Sevilla, Málaga, Valencia y la propia Jaén.


Por desgracia, en el año 2009 se celebró la última edición de este festival, ya que las arcas municipales no permiten costear tal evento. En el año 2016 se rumoreó que el festival regresaría con todo su esplendor, pero finalmente la noticia quedó en una promesa sin cumplir. Aún en la actualidad se espera con ansiedad que el festival, que en su dia fue seña de la capital del Santo Reino, regrese con toda su fuerza.

viernes, 8 de junio de 2018

La patrona de Jaén: Virgen de la Capilla


Es la Patrona, junto a Santa Catalina de Alejandría que es la co-patrona, de la Capital del Santo Reino.


Según la leyenda, la Virgen María descendió a la ciudad en la noche del 10 al 11 de junio del año 1430 acompañada de un cortejo celestial que partió desde la Catedral hasta la iglesia del arrabal de San Ildefonso. Desde ese momento se construyó una capilla anexa a la iglesia, justo detrás del presbiterio, donde terminó ese cortejo celestial su procesión por la ciudad, forjándose la devoción de la ciudad a la Virgen de la Capilla.
En el siglo XVI se creó una imagen de estilo gótico, cuyo autor se desconoce. En ella, la santa sostiene a un niño que se apoya sobre el brazo izquierdo. Las coronas de la Virgen y el Niño, de fechas recientes, sustituyen a unas robadas en la Guerra Civil Española. En ella están grabadas los escudos de Jaén, de la Cofradía, y de los obispos Gonzalo de Zúñiga, Manuel Basulto y Rafael García.


Desde el siglo XVI existen noticias de la existencia de una cofradía encargada de atender el culto y devoción hacia la imagen. En 1926 se reorganizan las cofradías existentes en la ciudad, fundándose la Cofradía de Nuestra Señora de la Capilla, Patrona de Jaén, otorgándole S.M. don Alfonso XIII de España el título de «Real». En 1950 el Papa Pío XII proclamó a la Virgen de la Capilla, Patrona Principal de Jaén, concediéndole a la cofradía el título de «Pontificia».


Por su parte, el Ayuntamiento de Jaén, le concedió los honores de Alcaldesa Mayor de la ciudad el 29 de septiembre de 1967, imponiéndole a la imagen el bastón de mando personal del alcalde Ramón Calatayud Sierra y el fajín como atributos de mando.


Durante el mes de mayo de cada año, todos los días la ciudad realiza el acto de ofrecimiento de flores ante la Virgen de la Capilla. Los días previos se celebra la novena en honor de la Virgen, del 1 al 9 de junio. El día 10 de junio se celebra una Eucaristía por el alma de los cofrades difuntos, tras la cual se realiza el popular y tradicional Rosario de San Bernabé.


El 11 de junio se realiza la Magna Procesión de Nuestra Señora de la Capilla por las calles de Jaén. Por la mañana se celebra la Solemne Fiesta Votiva de los Cabildos Catedralicio y Municipal, presidida por el Señor Obispo de la Diócesis. Posteriormente, a mediodía los jiennenses, vestidos de chirris y de pastiras, realizan la ofrenda floral a su Virgen, quedando la fachada del templo impresionantemente adornada con estas flores. Ya por la tarde, es cuando la imagen de María se reencuentra con el pueblo de Jaén en la plaza de San Ildefonso, acompañada de su cortejo procesional, como aquella noche de aquel año 1430.

viernes, 1 de junio de 2018

De leyenda: los angelitos de la Virgen de las Angustias

Una mañana del año 1667 llegó a Jaén un escultor llamado Antón acompañado de su esposa y dos pequeños hijos gemelos. Encontraron vivienda en una modesta casa de la Magdalena, pero los vecinos se extrañaban pues la mujer y los niños jamás salían a la calle. Antón comenzó a trabajar como escultor en las obras de la Catedral. Salía por las mañanas temprano y regresaba a casa a la noche.


Tenía un carácter muy reservado y procuraba no mezclarse demasiado con la gente. Evitaba conversar con nadie y siempre caminaba en solitario por las calles menos transitadas. Nadie conocía nada acerca de su vida o su familia. Pero a pesar de ello, su trabajo con la piedra y la madera era exquisito y muy admirado, así que la demanda del mismo fue aumentando al igual que su fama.


Sin embargo, una noche desapareció con la familia sin dejar rastro. Los vecinos dijeron que habían escuchado fuertes gritos de gente en la casa, así como galopar de caballos y tropel de lucha. Algunos dijeron haber visto a Antón aquella noche corriendo desesperado hacia la puerta de Martos tras el rastro de una gran polvareda.


Un día, unos diez años después de aquellos hechos, volvió a verse a Antón por Jaén. El hombre tenía muy mal aspecto y había envejecido mucho más de lo normal para su edad. Mostraba claros signos de sufrimiento en su rostro. Antón fue al convento de los Carmelitas Descalzos, donde se conservaban varias obras suyas, y pidió asilo a cambio de trabajo. El padre superior accedió, y se convirtió en la única persona con la que Antón cruzaba algunas palabras. Después de mucho tiempo y con gran paciencia, el superior logró que Antón relatara todo lo ocurrido.


El hombre contó que había sido hecho prisionero cuando prestaba servicio en un barco de guerra español y conducido a tierras africanas donde estuvo prisionero cuatro años. Cuando lo dejaron en libertad le dieron la opción de regresar a su tierra, pero él no contaba con medios económicos para hacerlo así que se puso a trabajar en casa de un rico musulmán. Allí conoció a la hermosa hija de éste y se enamoró de ella, siendo su amor a su vez correspondido.


Pero por supuesto el padre no aprobaba dicha unión, por lo que ambos decidieron huir juntos de aquellas tierras. Así fue como llegaron a la Península. Primero se asentaron en Sevilla, donde nacieron sus dos hijos gemelos, y finalmente decidieron trasladarse a Jaén.


Decidieron guardar el secreto a todo el mundo y tratar de pasar totalmente desapercibidos por miedo a que su paradero llegara a oídos del padre de ella. Sin embargo, finalmente ocurrió lo temido y una noche se presentaron en la casa seis hombres armados y a caballo, los cuales, sin mediar palabra, le arrebataron a su esposa y sus dos hijos.


Antón no podía dejar de llorar recordando aquellos amargos momentos y las caras de dolor de su familia. Decía tener grabados en su mente los rostros contorsionados por la pena y las lágrimas de sus dos pequeños hijos. Había buscado a su familia hasta la extenuación, pero todo había sido en vano. El padre superior se quedó muy acongojado al conocer la triste historia y trató de darle todo su apoyo para ayudarlo a soportar el día a día.
Antón comenzó a trabajar en un precioso retablo para la Virgen de las Angustias, pero en sus ratos libres tallaba unos angelitos que lloraban amargamente con gran dolor. En aquellos rostros plasmó las imágenes de sus dos amados hijos en aquel triste momento en que fueron arrancados de su lado. Todos en el convento quedaron sorprendidos ante la belleza y realismo de la obra y los angelitos fueron colocados al pie de la imagen de Nuestra Señora.


Pero dos días después de bendecir los angelitos, Antón volvió a desaparecer. Sólo dejó una nota sobre su cama dirigida al superior, en ella explicaba que no podía soportar el dolor que le causaba contemplar aquellos dos angelitos y por ello abandonaba Jaén para siempre. Nunca más se supo de él.

viernes, 25 de mayo de 2018

En el olvido: Puerta de Baeza

En la actual Plaza de los Huérfanos se encuentra unos restos de lo que en su día perteneció a una de las puertas de acceso a la Capital del Santo Reino, la Puerta de Baeza. Dicha puerta está localizada en el tramo de la muralla existente entre la Puerta de San Agustín, que se encontraba situada en la actual Plaza de los Jardinillos, y la Puerta del Sol, junto al Pilar del Arrabalero, donde una antigua muralla discurría a lo largo de la actual calle Millán de Priego en dirección noroeste.


La puerta se describía como "dos puertas en una dispuestas de modo que ninguna se descubre de frente", o dicho de otro modo, era una puerta que, debido a su anchura, tenía doble entrada: un pequeño postillo por donde pasaban las personas, y otra entrada más grande por donde circulaban las bestias y los vehículos. Estas puertas eran separadas por una columna para realizar un control más exhaustivo de las personas y mercancías que entraban y salían de la ciudad. Se sabe que la puerta contaba con arcos de ladrillo, estaba flanqueada por dos torres almenadas, y era defendida por un cantón y torreón adelantado.


Especial importancia obtuvo la Puerta de Baeza en el siglo XIV, cuando los judíos fueron objeto de persecuciones, lo que hizo que el pueblo judío aproximaran sus casas a esta puerta. Durante mucho tiempo, la Puerta de Baeza daba acceso al barrio de la judería, siendo la entrada principal a esta.


Entre los muros de la puerta se sitúa una de las leyendas más curiosas y esotéricas que se conservan. Se dice que unos ganaderos que estaban de viaje pidieron pasar la noche en una casa entre la plaza de los Huérfanos y la calle del mismo nombre. Aceptando la dueña por la generosa retribución que le ofrecían los pastores, estos se alojaron en el sótano, como ellos querían.


A media noche la hija de los dueños se despertó y oyó unos extraños susurros que procedían de los sótanos de la casa, y sigilosamente descendió hacia ellos y vio, sin que los hombres se percataran de su presencia, como estos se encontraban alrededor de una vela encendida y pronunciaban unas palabras en un idioma que no comprendía. Tras las palabras y el ritual se abrió mágicamente uno raja en los muros; sin pausa, los pastores entraron por la grieta y al poco salieron cargados de monedas, joyas y otros objetos preciosos.


Apagaron la vela y entonces la brecha del muro se cerró. Al día siguiente los ganaderos abandonaron la casa, y la muchacha, que había memorizado las extrañas palabras que oyó pronunciar, pidió a su madre, tras decirle escuetamente lo que había visto, que la acompañara al sótano esa misma noche. Encendió la vela, que estaba ya muy pequeña por el uso de los pastores, y repitió el ritual que había observado, pronunciando las palabras mágicas; entonces, efectivamente, se abrió de nuevo el muro, ante el gran asombro de la madre.


Mientras que la madre se quedó sosteniendo la vela, la hija entró en la cueva y deslumbrada ante el magnífico tesoro que cobijaba se entretuvo, la madre desesperada advirtió que la vela estaba a punto de apagarse, que cogiese cualquier cosa y saliera corriendo, pero la codicia de la joven la entretuvo hasta que por fin la vela se apagó sin que la muchacha reaccionara a tiempo ante los gritos de la madre que veía cómo la entrada a la cueva se cerraba. La madre, desesperada, se lanzó hacia el muro, pero este ya era de nuevo una sólida pared de piedra. Allí dentro se quedó la muchacha.
En pleno siglo XXI, un puente de madera invita a cruzar los restos arqueológicos que se hallan bajo el mismo, al igual que lo hacían nuestros antepasados a lo largo de la historia.

viernes, 18 de mayo de 2018

Personajes ilustres de nuestra tierra: Emilio Cebrián Ruiz



Este ilustre personaje dejó una enorme huella en la Capital del Santo Reino, al ser director de la Banda Municipal de Jaén, y de crear las composiciones musicales "Himno a Jaén" y "Nuestro Padre Jesús". Emilio Cebrián Ruiz nació en Toledo el 30 de julio de 1900, en la Mezquita del Cristo de la Luz, museo del que sus abuelos eran conserjes.


En 1915 ingresó en la Música de la Academia de Infantería de Toledo y, al año siguiente, ocupó plaza de Clarinete segundo en la Orquesta del Teatro Rojas, de la que al poco sería nombrado subdirector. A su frente demostró el gran talento artístico del que estaba dotado. Completó sus estudios musicales en Madrid, con Emilio Vega, director de la Banda de Alabarderos, quien le propuso ingre­sar como subdirector en la Banda de la Guardia Civil, ofrecimiento al que rehusó. Hasta su nombramiento como director de la Banda Municipal de Jaén en 1932, dirigió en Toledo los Coros del Colegio de Huérfanos Militares María Cristina y la Banda de La Lira.
En Talavera de la Reina reorganizó la Banda Municipal, con la que obtuvo en Toledo el Primer Premio de Bandas Civiles. Al frente de la Banda Municipal de Jaén, hizo que esta estuviera entre las mejores bandas de España. En 1933 mostró interés por participar en la oposición convocada para cubrir el puesto de director de la Banda Municipal de Sevilla, a lo que renunció tras conocer la intención de la Asociación Nacional de Directores de impugnar la convocatoria.


Dedicó "Nuestro Padre Jesús" (1935), su obra cumbre en el género de la música procesional, a Nuestro Padre Jesús Nazareno, "El Abuelo", aunque la hermandad malagueña del paso del Nazareno quiso apropiarse de su dedicatoria. La hermosa composición incluye como contrapunto en su trío final un fragmento del "Himno a Jaén", cuya autoría corresponde también al propio Emilio Cebrián.


Las restantes marchas que compuso fueron: "Cristo de la Sangre" (imagen del pueblo toledano de Torrijos), "Macarena" (1943, Esperanza Macarena de Sevilla), "Jesús Preso" (1943, de Jaén) y "María", marcha cuya existencia se conoce por medio de su hermano Francisco. La fuerte atracción que sobre él ejercía Sevilla le impulsó a dedicarle la bella pieza de guitarra "Recuerdo a Sevilla", que estrenó el afamado guitarrista flamenco "Niño Ricardo".  

Su muerte, signada por la tragedia, le sorprendió en Liria (Valencia) el 3 de octubre de 1943, donde su hermano Francisco dirigía la Banda Primitiva, en el que ambos tenían que dirigirla. La lluvia obligó a trasladar el concierto a un local cubierto, con tan infausta fortuna que, poco antes del comienzo, se asomó a un balcón que carecía de balaustrada y cayó al exterior golpeándose en la cabeza con el borde de la acequia que rodeaba al edificio, falleciendo instantáneamente. La conmoción que el suceso causó en el pueblo fue indescriptible. Allí fue enterrado hasta que, años después, sus restos fueron reinhumados en su Toledo natal.

viernes, 11 de mayo de 2018

Nuestro Cristo del Arroz


Desde el viernes anterior al segundo domingo de mayo se festeja una verbena popular en las calles del barrio de la Glorieta, al sur de la ciudad, con barras y carpas improvisadas en bares, cocheras y espacios públicos, así como mercadillos y atracciones de feria, toda ella en honor al Cristo de los Charcales, popularmente conocido como Cristo del Arroz.


Este Cristo se encuentra muy vinculado al paraje de la Fuente de la Peña. Aunque ya en el siglo XV era tradición celebrar allí la Pascua del Espíritu Santo o Pentecostés, no es hasta el siglo XVI cuando la fuente es sacralizada bajo una advocación mariana donde se construye una ermita que estuvo en pie hasta el siglo XVIII. El 11 de agosto de 1588 se documenta la fecha de constitución de la cofradía y capellanía de Nuestra Señora de la Peña, a iniciativa y expensas del jienense Sebastián Carrera.


La actual advocación cristológica es de principios del siglo XIX, cuando se inicia la construcción de una nueva ermita para acoger al Santo Cristo de la Peña. A partir de 1885 se empezó a conocer como Cristo de Charcales, año en el que se funda su cofradía, y en 1905 el Ayuntamiento financia la construcción de la ermita actual. Durante la Guerra Civil la imagen fue destruida, encargándose la imagen de una nueva en 1939, y otra en 1947, la que hoy se procesiona y que fuera bendecida el 20 de mayo de ese año en un acto al que asistió una representación de la cofradía del Cristo de Chircales, de la localidad de Valdepeñas de Jaén.


La romería comienza el domingo del segundo fin de semana de mayo a las ocho y media de la mañana, siendo previamente anunciada con el lanzamiento de cohetes. La procesión romera, acompañada de repique de tambores, sale del barrio para realizar un pasacalles por el centro histórico de la ciudad, en cuyo camino se realiza una ofrenda floral en el Camarín de Jesús.​  Posteriormente, la procesión se dirige a la ermita del Cristo de Charcales, donde se celebra una misa al mediodía. Al llegar la tarde, la hermandad regresa a la ermita, porta al Cristo en unas andas, y se inicia una procesión por las calles del barrio, en compañía de una banda de música y en la que tradicionalmente participa el alcalde de la ciudad. Al caer el sol, la imagen retorna a su templo.

viernes, 4 de mayo de 2018

Judería en Jaén: Historia de la Judería II

En la España musulmana, cristianos y judíos se integran armoniosamente en el nuevo estado musulmán que se fue forjando. Los judíos españoles tuvieron la oportunidad de reencontrarse con aquellos otros judíos que vivían en Oriente o en África. En el año 912 nace el Califato de Córdoba. Abderramán III se proclama Califa y Príncipe de los Creyentes. De este modo comenzará la Edad de Oro del Judaísmo Español.


Para justificar su antigüedad en Sefarad, las comunidades judías de España generaron algunas leyendas medievales que situaban a este pueblo en la Península Ibérica desde tiempos muy remotos, como la leyenda de la Mesa de Salomón.


El Califato Cordobés dejó su huella en Jaén, llamada en época musulmana Medina Yayyan. Varias mezquitas e, indudablemente, una sinagoga, presidirían la vida religiosa de la ciudad. Ishaq ibn Shaprut costeó la construcción de esa sinagoga. Ishaq tuvo un hijo, Hasday ibn Shaprut, que con el tiempo se convirtió en uno de los judíos más importantes de la historia musulmana.


Se tiene constancia que en Jaén se construyeron hasta cuatro baños árabes, cuyos nombres eran Hamman al-Tawr, Hamman ibn Tarafa, Hamman al-Walad y Hamman ibn Ishaq, este último como baño judío.


Tras la caída del Califato de Córdoba, el territorio se dividió en los Reinos Taifas, pasando Jaén a depender del Reino Zirí de Granada. La judería de Jaén será, tras la de Granada, la más grande de ese reino.


En el año 1066, un motín contra los judíos de Granada dará comienzo a una etapa menos afortunada. En Jaén, su Gobernador se apoderó de las riquezas de los judíos jiennenses. Este hecho provocó que años más tarde la población hebrea parezca llegar a su exterminio, ya que se vieron obligados a huir hacia los territorios cristianos de Castilla, donde sus gobernantes les daban ciertos privilegios y podían vivir con relativa paz. A partir de ese momento serían los cristianos los que de nuevo, convivieran con los judíos españoles.


En el año 1246, se volverán a ver judíos en Jaén como arrendadores de rentas. La judería de Jaén se recompone y cuenta con un tamaño considerable. En esa época  la judería estarían enclavadas entre las desaparecidas parroquias de San Andrés y San Pedro.


En el año 1391 la judería de Jaén fue asaltada. La chispa estalló en Córdoba, arrasando con todas las juderías jiennenses. Muchos de los judíos se vieron obligados a convertirse al cristianismo, que comenzaron a llamarse judeo-conversos o criptojudíos. Muchas de ellas fueron ficticias, aparentando ser cristianos exteriormente conservando sus creencias judías en la más estricta intimidad.


La judería de Jaén que conocemos como tal, en el antíguo barrio de la Santa Cruz, es la zona que ocuparon los judíos y posteriormente los judeo-conversos, durante los años de denominación cristiana, desde que Jaén pasara al dominio del rey cristiano Fernando III El Santo. Este barrio tiene una morfología que coincide con la definición de los barrios judíos en las ciudades hispano-musulmanas: "barrios separados, calles apartadas y angostas y escasas salidas que se cerraban por la noche".


En el año 1483 se establece en Jaén el Tribunal de la Santa Inquisición. Muchos judeo-conversos fueron condenados a muerte por esta institución, se les llamaba marranos, o vestían a estos con trajes amarillos con una o dos cruces diagonales pintadas sobre ellos. Los que habían de ser relajados en un Auto de Fe tenían que llevar puesto un sambenito negro con llamas, demonios y demás temas similares. Cuando la condena concluía, estos sambenitos eran colocados en las puertas de las iglesias con el nombre de los condenados.


Finalmente, en el año 1491, los Reyes Católicos dictaron un decreto en el que ordenaron la expulsión de todos aquellos judíos que no quisieran abrazar el cristianismo. Aunque muchos judíos permanecieron en Jaén aparentando ser cristianos, seguirían las persecuciones contra ellos. Prueba de ello fue la creación del Estatuto de Limpieza de Sangre, donde la población debería mostrar pruebas documentales de no tener antecedentes judíos o musulmanes para ingresar en colegios mayores y universidades, o en órdenes religiosas y militares.